“Uno siempre vuelve a los recuerdos de la niñez y adolescencia”
Por Fernando Pachiani
Hace 45 años que se fue de Mercedes. Vivió, desde 1975, en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz y desde 1989 se radicó en Mar del Plata con su marido, Ignacio Víctor Garcerón y sus cuatro hijos varones, Nicolás e Ignacio, que hoy viven en Los Ángeles, Alejo, radicado en Buenos Aires y Santiago. Estudió en el Colegio Misericordia, promoción’ 70. Es profesora de Letras y escritora.
Los años en Mercedes
“Soy profesora de Letras – nos comienza a contar Liliana, estudié en el Instituto del Profesorado “Ciudad de Mercedes”. Y ejercí la docencia, tanto en Río Gallegos, como en Mar del Plata. A Mar del Plata, que es la ciudad en la que estamos desde 1989, la quiero, me gusta mucho, la llevo muy en el alma, pero viste que uno siempre vuelve en los recuerdos a la niñez y la adolescencia, y Mercedes me trae muy lindos recuerdos.
Mi casa estaba en la calle 26 entre 37 y 39, teníamos la costumbre de ir a jugar en el barrio, y en la calle, cosa que ahora se ha perdido mucho, sobre todo en las grandes ciudades. Acá no ves a los chicos solos. En ese momento nos criamos así. Teníamos muchos vecinos y todos eran como de la familia.
Recuerdo también que hacíamos muchos juegos, por ejemplo éramos de hacer obras de teatro, nos disfrazábamos y las representábamos de casa en casa, era muy divertido.
Del barrio tengo muchísimos recuerdos: al lado de casa vivió María del Carmen Monteros, casada con Lalo Révora, enfrente vivían las chicas de Rodríguez y las de Pisoni.
En la esquina estaba la fábrica de camisas “Condal” y en la esquina de la 26 y 39 estaba San Martin, la fábrica de las embotelladoras. Era una fiesta verlos cuando pasaban las máquinas. Donde están las fiscalías, 26 y 37, había un baldío. Luego estuvo el “Peti Park”, claro, ahí jugaban mis hermanos. Juan Carlos, el segundo, mi hermano, más grande que yo, jugaba ahí al fútbol.
Son memorias que te quedan grabadas a fuego, no te olvidas más. El parque y la pileta de la Liga, donde me llevaba mi mamá todo el verano. Esas cosas que te quedan. Y esas siestas interminables de calor, que lo único que hacíamos era leer porque no se podía salir a la calle. Ni existían los aires acondicionados, era conformarse con un ventilador y en un solo lugar de la casa. La siesta era obligada, era terrible- recuerda.
Muchas de esas historias se reflejan en mis cuentos, en varios de ellos, hay lugares, situaciones, casas que recuerdan aquella época – señala.
Una vez que termino el colegio secundario, empiezo en seguida el profesorado y ahí tuve de compañeras y tengo los mejores recuerdos de Graciela Gorosterrazú, de Adriana Belgrano y de las chicas de Suipacha, porque al instituto, en esa época, venía gente de todos lados, hasta de Junín y de todas las ciudades de alrededor. Y también recuerdo con mucho cariño a todos los profesores que nos formaron, es especial a la Dra. Lucía Garrido y al Prof. Guazzaroni, un genio ese hombre”- recuerda.
Pasión por la literatura
“Siempre me gustó leer y lo canalicé por ese lado – dice. Me gustó la carrera de Letras, la ejercí con pasión, porque amé a mis alumnos y el sentido de la enseñanza, la vocación. En Mercedes, di las primeras prácticas, en el Colegio Nacional y después me fui a Río Gallegos y tengo los mejores recuerdos de la Patagonia.
Cuando escribo tengo tres personas que ven mis cuentos, aparte de mi marido, que lo martirizo (risas), una es Aixa y otra es Susana Beltrami, amiga de toda la vida y del colegio, y otra amiga que tengo en Buenos Aires, Patricia Coco.
Aixa es una crítica de primera. Algunos los he tenido que corregir. Voy a un taller literario hace más de 4 años, se llama “El péndulo” y bueno la verdad que los profesores son geniales, Diego Rubiolo, Silvia Catino y Sebastián Lopizzo, ellos te dan tantas armas y herramientas para escribir, yo por mi formación, la base la tenía, pero nunca había escrito o narrado textos de ficción. Y bueno la verdad que hemos leído tanto que un poco también la lectura te leva de la mano en el proceso de escritura. Pero si vos no tenés una base de lectura, es difícil después volcarlo”.

El cuaderno de notas
En la primavera 2020, durante la pandemia, vio la luz su libro de cuentos titulado “El cuaderno de notas y otros cuentos”.
“El libro es de cuentos cortos. Es ficción- cuenta Liliana. Los personajes, espacio y tiempo confirman una unidad de significación que pone en primerísimo plano al individuo, sus incertidumbres, deseos y miserias. Como expresó Silvia Catino en el prólogo del libro, muchos de los cuentos presentan personajes que tratan de torcer el devenir de los acontecimientos pero inútilmente.
Si quiero destacar que hay un cuento que es “La Normanda” que tiene la foto de la casa de la esquina de 21 y 26, esa casa tan bonita que ahora remodelaron, y que pertenecía a mi suegro el Dr. Ignacio Garcerón, y guardo muy lindos recuerdos de esa casa y de toda su familia. “La normanda” es esa casa, yo me inspiré ahí. Le doy protagonismo a la casa.
El libro está escrito con mucho amor y está ilustrado, tiene muy lindas ilustraciones y fotos de la Patagonia. Hay un dibujo de mi hijo Ignacio, que es artista en 3D, que ilustra un cuento titulado “El paliativo”. También incorporé dibujos de mis nietos, Oliver, Fausto, Indiana, Amelie y Carola, que ilustran otros de mis cuentos que se llama “Nace un escritor”.
Así se van dando situaciones y relatos que me llevaron a ilustrarlo y después vino el trabajo de la diseñadora gráfica. Nunca había escrito un libro así que todo eso es muy nuevo para mí. No hay una temática, sí hay personajes. Las mujeres son fuertes, generosas en sus ideales, hay temáticas que nos golpearon en una época, hay cuentos que se refieren a los años de la dictadura, como por ejemplo “El patio del parral”.
Elegí ponerle “Cuaderno de Notas”, porque es el momento de la inspiración, trata de eso el cuento, de ese momento tan importante.
En el libro hay cuentos que ya estaban escritos hay varios escritos durante el año de pandemia. Obviamente que Mercedes está presente en la ficción a través de algunas historias y personajes, también está presente en el arte de tapa porque en el centro de la misma hay una pintura que fue hecha por un artista mercedino, Augusto Puga, que se ofreció él mismo a hacerla e hizo una pintura refiriéndose a uno de los cuentos que yo le mandé y él se inspiró. Él me tomó la idea y en un fin de semana, este chico de 35 años hizo una pintura preciosa, que cuando fui a Mercedes me la regaló, me la traje y está en la tapa” – concluye.







