En Mercedes siempre pasan cosas. Muchas son reconocidas, y otras no, que se viven, se disfrutan, pero no salen a la luz para la gran mayoría. En Mercedes por ejemplo, se produce un exquisito vino. Y no mucha gente lo sabe. Quizás muchos imaginen un vino casero, del tipo patero. Pero no, nada más alejado a eso. Es un vino que de estar en góndola, podría costar unos 500 o 600 pesos la botella. Por su calidad, lógicamente.

Por Marcelo Melo (datoposta.com)

Primeros filtrados

Sentarse a charlar sobre el vino y su producción con Oscar Alfredo «Pitu» Echaire es sentir la pasión por algo que ama.

«Hace ya unos años, me invitaron a un cumpleaños en donde me invitaron a tomar un vino artesanal que me gustó. Y pensé, si él puede hacer este vino, ¿por qué no voy a poder hacerlo yo? Recuerdo ponerme a juntar envases durante el año 2010. La idea fue hacer el vino para la cosecha de 2011. Le dije a un amigo, Matías «Foco» Roda, si se animaba y se prendía. Molimos 200 kilos de uva, con una moledora manual que se la pedimos prestada a Ruben Ferro. La molimos en marzo, y en octubre, previa filtraciones lo embotellamos y nos quedamos muy rápidamente sin vino. En febrero o marzo ya no teníamos más. La alegría fue enorme, como si hubiéramos tenido un hijo, imaginate lo que fue al descorchar la primer botella. Invitamos a un par de amigos, ingenieros ellos, a Lucas Fal y a su padre Eduardo, que fueron parte del grupo ya en el segundo año. Pasamos en tan sólo un año de hacer 200 a 1100 kilos. ¡No nos había alcanzado! A esto lo hacemos por hobby, para consumo durante el año y para tener otras excusas para juntarnos a comer un costillar o alguna otra cosa».

¿A las uvas en dónde las compran?

En aquel momento la comprábamos en Mendoza, pero era bastante complicado. Compramos en Mendoza hasta el año 2016. A partir del año 2017, empezamos a comprar en el Valle de Río Negro. Vienen muy saludables y seguimos comprando ahí.

¿Con el paso de los años y de las moliendas ha ido mejorando el producto?

Si, la calidad fue mejorando. Al principio fue todo demasiado precario. Si bien sigue siendo un vino artesanal, ya tenemos algunas máquinas propias… en realidad tengo casi todo, tengo tanques, moledora, despalizadora, prensas. Antes no teníamos nada. Todo era prestado, pero las ganas eran las que sobraban. En la actualidad hacemos 1200 o 1300 kilos de uva porque no tenemos más capacidad de almacenamiento. Pero la idea es seguir creciendo.

¿Y el mejoramiento de la calidad por donde pasa?

En nuestro caso, fue mejorar la materia prima. Cambiamos y fue bueno. Siempre fue muy parejo y de muy buena calidad la uva. Eso es fundamental. Con una buena materia prima podes hacer un buen vino o no tanto. Con una mala materia prima, es imposible hacer un buen vino. Al principio usábamos una moledora que no despalizaba, no sacaba el escobajo, y dejaba al vino más fuerte, más tánico, más astringente. Incorporamos una despalizadora, que al principio me la prestaban, y luego me fui a un tornero y la copió, por lo que ahora tengo una propia. De a poquito nos fuimos armando. Empezamos a hacer mediciones, fuimos comprando distintos instrumentos para descubar en el momento óptimo, para medir el grado de azúcar, que todo eso hace mejorar la calidad.

Selección de la uva durante la vendimia

¿Cuántas personas son parte de este proyecto, y si es un proyecto?

El proyecto es paralelo al hobby. El proyecto es personal. Pero al hobby lo vamos a seguir manteniendo como venimos haciéndolo desde 2011. Empezamos siendo 2 y somos 6 o 7. El «Foco» Roda, Eduardo Fal, Lucas, que va a seguir estando toda la vida, siempre, Ignacio Piazza, mi hijo Lucas, Julito Domínguez, Pascual Mariella, que es el dueño de la quinta que nos da el galpón para ir a hacerlo, pero que de a poco está dejando. También está Gustavo Klinger, que es un sommelier de Buenos Aires, al que conocimos con Lucas en una degustación y en 2014 o 2015 empezó a hacer vino con nosotros.

¿Y el proyecto personal cuál es?

Vinificar en vez de 1000, hacer 5000 kilos. Mil para nosotros, y lo demás lo vendería. Siempre nos quisieron comprar, pero si vendíamos, nos quedábamos sin vino para nosotros. En 2019 hice unos cuantos kilos y ya lo vendí casi todo y sin promocionarlo. Tiene mucha aceptación, viene gustando.

¿Cómo lo calificarías al vino?

Je… es como hablar de un hijo. A mí me gusta. Es un vino joven, pero muy rico. Dan ganas de tomarte otro.

¿Siempre malbec?

Hemos hecho de todo, el último fue malbec. Hicimos syrah, merlot, cabernet sauvignon. Vamos a seguir con el malbec porque salió bastante bueno. También tenemos ganas de hacer algún corte. Pero tenemos que ver la uva de cada año. No lo queremos hacer azarozo. Al principio era todo más al azar, ahora queremos ver si hacemos el corte, ver si las dos uvas que van a ser parte están en óptimas condiciones, y si no lo están, no haremos el corte.

¿Sos vos el que se dedica a averiguar todas estas cuestiones?

Sí, me fui al sur, recorrí muchas fincas de productores, concreté con uno que es al que te estamos comprando ahora. Tiene una bodega en el sur, y es uno de los pocos que sigue vendiéndole a pequeños productores como nosotros. Productores no, entusiastas. La mayoría le vende todo a las grandes bodegas.

¿Existe dentro del proyecto hacer un viñedo en Mercedes?

Es mi idea. Es una idea un poco alocada. Empezamos a hacer el vino por la mitad, nos traen la uva. Y siempre tuve la inquietud de ver cómo se hace desde el principio. Estoy asesorándome con un par de ingenieros, entre ellos Lapolla, con el INTA, y con unos viveros especializados que me van a indicar cuáles son las cepas que mejor andan en este clima y terreno para optimizar y no intentar poner cualquier cosa que después no sirva.

Podrá ser una gran atracción turística además…

Es probable, en la zona hay muy poco. Creo que hay una en Cañuelas, y nada más.

No lo calificaste finalmente…

Es muy difícil para mí. Me gusta que lo califique quien lo toma. Con que me digan que le gusta, ya para mí es suficiente. Es un buen vino.

Cuando te preguntamos fuera de la entrevista si era un vino de alta gama, dijiste que no, ¿por qué?

Es mi anhelo. Pero uno sabe que las mejores condiciones no están en esta latitudes, o bien, si en estas latitudes, pero no en las longitudes. Ojalá en algún momento lleguemos a tener una materia prima como para llegar a ser un vino de alta gama, ojalá.

¿Apuntarías a una uva tannat en Mercedes?

El tannat es una de las que me han recomendado, también me han dicho del marselan y el malbec que es bastante versátil. Probablemente sean de las tres. Es todo a futuro. Aún no las planté y tardan 4 años. De acá a 5 años podría tener la primera cosecha. No obstante eso, seguiré comprando uva en el sur y seguiré haciendo vino.

¿Tiene un nombre ya el vino?

Sí, pero todavía no lo patenté. Estoy en ese proceso. Ahora con la cuarentena estamos todos un poco parados, pero si, tiene un nombre.

¿También los frenó la cuarentena?

Si, Matías Roda es diseñador, y diseñó el logo y ya está diseñando las etiquetas. Con todo eso lo vamos a inscribir en el INV, pero viste como son las cuestiones burocráticas, para que me inscriban, debo tener una habilitación, yo todavía no tengo el galpón propio, es bastante complicado poder hacerlo. Espero poder habilitarlo en Mercedes. Esto es como todo, empezamos con algo chiquito y si da para algo más grande, mejor. Imaginate que me gusta esto de producir algo que no sea tan normal para la zona, y dar fuentes de trabajo, sería mejor aún.

¿Fueron largas las recorridas por las provincias vitivinícolas?

Si, el primer viaje que hice a Mendoza fue con Lucas Fal y de ahí no paré más. Siempre que voy lleno de preguntas a los bodegueros. Ahora estoy yendo a bodegas más chicas, hicimos dos cursos con él y voy a seguir estudiando para intentar mejorar todo lo que se pueda el producto. Estoy diseñando una bodega propia, que me gustaría poder hacerla atrás del salón de fiestas «Las chancles». Mi idea es irme a vivir ahí y levantar el galpón.

¿Qué se siente tomar el vino que hace uno mismo?

A mí me encanta, a pesar de estar ya acostumbrado después de 10 años. Pero nunca me voy a olvidar el primer vino que tomamos. Lo filtrábamos con coladores con algodón y clarificábamos con clara de huevo. Recuerdo cuando descorchamos, y tenía olor y gusto a vino, empezamos a abrazarnos, a saltar, a besarnos, por eso nos duró dos o tres meses el vino. Era tanta la emoción, que a todos lados a donde íbamos, llevábamos dos o tres botellas para mostrar lo que habíamos hecho. Cuando Lucas prueba el vino, no lo podía creer. Él nos había visto moliendo y cuando se muele, lo que menos parece, es vino. Son uvas todas rotas.

¿Seguís juntando botellas?

He juntado… Ya no, ya tengo mucho stock. La idea es comprarlas, pero tengo que tener un lugar para almacenarlas. Ahora las lavo y reutilizo las del año anterior.

¿Y el corcho?

Compramos todo nuevo. Compramos de alcornoque. Una sola vez compramos el sintético y se le hacía como una rayita cuando lo tapábamos y se le filtraba una pequeña gota, que no es bueno, y no compramos nunca más de esos.

¿El sueño entonces, es ser bodeguero mercedino?

Me encantaría, y vivir de eso. Mi pasión era el fútbol y no pude hacerlo profesionalmente. Y quiero vivir de lo que me gusta.

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