“La Recova era nuestra oficina”
Por Fernando Pachiani
En el 85 partió en familia al sur para buscar un nuevo destino. Terminó radicándose en la ciudad de 9 de julio. Casado con Fabiana Hourcade (fallecida) y cuatro hijos. Hoy nos cuenta sobre su vida, las dificultades, los trabajos y sus años en Mercedes.
La idea era hacer patria
“Yo me fui de Mercedes en el año 85, con Fabiana Hourcade, que en ese momento era mi novia; nos fuimos con mi cuñado Manuel Quiroga y Mónica Hourcade rumbo a Esquel, quisimos hacer patria y nos fuimos al sur- comienza a contar Luis.
Ese fue nuestro inicio. Al tiempo nos casamos con Fabiana, tuvimos un hijo y dadas las condiciones del país, Afonsín y la hiperinflación y demás, como no había mucho trabajo en Esquel nos vinimos a la provincia de Buenos Aires.
Queríamos venir a Mercedes pero el trabajo me llevó a 9 de Julio. Ahí comenzó nuestra historia. Estaba mal el país y el turismo. Bueno, hicimos las valijas de nuevo y vinimos a 9 de julio.
Mi mujer, Fabiana, era maestra jardinera así que ya lo era en Esquel, y yo gracias a mi cuñado Manuel Quiroga entré a Senasa y hacíamos trabajo en el campo, que es duro, porque en el verano ese lindo, llevadero, pero en invierno nos tocaba andar en el campo con nieve y viento, no era muy grato. En definitiva nos vinimos para acá para tener mejor calidad de vida”- recuerda.
La vida en Mercedes
“30 años de mi vida los pasé en Mercedes- señala. Yo crecí en la 31 y 14, ahí estaba la casa. Mi padre trabajaba en el Banco del Oeste y alquilábamos esa casa en la que vivimos hasta los 12 o 13 años. Después mi padre alquiló otra casa y nos fuimos a la 28 y 21. Ahí vivimos unos cuantos años. Finalmente mi padre compró una casa en la calle 24 entre 21 y 23 y ahí sí nos quedamos hasta los 30 años.
Hay una cosa que actualmente sigo haciendo, a pesar de los años, que es ir a La Recova. Era nuestra oficina, estábamos todo el día ahí, tomando un café, un whisky, charlando un rato…
Cada vez que paso voy. Esa es una de mis esquinas preferidas.
Tengo un hermano Marcelo, que anda un poco en Mercedes y un poco en Buenos Aires.
Por supuesto que aún tengo vínculo con Mercedes. Ahí está mi segunda familia que son los Etchegaray los visito muy seguido, tenemos una amistad que ya somos como parientes, es una amistad de toda la vida.
La relación con los Etchegaray se da porque mi padre era muy amigo de Carlos Alberto Pairetti y me inculcó su pasión por los fierros. Papá era el gerente general del Banco del Oeste, y Carlos fue a buscar la propaganda del banco y se hicieron amigos. Yo tenía 4 años. Hicieron una amistad muy profunda, tal es así que con los hijos estuvimos una semana para contarle a Carlos que había fallecido papá, porque no sabíamos cómo lo iba a tomar. Cuando mi papá entra al banco había 3 sucursales y cuando él se retiró había 35 sucursales. Mi padre inauguró 32 sucursales-señala.
Bueno, esa pasión por los fierros continuó hasta que un día lo conocí a “Toto” Etchegaray y me preguntó si lo podía ayudar. Me subí al auto que en ese momento era un Renault, y desde ahí no me bajé nunca más; porque hasta don Tomás me crió. Vivíamos todos juntos: Toto, Tino y yo, en la casa de los Etchegaray.
Ahí empezó toda la locura de los autos de carrera. La verdad que fue muy lindo.
Yo no tengo ninguna habilidad manual, pero fuimos aprendiendo todos de todo.
Hacer la comida, lavar el auto, muchas cosas que en el auto de carrera las puede hacer cualquiera. Anduvimos por todo el país gracias a Dios. Lo hicimos todo entre amigos”-manifiesta.
El campeonato
“Después de la formula Renault, en el año 85 Toto sale campeón. Yo estuve hasta agosto de ese mismo año trabajando con él y ahí fue la decisión de ir al sur. Yo tenía mucha fe que el Toto podía salir campeón ese año. Pero bueno, me fui a Esquel a continuar mi vida justo antes del campeonato. En Esquel no había televisión en ese momento, no llegaba la radio tampoco. Entonces el día lunes a la tarde, después del domingo de la última carrera, me pude comunicar con Mercedes para saber si había salido campeón o no. Fue una emoción muy grande cuando lo llamo y me dicen: sí somos campeones. Ahí me largué a llorar, Toto me cargaba…pero bueno, son cosas de la vida.
Imaginate que con Toto andamos desde los 16 años, y ahora tengo 65. Toda una vida. Vivíamos los 3 juntos con Tino, porque Julio se había casado con Teresa, en la casa de la 17. Es mi familia, parte de mi familia son los Etchegaray, porque me criaron. Más Julio, que era el más recto. Con «Toto» andábamos por la banquina… (risas) y Julio era el que nos ordenaba a los dos. La pasábamos muy bien- recuerda.
Historia de la Bugetta
“Tenemos una historia increíble con ese buggy sport gris, que yo ayudé a hacerla- cuenta. Gracias a esa Bugetta, nosotros tuvimos un accidente muy grande en Lujan. Chocamos, nos metimos abajo de un camión, se rompió toda. Nunca anduvimos despacio. La verdad que esa vez tampoco. Veníamos muy rápido. Por suerte salió todo bien. Lo más difícil fue contarle al padre… y ahí es donde Julio se enoja con nosotros: «Si se quieren matar que sea en una pista, vamos a hacerla de carrera…» palabras textuales de don Julio.
Y lo hicimos auto de carrera… Ellos habían empezado con un taller de chapa y pintura al lado de la cárcel y ahí trabajamos todos. Se modificó para auto de carrera y empezamos a correr. En la primera carrera ya tuvimos un percance. Le habíamos inventado un enganche, esto para que vean que no éramos ni ingenieros ni mucho menos, y como lo hicimos mal, perdimos el auto de carrera en la ruta. Tuvimos que hacer un injerto para que llegara a la carrea y que el Toto pudiera correr.
Él tuvo siempre alguna maniobra que podemos discutir, pero Toto era un elegido. Un distinto, para mí. Por eso llegó adonde llegó. Era muy buen mecánico. Cada uno era muy bueno en lo suyo. Julio en la organización y demás (hoy lo llaman ingeniero de pista) y Toto hacedor del auto de carrera y después en el manejo”-confiesa.
La vida en 9 de julio
“Yo cuando llegue a 9 de julio fue en el año 89, viste que a la mañana había un precio de leche, a la tarde otro y a la noche otro. No teníamos casa ni nada. La situación era terrible. Tuve una gran compañera que fue Fabiana y que aguantó lo que no aguanta nadie, porque ella se quedaba en casa con el nene, que había nacido en Esquel, y yo salía a trabajar al Senasa, que me mandaba de un lado a otro. Vivíamos de las pequeñas comisiones que me dejaban hacer. Me mandaron al sur y estuve 3 meses. Pobre mi señora, se quedaba sola acá y pateaba para adelante. Mi mujer era maestra jardinera así que ya lo era en Esquel. Después acá nacieron mis otras tres hijas.
Siempre quise hacer otra cosa, me quise independizar y lo logré pero a los muchos años. En el 2000 empecé a vender aceites lubricantes para la marca EG3 y sus lubricentros y ahí empezó mi historia independiente. Me costó muchísimo. Acá vivimos del campo, si el campo anda bien, andamos bien y si no, no. Cuando la soja anda bien, el pueblo renace… Es otra cosa.
Los aceites los poníamos en el garaje de mi casa, porque no tenía lugar ni nada y lo repartía con una camioneta. Después un amigo me dejó poner un tanque de gasoil y le compraba a la compañía 4 mil litros por mes y los revendía y tuve la suerte que Mastellone armó un apoyo logístico a todas las flotas de camiones que tienen ellos y hacen un convenio con EG3, que ya había cambiado de nombre a Petrobras.
Por logística necesitaban un agente en 9 de julio. Finalmente me contrata la firma. Entonces todos los días ellos me mandaban el gasoil, yo lo administraba y los despachaba a los camiones. Por acá pasan 45 camiones diarios. Eso me hizo pegar un salto grande, porque era mucha venta y mucho trabajo.
Así fui creciendo hasta que vi una vez una estación de servicio que estaba fundida, hablé con la propietaria y la compré. Le pagaba en litros de gasoil por mes, a 6 años la tenía. La expansión que había hecho me alcanzaba justito para todos los gastos. Y así seguí, hasta que a los 4 años, un día se produjo un tornado y se llevó todo.
Además tenía el restaurant de la estación de servicio, hacíamos 5400 cubiertos por mes. Andábamos muy bien, pero ese tornado arrasó con todo. No me dejó nada.
Después de perder todo. Tuve que volver a empezar. Aproveché que tenía un camión chiquito, y empecé a distribuir el gasoil a La Serenísima a los productores, con una mano que me dio uno de los directores, Flavio Mastellone. Accedió a que ponga un camión en la leche, hoy ya tengo dos gracias a Dios que andan muy bien y vivo de eso. Fui creciendo. Hoy tengo 2 camiones de leche y 3 bateas donde acarreo cereal de la zona.
Acá en 9 de julio los jorobo y les digo mi ciudad es Mercedes y se ponen un poco mal los muchachos… pero es así. Yo creo que cuando vivís de chico en un lugar no te lo olvidas más y los amigos que haces de chico, no los podes comparar. Acá he hecho amigos, pero no es lo mismo. Cuando quiero los llamo y están. Gracias a Dios.
Les mando un beso a todos, y a nadie en particular. Los sigo queriendo y quiero mucho a Mercedes”-concluye.







