Por Germán Faure

No se escribe poesía únicamente con tinta. A veces se la genera desde las vísceras, con sangre; con la acción de ejercer un rol comprometido con las letras, con esparcir lectura y brindar una crítica justa a un texto inédito y temeroso, con formar un grupo, donde al leer fragmentos de una voz escondida no caiga en una trituradora de carne, y se expanda, con el respeto que conlleva la literatura hacia textos que aspiran a la belleza.

Pedro Deluca, o mejor conocido como “Tato”, es una de estas personas: autor de “Simón tras la piedra”, Ediciones del Dock, que se está terminando de imprimir en este preciso momento, listo para ver la luz el próximo mes de junio; docente de Lengua y literatura en secundarias de ámbito público y privado, participó del colectivo “Literal MAMMbo” y coordina el ciclo de “Poesía Dominguera”, donde leen múltiples poetas argentinos. Además, es promulgador de la lectura oral, de su material o de material para sus clases, logrando el fin principal del docente; motivar.

Tato se disfraza cada domingo, a las siete de la tarde, en un auténtico “Detective Salvaje”. Puedo imaginarlo como “Arturo Belano” persiguiendo los versos de la poeta “Cesárea Tinajero”, para luego sacarse el disfraz y dejar de ser poeta para ser lector, entrevistador, oyente y amigo. Rastrea a lo largo y ancho del país las perlas literarias que intentan emerger a la superficie dándoles lo más importante, un espacio para leer.

Tato me cuenta que su vocación de escritor la reencuentra tras muchos años. Desde chico escribió cosas para sí mismo que nunca mostró y muchísimos años después, asistiendo a diversos talleres literarios, o artísticos, uno de tantos, por ejemplo, es con Miguel Ronsino: el artista plástico chivilcoyano, o acercándose a la música, el canto y de repente algo distinto se manifiesta. Con la quietud de la maquinaria capitalista con la pandemia se agrava y la necesidad debe ser atendida con urgencia, de pronto había dejado de ser una búsqueda para convertirse en una realidad, así nace el escritor, como si fuera un gigante interior que despierta.

Al fin logra ordenar algunas ideas para confeccionar su primer poemario “Simón tras la piedra”. Además, producto de varios azares, publican junto con Verónica Mateo, en el mes de octubre del año pasado “Paisajes de la infancia” volumen I. Es una antología de algunos de los poetas que circularon por “Poesía Dominguera”. De esta manera rondan varias chispas en su entorno y Tato carga con el combustible. Empiezan a llamarlo para invitarlo a dar lecturas, amigos, editores y aficionados empieza a fijarse en él. En la agenda tiene fecha para leer en Neuquén o en la feria del libro de La Rioja, y hace una semana visitó Universidad de La Matanza dónde fue invitado para participar de una lectura al público.

—Casi sin quererlo, la gente empezó a reconocerme. Algo que ya había olvidado que existía aparece, y hay que escucharlo — Me dice Tato y apura un mate — Este es mi momento y tal vez, en un futuro, esto no se vuelva a repetir.

“Fue necesario abrazarnos en la poesía para comprender que no hace falta publicar libros para ser poetas, que no todos tenemos el mismo acceso al mundo editorial y que desde lo colectivo se pueden concretar sueños como éste.” Esta cita se lee en la introducción de la antología de “Paisajes de la infancia”. Pienso en el trayecto de una carrera, en el tiempo que hace falta para desarrollar el máximo del potencial que se practica. Pienso en que el artista jamás estará al alcance del resultado que pretende. No es una cuota de azar, no es ni siquiera el dinero, la mayoría de las veces comienza desde el afecto, desde el desangrarse por hacer lo que se ama. Tarde o temprano, el universo seda un espacio para acomodarlo todo.

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