El titular de la Arquidiócesis, en un mensaje claro y profundo llama a la comunidad a redescubrir su identidad. Pasajes tales como “Tengamos palabras que alienten, que motiven a la búsqueda de la justicia, la paz y la reconciliación. Evitemos las palabras que sólo buscan destruir, desintegrar, agrietar”, forman parte de su pedido.

En un mensaje realizado el pasado 14 de septiembre, el arzobispo de Mercedes – Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, dio a conocer un mensaje pastoral dirigido a la comunidad local. Cerca de lo que conocemos como Fiestas Patronales, de nuestra Señora de las Mercedes, el prelado llamó a redescubrir nuestra identidad. “Es muy significativo que el mismo nombre nos una a la Madre de Dios y a la ciudad en la que vivimos y crecemos. Es para mí, como una invitación a redescubrir algún aspecto de nuestra identidad, es decir, de lo que somos y estamos llamados a ser”, expresa. El titular de la Arquidiócesis asegura que la vida es un camino que debemos transitar juntos, en familia, “en relación con otros, con amigos, con vecinos, con conocidos y desconocidos, con semejantes y distintos”. Para monseñor Eduardo, el nombre de la Virgen y de la ciudad, “nos ayuda a pensarnos en este tiempo de pandemia, en ciudadanos y vecinos comprometidos con Jesús, su Evangelio y nuestro pueblo. Es tiempo de juntos, “hacer Mercedes”, es decir, de vivir una Misericordia y Compasión activa, concreta y grande. Ahí está el motor y la fuerza de una solidaridad que siempre rescata al otro, que ayuda de manera generosa, que genera encuentro, perdón, reconciliación, en fin, es un tiempo para ponerse en la piel del otro, comprenderlo y estar a su lado. Así lo hacen Jesús y Nuestra Señora de las Mercedes, están al lado de cada persona que se siente apresada por esta realidad compleja y difícil”. Tomando palabras del Sumo Pontífice respecto que nadie puede salvarse solo afirma, “todos nos necesitamos”. Continuó con un pedido, “juntos, hagamos Mercedes, es decir, que sus palabras estén llenas de esperanza, que anime a muchos a seguir luchando, especialmente a los más frágiles. Las palabras negativas y quejosas, solo logran agregar más desazón y angustia al tiempo presente. Tengamos palabras que alienten, que motiven a la búsqueda de la justicia, la paz y la reconciliación. Evitemos las palabras que solo buscan destruir, desintegrar, agrietar”. En un mensaje que busca hacer realidad la arista solidaria de la comunidad, acota que debemos animarnos a compartir también nuestros bienes materiales con los más pobres, “sea mucho o poco, pero compartir, que es una manera alta y transparente de nuestra identidad cristiana. En el compartir, tanto el que da como el que recibe, se transforman en un mensaje viviente de una ciudad que busca ser acogedora, hospitalaria, solidaria”. Finalmente destaca que “estos son tiempos propicios para escuchar todo tipo de voces, las que animan y las que desaniman, las que generan encuentro y diálogo y las que proponen separarnos e imponernos sobre los otros, las que nos invitan a encerrarnos en una forma de vida individualista y las que nos estimulan a ser comunidad… No se dejen tentar por el espíritu de la desesperanza, la discordia, la mentira y la desunión… Ayúdense en las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Vivan serenamente alegres y lleven alegría a los más tristes”.

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