Opinión: Vergüenzas y Sinvergüenzas

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Por Jorge Pirotta

¿Qué integridad tienen aquellos profesionales que actúan en política y dicen defender la libertad, la propiedad privada y la República, pero no emiten facturas a sus clientes o pacientes? ¿Acaso defienden la libertad de evadir impuestos? ¿Está bien defender la propiedad privada de aquel que la posee sin importar cómo hizo para poseerla?

¿Cuál es la República que dicen defender quienes traban el funcionamiento de las instituciones cuando no pueden imponer sus ideas?

¿Es justo que un funcionario público, por ejemplo un concejal o una concejala, pretenda impunidad cuando comete ilícitos por el solo hecho de ser, justamente, funcionario público?

Cuando se asumen posiciones políticas de cualquier tipo, ¿no se debería dejar en claro qué tipo de intereses se están representando?

En la guerra, la mentira y el engaño suelen ser armas tan valiosas como las que generan heridos o muertos, la historia del mundo así lo demuestra. Pero, ¿le parece a usted aceptable que se use la mentira y el engaño en la política doméstica, en la paz y en la convivencia entre connacionales?

¿Por qué me hago y le hago a usted que está leyendo estas preguntas? Porque me resisto a aceptar el “vale todo”, porque considero que el fin no puede justificar cualquier medio para llegar, porque siento que la abrumadora mayoría de nuestra sociedad, tal vez de manera silenciosa, conserva en su seno valores trascendentes que nos dieron identidad: el trabajo, la solidaridad, la palabra, el compromiso con la comunidad en la que se vive, entre otros.

Porque creo en eso, estoy convencido que, ante las distintas cuestiones de la vida política, no es arar en el mar preguntarnos qué intereses representa cada posición.

Desde hace ya un tiempo, un tema que ha llamado y sigue llamando la atención a nivel nacional es el recorte de la coparticipación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires decretado por el presidente de la Nación.

Históricamente, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) ha gozado de innumerables beneficios, no solo por ser la capital de la Nación sino por albergar la cabecera de la mayor parte de las empresas que funcionan en el país y pagan sus impuestos.

El Presupuesto de la CABA para 2020 asciende a 480.833 millones de pesos.

Es el distrito que menos depende de la coparticipación federal de ingresos. En 2019, ese rubro significó poco más del 25% del total del su presupuesto, mientras en la mayoría de los distritos del país la coparticipación significa no menos del 50% y en algunos casos supera el 80% del presupuesto provincial.

Hasta 2016, la CABA recibía el 1,4% del total coparticipable. El presidente Macri subió por decreto ese porcentaje al 3,75%. Ahora el presidente Fernández lo bajó al 2,32% y su intención, decisión del Congreso mediante, es llevarlo nuevamente al histórico 1,4%.

Le propongo analizar un poco algunos números: la CABA tiene 2.900.000 habitantes aproximadamente, lo que implica que el actual presupuesto asume un gasto de 165.000 pesos per cápita.

El presupuesto de Mercedes para 2020 es de 1.400 millones de pesos, lo que da un gasto per cápita de poco más de 20 mil pesos. Hay diferencias ostensibles, ¿no?

El recorte de aportes que hizo el Ejecutivo nacional a la CABA va a significar que, en lugar de 165 mil pesos, el gobierno de Rodríguez Larreta dispondrá de 150 mil pesos per cápita, lo que significa que aún con el recorte los porteños tendrán 7 veces más dinero per cápita para gastar que lo que nosotros disponemos en Mercedes.

Entonces, cuando veo y escucho a dirigentes políticos mercedinos que critican la medida del Gobierno nacional me pregunto y le pregunto a usted: ¿Qué intereses están defendiendo? ¿A quiénes representan o intentan representar? ¿Acaso pretenden que los mercedinos protestemos en defensa de los pobres porteños? ¿No les da vergüenza? Quienes me conocen saben que nací en Buenos Aires y también saben que me considero un porteño renegado. ¿Por qué? Porque amo a Buenos Aires pero me rebela la ignorancia y el desprecio que siempre han tenido sus dirigentes para con el interior del país. Y me enorgullece que un presidente de la Nación, también porteño y amante de la ciudad, diga que le da vergüenza la desigualdad insultante que refleja la ciudad capital con respecto al resto del país.

Soy mercedino por elección, y me da vergüenza que haya algunos mercedinos que se quieran erigir en fiscales de la Patria y no sean capaces de contestar ninguna de las preguntas con las que inicié esta reflexión. Creo en la sabiduría y sensatez del pueblo mercedino, y sé que más temprano que tarde la verdad siempre termina prevaleciendo. Porque, a pesar de sus esfuerzos, los inmorales no nos han igualado, y no da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.

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