{"id":15923,"date":"2020-05-05T15:24:55","date_gmt":"2020-05-05T15:24:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sprotagonistas.com\/?p=15923"},"modified":"2020-05-05T15:24:56","modified_gmt":"2020-05-05T15:24:56","slug":"hombre-que-se-moja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sprotagonistasarchivo.com.ar\/2021\/2020\/05\/05\/hombre-que-se-moja\/","title":{"rendered":"Hombre que se moja"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Ricardo Peyr\u00e1s es m\u00e9dico cardi\u00f3logo, nacido en Bs As y diplomado en la UBA. Es autor de \u201cDonde el sol se rompe\u201d entre varias obras y de ella he elegido para compartir con ustedes, uno de sus cuentos fugaces, \u201cHombre que se moja\u201d, que contiene a mi parecer, la m\u00e1gica caricia del amor. Buen momento \u00e9ste para compartirlo.<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cEs tan corto el amor y tan largo el olvido&#8230;\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Pablo Neruda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.sprotagonistas.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Reportaje-PEYRAS-hombre-que-se-moja-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-15924\" width=\"256\" height=\"330\" srcset=\"https:\/\/sprotagonistasarchivo.com.ar\/2021\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Reportaje-PEYRAS-hombre-que-se-moja-2.jpg 480w, https:\/\/sprotagonistasarchivo.com.ar\/2021\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Reportaje-PEYRAS-hombre-que-se-moja-2-233x300.jpg 233w, https:\/\/sprotagonistasarchivo.com.ar\/2021\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Reportaje-PEYRAS-hombre-que-se-moja-2-326x420.jpg 326w\" sizes=\"auto, (max-width: 256px) 100vw, 256px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubiera preferido que la noche fuera distinta, que cayera m\u00e1s r\u00e1pida y pasara de largo, que no lo tocara. Pero es l\u00e1nguida e inclemente, y est\u00e1 cargada de llovizna incesante y viscosa. El hombre camina hacia el puerto en \u00f3rbita repetida, rumiando pasos por abatidas deshoras, cuando ya no hay nada \u00fatil para hacer, cuando es demasiado tarde para espantarse al sue\u00f1o met\u00f3dico de cada noche. Nadie hay por donde \u00e9l va, o quiz\u00e1s hayan algunos vestidos de ausencia y no los puede ver; o tal vez qui\u00e9n sabe, andan las calles de otra ciudad. Pero las palabras vienen y vienen, sin interrupci\u00f3n ni indulgencia: \u201cMe alegra que est\u00e9s alegre, me gusta que te guste, me gusta gustarte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubiera preferido no auscultarla en la gar\u00faa, pero las \u00ednfimas gotas resbalan por sus mejillas dibujando labios suaves y mezcl\u00e1ndose con la humedad propia de sus ojos; espejos medulares retintos en medio de un rojo envolvente e incendiado por alcohol y porfiadas restregaduras. Deambula susurrando su pena, se abstrae amarrado a su soledad; tan solo va que ni siquiera lo sigue su sombra bajo la luz fatigada de un farol zigzagueante por el viento. La oscuridad de la noche se funde en los bordes de su figura y su derrotero va empantan\u00e1ndose con la suciedad del empedrado y el r\u00edo oleaginoso que cala el infausto puerto. Y a pesar del fr\u00edo y de la lluvia, un ardor terco y urente le viene desde las entra\u00f1as y se le escapa, por fin, a trav\u00e9s de la piel: \u201cJuntos nos prendemos para quemarnos, juntos somos fuego puro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre se moja en procesi\u00f3n enfermiza, escucha las palabras que le llegan desde lejos, lo atizan voces encendidas de pasi\u00f3n, do de pecho y egofon\u00eda entremetidos, clamor desde el recuerdo abrasivo. Mira llover sin ver la lluvia; solo ve el rostro de ella, los seductores ojos avellanados y ahora tambi\u00e9n las gr\u00e1ciles cuencas que se le forman en las mejillas, al sujetarlas cari\u00f1osamente entre sus manos. Anda con la memoria en avalancha e implora por un final, que ojal\u00e1 el olvido la olvide de verdad, dos veces, tres veces, cien; maldice lo que antes bendijo y hasta el d\u00eda en que la conoci\u00f3. Y clama para que ceda un poco, por piedad, el dolor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque aquella mujer es ahora amor y recuerdo que lastima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronto, el hombre levanta su mirada y apunta hacia las gr\u00faas de los docks vac\u00edos, y en un giro, apenas distingue el balanceo suave de los m\u00e1stiles de los veleros que se yerguen en la d\u00e1rsena, por el final de la rambla. Pero no ir\u00e1 hacia all\u00e1, tampoco donde est\u00e1n los barcos. Volver\u00e1 sobre sus pasos. Mejor desandar distancias y que lo ahorque el sur, que lo devore el asfalto del suburbio y el cemento mojado de los edificios; mejor morir, una vez m\u00e1s, fundido en ella, besando los labios enamorados en la horizontalidad del infinito, enredado entre los cabellos y los hombros tendidos sobre el t\u00e1lamo de la gloria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubiera querido, ciertamente, que las emociones no lo aplastaran y que la vastedad umbr\u00eda no se lo llevara por delante; y que por fin, la lluvia lo dejara en paz. Pero la ciudad va bebi\u00e9ndoselo de a poco y el puerto impiadoso lo apu\u00f1ala a cada paso, en cada letra de cada palabra, en cada frase de cada recuerdo que le insiste: \u201cMe gusta que te guste, me gusta gustarte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre mojado se vuelve atravesando la ciudad vac\u00eda, va diluyendo su figura para hundirse en la noche \u00e1spera y eterna, como \u00e1speros y eternos son sus d\u00edas desde aqu\u00e9l d\u00eda, cuando ella parti\u00f3 del puerto a sus espaldas y no volvieron a estar juntos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Peyr\u00e1s es m\u00e9dico cardi\u00f3logo, nacido en Bs As y diplomado en la UBA. Es autor de \u201cDonde el sol se rompe\u201d entre varias obras y de ella he elegido para compartir con ustedes, uno de sus cuentos fugaces, \u201cHombre que se moja\u201d, que contiene a mi parecer, la m\u00e1gica caricia del amor. 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