Imaginar lo imprevisible es fácil, lo difícil es producirlo cuando se hace necesario, provocarlo cuando es imprescindible, organizarlo cuando de ello depende nuestra sobrevida.

¡Quién no lo ha pensado! en esta dramática etapa que nos toca cursar.

 ¡Quién no se ha dicho que no es tarea nuestra que para eso están los que quisieron representarnos.

Pero quién no se ha dado cuenta que ellos, los que debieran, no pueden no quieren o no saben hacerlo.

Y acá estamos los ciudadanos huérfanos sin que nadie tenga cómo medir cuántos seríamos los dispuestos a dar de nosotros lo que fuera necesario para salvarnos. Seríamos muchos, los suficientes para dar y exigir en contrapropuesta que por el mismo medio por el que se nos informa diariamente la cantidad de muertos, enfermos, camas, médicos capacitados, curvas que suben bajan o se aplanan nos muestren lo que hicieron ese día con lo que les dimos.

¡Cómo lograr mostrar! que seríamos capaces, que nuestro instinto de conservación prevalece en nosotros al egoísmo, la individualidad, a la crueldad que endurece el corazón y a las garras del poder que atenazan la inteligencia.

¡Cómo hacer saber! que mañana no seremos nosotros los que pisen este suelo que nos fue legado porque hubo vidas entregadas, inteligencias aplicadas, renunciamientos, mediaciones, trabajo en común. Y ellos no fueron superhéroes sólo hombres y mujeres vulnerables, incompletos como nosotros.

María del Carmen Gioscio

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