“Lo mejor de la milonga es cuando bailas con alguien y hay conexión, es casi como enamorarse”.
Por Fernando Pachiani
“Aún en las mejores condiciones emigrar siempre es difícil y yo creo que la gente se va de su pueblo, de su país y de su gente solamente porque está ahí la esperanza de algo todavía mejor, un proyecto de vida, sino no tiene mucho sentido”.
María Ema es una joven mercedina que reside en Holanda con su esposo hace ya más de un año llevada por el tango y la milonga. “Con mi familia antes vivíamos en la esquina de calles 29 y 56 hasta que nació mi hermano más chico- cuenta. Así que yo crecí ahí hasta los 4 años y después nos mudamos a una casa que está en calle 30 bis al fondo cerca de la avenida 40 con la rotonda de la 1 donde todavía vive mi familia. En ese momento eran pocas las casas en esos lugares de Mercedes, era originalmente campo cuando construyeron y nosotros nos mudamos bastante lejos, pero creo que ya en segundo grado la Escuela Santa María se mudó ahí a la 40 entre 1 y 3, así que a mí me quedaba súper cerca. Me recibí en el colegio Santa María promoción 2002”
Dos pasiones: el tango y el gringo
Bailar tango se convirtió para María Ema en una pasión que la llevó a descubrir otra pasión más íntima. La historia es interesante por donde se la mire y aunque muchos ya lo conocen, el público se renueva como dice ella y nos empieza a contar: “Yo no fui ni soy una gran bailarina de tango. De hecho yo no conocía a nadie que bailara en mi casa, no recuerdo que se escuchara tango, para mí el tango era cosa de viejos, supongo que habré visto bailar o habrá pasado algo así que dije ay qué lindo sería aprender a bailar; un año tomé clases de folklore y de tango pero hace como más de 10 años y siempre quedó como las ganitas de volver a intentarlo pero no sé por algún motivo no lo hice hasta que en el 2017 practicaba yoga en el parque Centenario y un compañero, un amigo que me hice en ese grupo de yoga, me contó que bailaba, me invitó a ir a las clases a las que él iba y ahí fue como que me entusiasmé y a su vez él me introdujo a su grupo de amigos que eran extranjeros.
Con una amiga empecé a bailar en Buenos Aires, me gustaba mucho una milonga de mi barrio de Villa Crespo en el Centro Cultural Oliverio Girondo y eso era como mi tarea semanal de los miércoles. Un día en la clase de todos los miércoles claramente digamos era muy obvio que había una persona nueva, un gringo, porque era muy gringo, muy alto, que sobresalía por todos lados, muy blanquito, así como rosadito con ojos azules y es muy normal en la movida tanguera que se hace con extranjeros; están por todos lados e inclusive bailan mejor que los argentinos y este caso no fue la excepción. En la clase normalmente se va cambiando de pareja y en un momento dado me toca bailar con este muchacho; bailamos muy lindo; él baila mucho mejor que yo” confiesa.
William, el gringo (holandés) según lo llamó María Ema ya había estado en Argentina. Se fue de Argentina a fines del 2018 y volvió a Buenos Aires, Argentina, a estudiar español y tomar clases de tango y milonga en Buenos Aires y en ese contexto se conocieron.
“Sinceramente yo pensaba que no quería saber nada con extranjeros, era de las que decía que se vuelvan a sus países y yo me quedo acá-admite. Entonces nos empezamos a cruzar en varias milongas. Pasaron los meses, nada, buena onda con un montón de gente hasta que un día, a principios de enero 2019, decidimos ir a tomar unos mates a Parque Centenario porque éramos vecinos y ahí sí, ahí sí ocurrió un flechazo”.
El dilema
Cuando todo parece encaminarse, siempre surge un problema. Y el problema era que William debía volver a Holanda.
“Tres meses así sabáticos para tanguear y bailar y aprender español; pero que hacemos con todo esto que nos está pasando. Nos vemos en cuatro meses me dijo y cuando pasó una semana de que se fue yo digo: esperar cuatro meses, ¡qué bajón! todo lo que necesito son vacaciones y yo tenía planeado en ese momento mis vacaciones para irme a Bariloche; me acuerdo que tenía un pasaje de avión a Bariloche; iba a pasar mi cumpleaños en la montaña sola. Y en ese momento William vivía con su hijo de 20 años. Fue papá muy joven; vivía con su hijo; si voy a caer una semana este loco está trabajando me dije y éste vive con su hijo; eso no da; pero para entonces yo ya había mencionado la posibilidad y agarró viaje, me dijo: sí obvio, venís, después vemos cómo hacemos” nos cuenta Ema.
El cumpleaños menos esperado, una carta y la boda
“En febrero me tomé mis vacaciones, me vine a Holanda dos semanas que fue re lindo, pleno invierno. Terminamos yendo a París para mi cumpleaños; fue re lindo, súper romántico. Me vuelvo a Argentina. En mi valija encuentro un sobre con una carta de William en holandés y claramente no hablo holandés. Busco esta carta y cuando la traduzco veo que entre otras cosas tenía una propuesta de matrimonio.
La cuestión es que lo pensamos de arriba abajo, de atrás para adelante, porque era una semana difícil por falta de tiempo y los dos estamos muy convencidos de que queríamos pasar más tiempo juntos y así que en el transcurso de un mes y medio o dos meses que nos tomamos un mes más o menos para barajar todas las opciones y lo que queríamos hacer y finalmente en marzo decidimos casarnos.
En un mes hicimos todos los trámites y cuando vino para pascua del año pasado, se vino con sus padres y su hijo y yo traje a Buenos Aires a un grupo muy selecto de mis amigos y familiares porque si no era una situación un poco desbalanceada e hicimos una ceremonia por civil, una cosa muy sencillita, pero fue muy linda y ahí empecé mis trámites para venirme a Holanda”.
La vida en Holanda
“El 19 de abril del 2019 me pude venir y tuve que rendir un examen de holandés, tramitar mi Visa, esperar los resultados y la vez que tuve los resultados renunciar a mi trabajo y acomodar mi vida. Es una condición “sine qua non” para los residentes extranjeros que en mi caso fue primero un examen básico de holandés para poder aplicar a la visa de residente y después llegué a fines de septiembre del año pasado y desde entonces empezó a correr un plazo de 3 años en el cual yo tengo que demostrar que me integré a la sociedad holandesa; ese proceso de integración, entre otras cosas, requiere de cuatro exámenes de holandés y un examen de cultura holandesa y un examen sobre el mercado laboral y eso solamente para poder solicitar una visa de residencia permanente.
Obvio que seguimos bailando tango. Estamos en Ámsterdam y acá hay una milonga por noche, no tenés la opción, hoy es martes y si vos querés bailar los martes vas a una milonga.
Yo siempre decía que lo mejor de la milonga es cuando bailas con alguien y hay conexión, es casi como enamorarse, hermoso y obviamente no te pasa con todo el mundo pero yo siempre decía lo más lindo del tango es que me puedo enamorar todas las noches pero nunca pensé que me iba a enamorar de él, por algo soy Argentina”.







