Compartió actividad con diferentes presidentes a quienes define como hombres inteligentes y capaces. El 11 de marzo fue su último día en la sede de 24 y 29. Su despedida se produjo en medio de reconocimientos y emociones.

(De la Redacción)

No todos tienen la suerte o el ángel de pasar una vida laboral activa durante un lapso prolongado y al llegar la hora de jubilarse, aparecen sensaciones de emoción y reconocimiento. Eso sucede cuando alguien ha dejado una impronta positiva, un trabajo responsable y una calidad humana que se reconoce y respeta.  Sirvan estas líneas para repasar una pequeña parte de la extensa historia que atesora Vilma Susana Bafundo, la Secretaria Administrativa del Colegio de Abogados Departamental, quien el pasado 11 de marzo se “recibió de jubilada” como ella dice. Esa mañana, cuando ingresó como cada día al edificio de 24 y 29, lo hizo con una vincha que tenía un título y un birrete que suele utilizarse en ceremonias de graduación. Fue una jornada donde se mezclaba la nostalgia y la melancolía, los recuerdos y la suma de gratos momentos. Ese día, cerca de las 2 de la tarde, sus compañeros la despidieron en la sala de reuniones del colegio como verdaderamente merecía. “No puedo creer tanto afectado, tantos llamados y mensajes”, decía Vilma a Protagonistas a poco de haber iniciado una nueva etapa de su vida. Ella misma cuenta que allá por el año 1980, cuando trabajaba en el Instituto de Dactilografía San Lucas, recibió la propuesta para ingresar al colegio. La Secretaria de entonces, que era la propietaria del citado instituto, Ana María Pascual, decidió abocarse a la actividad privada y le preguntó a Vilma si le interesaba ocupar su lugar. Hizo la correspondiente proposición y la misma fue aprobada por el Consejo Directivo de entonces. “Estaba rodeada de hombres estaba, Eduardo Martínez y el Secretario Administrativo era Juan Montoya, estaba como presidente el “señor presidente” que era Cesar Manuel Gradin”, recuerda. Durante tantos años vio pasar a distintos titular del colegio y de todos le surgen palabras elogiosas. Ordena en una línea de tiempo la llegada del “presidente poeta”, el Dr. Horacio Vero, con quien realizó muchos viajes para la realización de cursos o juramentos. Posteriormente con el Dr. Julián Oliva, a quien define como “mi chiquito”, oportunidad en que el colegio afrontó varios cambios, “la reorganización administrativa fue importante porque se contrató más personal”, señala. Y llegamos a la actualidad con el Dr. Mateo Laborde, quien inició un proceso de certificación de calidad ISO para mejorar los procesos de trabajo en el colegio, “la informatización e ingreso de profesionales al Colegio fueron su sello… en el área académica y disciplinaria especialmente”. Define a todos ellos como hombres inteligentes, desenvueltos en su profesión, “porque siempre ante cualquier dificultad tuvieron la capacidad para aportar una solución”. Se jubila Vilma. “Me hablan y lloro…”, dice conmovida por un momento tan especial. Los recuerdos afloran y las emociones también. En varios tramos de la charla quiebra su voz. Repasa con sincero afecto a todos sus compañeros, y destaca en especial a las responsables de las oficinas de Salto y 9 de Julio, “a un compañero que le podía pedir cualquier cosa como Oscar Mendoza, que es maestranza de la 27… a Adrián que era chiquito cuando entró al colegio y después nos dejó cuando se fue a la caja… te digo la verdad no puedo creer la cantidad de llamados, mensajes que he tenido 143 mensajes solo de un grupo de Chivilcoy… es algo impresionante, yo solo hice mi trabajo de la mejor manera posible, le puse esa cuotita de cariño y de amor, por eso no puedo creer tanto afecto”, dice. Las muestras de reconocimiento ya habían comenzado hace algunos meses. En la fiesta despedida de fin de año el Dr. Laborde dedicó unas palabras para Vilma y guarda en su memoria a unos 400 abogados que de pie aplaudían y coreaban su nombre. “Ahí estuve fuerte y no me puse a llorar”, revela orgullosamente. Dicen que en la vida suele cosecharse lo que se siembra y precisamente Vilma lo ha hecho. Su paso por el Colegio de Abogados no ha pasado desapercibido, para propios y extraños. Su calidad como empleada, pero más como persona, hace que su jubilación no sea una más. Todos los que supieron rodearla y acompañarla durante tantos años se lo dejaron bien en claro.

“Costaba seguir su ritmo infatigable”

El Dr. Vero despidió con sentidas palabras y definió a Vilma como símbolo del Colegio

El Colegio eligió al Dr. Horacio Vero para las palabras de despedida. Un hombre de letras que seguramente no iba a tener mayores inconvenientes para encontrar los términos adecuados, aunque cuando las emociones se cuelan tampoco resulta fácil. Por ello en el portal del CADJM, y a raíz de la jubilación de Vilma Bafundo, luego de 40 años en el Colegio, Vero ensayó sus expresiones. “Hay nombres (o apodos) que neutralizan el apellido de una persona. Y muchas veces también se constituyen en un símbolo que identifica a un lugar o a una institución”, comienza. Destaca entonces que en “nuestro Colegio, hay un sobrado ejemplo de cuanto afirmo: se trata de Vilma. ¿Quién no la conoce, sino por su nombre? ¿Quién no la vincula con esta Casa? Quién, en estos últimos cuarenta años no ha tenido un llamado o una charla con este querible “personaje” que a fuerza de responsabilidad, capacidad y entrega sin límites ganó el corazón de autoridades, abogadas y abogados”. El Dr. Vero revela que conoce a Vilma desde junio de 1984, cuando por primera vez llegó al Colegio. “El destino quiso que compartiera con ella tres Presidencias. Fueron innumerables los viajes por las localidades del Departamento Mercedes con ceremonias de juramento, reuniones, cursos y jornadas. Estaba en el mínimo detalle. Y eran tantas sus ganas de hacer que costaba seguir su ritmo infatigable. Capaz de llamarme a las once de la noche: “Dr., mañana hay conferencia de prensa”. Y a las seis, otra vez: “Dr., hoy hay conferencia de prensa”. Doy fe que en los Colegios de la provincia su nombre era sinónimo del Colegio mercedino. “Saludos a Vilma”, “Gracias a Vilma que al instante envía lo que solicitamos”, agregó. Resalta que “hace cuatro décadas se “puso” la camiseta del Colegio y la lució y defendió con infinito orgullo. Capaz de “dar la vida” en el intento. Porque este edificio fue su primera casa. Su lugar en el mundo… Vilma se jubila. Me lo dijeron hoy sus ojos brillosos y su voz entrecortada debajo del barbijo. Solo atiné a abrazarla fuerte, como diciéndole Gracias… Gracias por demostrar que cuando uno ama su trabajo, lo hace con pasión y alegría. Gracias por esa tímida e inconfundible sonrisa que trataba de entender y conformar al mundo: al impaciente, al enojado, al soberbio, al disconforme, al escéptico. Y Gracias por los inolvidables momentos vividos y el trato cálido y respetuoso dispensado”. El ex presidente cierra su reconocimiento anticipando que se la va a extrañar y mucho… “igualmente, en cada rincón, en cada pared y en cada escritorio, ha quedado un “VILMA” grabado para siempre. Porque tu nombre, además de clausurar a tu apellido, será eternamente un símbolo imborrable en la historia de tu amado Colegio”, concluyó.

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