Nacido en una familia fierrera, transitó la vida con honestidad y éxito. Estuvo en el Turismo Carretera y batió récords en venta de automotores.
Alberto Carlos Merlino, para nosotros “Carlitos”, arribó a este mundo un 20 de septiembre de 1930 siendo sus padres don Alberto Merlino y Ana Josefa Sanito, con un hermano mayor (César), y uno menor Marcelo.
Símbolo del barrio del Molino, don Alberto supo encauzar a sus hijos mayores con ese verdadero templo del automóvil instalado en av. 17 entre 10 y las vías del Ferrocarril Sarmiento, donde esos chicos heredaron honestidad, trabajo y conocimientos de la mecánica de los autos y además una profunda pasión por los coches de carrera, entrelazados entre la Mecánica Nacional y el Turismo Carretera.
El taller que fue sumando prestigio sirvió no solo para reparar los vehículos particulares, sino que además prepararon un Chevrolet con el que don Alberto junto a César (inolvidable amigo), corrieron las 1000 Millas del 16 de enero de 1949, viniendo bien ubicados hasta que sufrieron inconvenientes que los relegaron, concretando igualmente un paso espectacular por la “Curva del Regimiento”, doblando a fondo y en dos ruedas.
Poco tiempo después apareció por el taller el Ford ´38 del platense Arnaldo de Thomas (El Negro), que fue armado artesanalmente con mecánica de avanzada entre papá, César y Carlitos. El auto lo iba a correr Castagnola (casi debutante), pero ante un pequeño inconveniente de salud del que sería futuro comprador de la cupé, fue el propio de Thomas con Carlitos de acompañante, quienes el 13 de septiembre de 1953 se presentaron en las segundas “500 Millas” con el N° 19 haciendo un carrerón para ser segundos a 1m 19s de los ganadores DANTE y TITO EMILIOZZI con el super motor Ford del árbol de levas a la cabeza (Fórmula Libre).
Además de este triunfazo, el Ford siguió en el taller y ENRIQUE L. CASTAGNOLA comenzó a dar sus excelentes primeros pasos con la mecánica de los Merlino, consiguiendo terceros, cuartos y quintos puestos en aquel T.C. bravo.
En tanto el prestigio de Merlino se acrecentaba, Carlitos acompañó al recordado Pablo Facchini de Mar del Plata y se armó el Chevrolet de ADRIÁN BANI, el cual era una “joyita“. Don Alberto ya tenía problemas de salud, pero antes dejaba su mensaje de hombre honorable, con los autos, con el Club Quilmes y con el Mercedes Automóvil Club, que instituyó el premio ALBERTO MERLINO a las “500 Millas” de 1958. Una pérdida irreparable, para un SEÑOR con todas las letras que dejó su sello inalterable con sus permanentes enseñanzas.
Concesionario Chevrolet
En la década del 50 Merlino es Concesionario oficial de Chevrolet con una empresa en continuo ascenso, que se ve alimentada con la llegada de la producción nacional en los años 60, primero con las camionetas y luego con los Chevrolet 400, habiendo vendido vehículos importados.
En esa agencia se formaron muchísimos mecánicos que aprendieron con César y Carlitos como MAESTROS, son tantos que mencionamos al “Vasco” Larrondo, Raúl Tancredi y ese alumno muy destacado que se llama Guillermo Haughton (capo).
Tras vender centenares de Chevrolet, tienen un paso obligado a Ford donde la empresa sigue en ascenso, para entrar antes que nadie en la venta de multimarcas, mostrando que siempre iban un paso adelante.
El fallecimiento del querido César representó un durísimo golpe para toda la familia y tras muchísimos años de trabajo incansable, honesto y meritorio, la agencia tuvo su punto final, habiendo dejado tras de sí un inalterable prestigio y el récord absoluto logrado por Carlitos de haber sido el agenciero que más vehículos automotrices vendió.
Cumplió juveniles 90 en compañía de una acompañante de lujo, su querida esposa Tita Caracoche, unidos inquebrantablemente, con su hija Gladys y dos nietos, con muchísimos amigos que han sabido cosechar en una vida en la que se hicieron honor al apellido Merlino.
Para Carlitos un abrazo fraterno y que sean muchos más!!!!
Derrapando: Alberto F. Hassan







