“Mercedes es una cosa importante en la vida”
Por Fernando Pachiani
Es óptico técnico egresado de la UBA. Especialista en lentes de contacto y optometrista. Se fue a Italia en 1991. Reside en la ciudad de Brescia donde abrió un centro especializado en baja visión.
Los recuerdos de Mercedes
“Yo crecí en el barrio de la Trocha, de la 38, 40 entre 15 y 17 cuando era chico – comienza a contar Horacio. Se armaba la patota, íbamos todos caminando hacia la escuela, una larga fila de guardapolvos blancos. No había ningún temor porque siempre alguien te miraba, si no era un vecino era el de la otra cuadra, o el que pasaba. Los chicos iban y venían con tranquilidad.
Viví en ese barrio durante toda la escuela primaria que la hice en la Escuela Nro. 1, en la cual mi mamá era secretaria. De la escuela recuerdo con mucho respeto a la señora de Tancredi y la Señora Uncal, las dos maestras que más recuerdo y que tengo presente, porque sexto o séptimo grados eran claves en ese momento y ellas representaron una mano importante para el pasaje al secundario. Yo creo que fue muy buena, sobre todo en la manera en que se desarrollaba la parte didáctica. Los maestros eran maestros. Por ahí un poco más de disciplina, pero bueno uno se sentía bien en ese circuito.
Después me mudé por el Colegio San Patricio, y vivía en la calle 19 entre 14 y 16 y empecé la secundaria en el Colegio Nacional Florentino Ameghino donde conocí a los grandes amigos que aún están al lado mío.
Soy promoción’76, creo que una de las mejores- dice. Fue un año maravilloso, a pesar de que ese año se empezaron a jugar cosas importantes de la vida argentina. Fue un hermoso grupo, aún hoy seguimos manteniendo lindos lazos afectivos y de comunicación. No quisiera olvidarme de alguno, pero te puedo decir: Fernando “Cacho” Laporta, Julito Agosti, Mirta Juárez, Silvana Courtade, Giselda Mangacha, entre otros. Hay un grupo fijo, la base, que mantiene la unión y la fuerza, que hace los contactos para cada reunión, cena o saludo. Últimamente estoy en contacto. Fui para los 30 años. Estando aquí era muy difícil poderme mover. Los encuentros casi siempre eran en noviembre y acá es una fecha o temporada importante, estamos en plena actividad.
Pero para los 30 años lo pude hacer, y fue una gran emoción reencontrarme con todos ellos.
De Mercedes recuerdo los asaditos, las reuniones con mis primos, la hilera de tilos, el olor, la mesa esa grande de más de veinte personas, las salidas en bicicleta, el helado, comer unas “tortugas” con coca cola en el Cabildo, la esquina de 24 y 27, en definitiva, Mercedes es una cosa importante en la vida, es todo eso”-recuerda.

La voz de las hermanas
Sus hermanas Beatriz y María Isabel nos dicen con respecto a Horacio: “Él primero mencionó nuestra infancia en el barrio de La trocha, y la verdad que no había ningún peligro, porque todos nos juntábamos, podíamos andar arriba de los trenes de los vagones, éramos muy inquietos, pero no teníamos miedo. Fue una infancia muy linda. Los que nos conocieron de esa época, saben que se armaban fiestas, cuando era la época de carnaval. Así que bueno, fue una infancia muy sana, muy plena. Cosa que hoy los chicos muchas cosas no las pueden hacer, que estamos con más miedo. Y mi hermano por ser el mayor, te diría que hasta hoy en día es mi compañero, mi guía.
Para nosotras fue muy fuerte el desarraigo de él, pero gracias a Dios me dio la posibilidad de estar allá y ver todo su esfuerzo. Para mí- dice Beatriz- es un ejemplo de vida porque es un hombre de muchos valores. Creo que fue bueno que él se fuera, a pesar del dolor nuestro y de extrañarlo tanto porque para nosotros es un referente de vida. Que él haya hecho todo lo que hizo como profesional, es muy bueno…para mí es lo máximo”- confiesa emocionada.
Los estudios y la conscripción
“Yo quería seguir medicina, pero no pude entrar, no me dio el tiempo- confiesa. Entonces mi tía me dice: ¿por qué no intentas óptica? Así que fui a Bs. As. y me inscribí en la Facultad de Farmacia y Bioquímica en la carrera de óptica. En el año 1978 partí desde Mercedes a capital y me quedé allá entre pensiones, hoteles y casa de familiares. Ahí trabajaba en el Ministerio de Bienestar Social y estudiaba. Cuando termino la carrera, obtengo el título, y en ese momento se termina la prórroga al servicio militar, que había solicitado en su momento, así que me llaman y me tuve que incorporar.
El servicio militar lo hice en el Comando del Primer Cuerpo. Fue la cosa más linda que me pude haber pasado. Cuando uno sale lo analiza de otra manera, pero estando adentro (lo hice a los 20 o 21 años) las cosas que te ayuda a descubrir, y las situaciones en las que te mete, te hace descubrir valores que sino no podría suceder. Al salir, te das cuenta de que es algo que forma, en la buena y en la mala, con el sacrificio, pero es una muy buena experiencia, sobre todo porque te pone en contacto con otras personas, con otras realidades, vivís cosas en una comunidad, y ahí sos vos, los chicos que te acompañan, tus compañeros, y todo lo demás que viene. Ahí te olvidas de tus quejas, de tus caprichos, del sí o del no, de lo bueno y de lo malo”- cuenta.
La optometría
“Llego a Italia, dejando un poco atrás la parte profesional. Había tenido un desarrollo importante, me había especializado en lentes de contacto, fui director del centro especializado en la aplicación de lentes de contacto de Pupilent Voss Argentina, pero ya había llegado al tope de lo que me podía ofrecer el país y existía la posibilidad de un estudio mayor, la optometría, y esto coincide con la venida a Italia de una persona la cual me ha acompañado durante varios años, y pudiendo entrar y ser reconocido para poder estudiar, decidí dejar todo, armar los bártulos y dedicarme al estudio, a mejorar, a superar algo.
Y bueno, así como para el médico es importante hacer una especialidad, para el óptico y el contactólogo, fue hacer la optometría, un salto de calidad. Es una parte importante, figura que está entre el oculista y el óptico. Es el profesional que va a tratar de mejorar el estado de la persona, no tiene nada que ver con la patología, pero lo ayuda y lo conserva en la parte visual con distintos elementos. En Argentina eso no se hacía aún. Y bueno como Italia me acepta, viajo en 1991. Llegué como estudiante con una visa por estudio, y bueno me recibieron bastante bien.
Después de tanto tiempo de haber trabajado y estudiado, decidí en el año 94 abrir un negocio con mi socio que llamamos Baires Visión; es una clínica de la visión, con ciertos elementos ayudamos a mejorar la visión. Va bastante bien. Tenemos una buena posición a nivel de imagen. Seguimos tratando los casos más específicos en cuanto a córneas, deformaciones, baja visión, y los que no llegan a tener visión de casi un décimo”- señala.
Brescia
“Estoy viviendo en Brescia, una ciudad al norte de Italia, entre Milán y Verona, es una ciudad bastante amplia, industrial, donde tienen una gran comunicación con el resto de Europa.
No sé si soy un buen tano, el italiano bastante lo entiendo y me entienden a mí también. Al menos el saludo lo tengo… (risas). Sí, sí, me considero un italiano más. No fue difícil entrar. Yo creo que para un sudamericano entrar en Europa no es difícil ya por el hecho de que estamos formados por el abrazo, el amor y el afecto y eso en Europa falta. El tocarse, el comunicar afecto, eso abre puertas.
En mis tiempos libres aprendí a bailar un poco el tango, me dedico a escuchar música, a aprender algunas otras cosas italianas. No aprendí a esquiar, pero me divierto lo mismo. Aprendí un poco de buceo y esas cosas que son un poco más acordes con la edad de hoy.
Gracias por esta charla, por abrirme la puerta y volver a mi ciudad después de tanto tiempo, si bien algunas escapadas pude realizar, no tantas como yo quería, pero bueno me permitió estar en contacto con mi gente, mis amigos, compañeros de colegio y grandes amistades”- concluye.







