“A Mercedes estoy siempre volviendo, como dice el tango”

Por Fernando Pachiani

Hace más de 40 años que se fue de Mercedes  pero como le gusta decir, siempre está volviendo a la ciudad que lo vio nacer donde forjó las amistades más entrañables. El fútbol, el básquet y la peña creada por su padre, entre los recuerdos más importantes.

La querida Mercedes 

“Crecimos en la calle 40, entre 33 y 35 una casa muy grande- nos empieza a contar Osvaldo-  en un primer momento vivimos ahí, después nos fuimos moviendo, estuvimos en la 26 y 33, en la calle 34 y 21, y por último, definitivamente hasta que nos fuimos estuvimos en la avenida 30 entre 15 y 17.

Mi familia está compuesta por mi hermano Javier, mi hermana Mercedes. Mi hermano vive en San Antonio de Padua hace años, y mi hermana en Gral. Alvear. Mi vieja, Julia Quintana Valenzuela (85), se encuentra en Saladillo. Ella vivía dónde está mi hermana, alquilaba su casita, y por problemas de salud se fue a Alvear, pero como necesitaba estar atendida constantemente, vive con una amiga de nosotros en Saladillo y está muy bien.  

Mis estudios transcurrieron en varias escuelas. Estuve en la escuela Normal, en el Colegio Nº2 en la primaria, y luego en Nacional. También pasé por San Patricio, sino me equivoco estuve en tercer grado allí.

Durante la escuela primaria en la Nro. 2  fui compañero del recordado Juan Manuel, hermano de Alfredo Uncal, también de Fernando Planas, Daniel Bonamino, Liliana Cichini, María del Rosario Uncal… bueno de unos cuantos- dice.

Coseché amigos en varios colegios, como Tillet en San Patricio. Luego yo dejé, no terminé el secundario, hice hasta el 3er. año y ahí dejé. Era muy “fiaca” en el colegio, me costaba concentrarme realmente; aunque tuve muy buenos maestros, no me puedo quejar. De todas maneras, en ese momento yo estaba muy ligado al deporte, al fútbol y la música. En fútbol estuve en el Club Ateneo de la Juventud muchos años. Estuve con Piperno y Alfredo “Tito” Borsalino de entrenador. También jugué al básquet. No daba la altura, pero jugué mucho al básquet.  Llegué a la primera, pero jugué dos o tres partidos nomás.

Después el fútbol me dejó… (risas) y apunté todos los cañones para el lado de la música, carrera bastante brava también”- señala.

Más tarde me puse a laburar con una tía de Buenos Aires, y volvía a Mercedes a pasear con los amigos. Hasta que en el 80 me casé con Florencia Lombán, también mercedina, Tengo dos hijos: María Julia, la mayor y Martín. Ella vive en la capital y él está metido en la música, es técnico en estudio de grabación. Él vive en Villa Mercedes, San Luis. Trabaja en la «Casa de la Música», y también tiene un estudio en su propia casa que se llama «Estudio del canal».

Con mi mujer estamos separados pero nos llevamos muy bien. Está viviendo allá. Su hermano Jano vive en la capital, y su hermana vive en Barcelona”.

Amor por la música

“Desde que mi viejo arrancó con el Centro Tradicionalista en Mercedes, que armó la peña, yo tenía 10 años, ahí arranqué con los primeros tinos, todos de oreja. Con el tiempo, a través de mi padre, fui conociendo artistas que él llevaba para allá. Tuve el honor de componer canciones con Armando Tejada Gómez, que era muy amigo de mi viejo e iba muy seguido a casa en Mercedes. También con Aníbal Quintana, tengo un par de composiciones, y otros queridos poetas como Horacio Peña Alba, Miguel Longarini de 9 de julio. Lina Avellaneda. Ahí arranqué el camino… Tuvimos algunos grupos locales en Mercedes, con algunos amigos, con Juancito Urpianello, con mi querido hermano Hugo Díaz Cárdenas, “musicazo” de aquellos y otros compañeros… como Hugo Bonafina y Miguel Lofiego. Después me dediqué como solista, pero fundamentalmente a componer. Tengo una vasta obra con mi viejo y también con los poetas que te he nombrado, tengo bastantes canciones”-cuenta.

Si me preguntas sobre qué escribo, te digo sobre todo. Me inspira el sufrimiento del pueblo, de la gente, los paisajes, el amor, los lugares,  la soledad. Hay muchas cosas que te inspiran o te llevan a la canción. Sobre todo cuando la poesía te llega al corazón. Tiene que ver mucho con eso. Si la poesía no te llega, es muy difícil que salga una melodía que te parezca acorde-manifiesta.

Con mi viejo teníamos la costumbre de que yo le pasaba la melodía, se la tarareaba, y mi viejo escribía sobre la melodía, pero últimamente venían poemas y estuvimos musicalizando sobre la letra. Pero no es algo puntual de una cosa u otra. Es lo que sale, generalmente. Salvo esta canción que estoy terminando, con un poeta de Merlo, Juan Carlos Castellnou, que se llama «Ay si tan solo tuviera»… que salió como algo criollo que me tiró él, y terminaba haciendo así una vidala, mezclada con canción… Yo estoy maravillado de la música que me salió en este tema, además es muy bonito el texto, pero bueno son situaciones muy particulares”-dice.

Cosquín

“Siempre ando por Cosquín- dice. El último festival fue un pre Cosquín en la sede de Ituzaingó, que gané. Fue la tercera vez que llegaba a una final, en Córdoba. Fue en el 2018 por una zamba que compuse con Longarini de 9 de julio, que se llama «Como viento y volcán». Había estado dos veces antes con un tema con letra mía y música de Cárdenas, que se llama «Dame el Sur». Ese lo presentamos acá y me acompañó Arturo Mosca en bajo. Ahí no pudimos llegar a Cosquín, pero fue una experiencia hermosa.

Todo fue por el rubro «Canción inédita», la primera por una tonada de mi viejo, y la segunda con Antonio Suarez, que cantó una canción que compuse con Tejada Gómez, y mira como son las cosas, fue la última. En 1992, en el mes de noviembre, fallece Armando Tejada Gómez, en julio y agosto habíamos terminado una canción  que fue el último texto que escribió y estuvo guardada y en 2010 se me ocurrió presentarla como tema inédito en Cosquín. Y llegamos a la final. Yo acompañé a Antonio con Diego Figueroa en flauta traversa. Perdimos con una muy buena canción, una cueca de un músico que ahora no recuerdo pero es muy famoso ese cantor”.

Los afectos

“En Mercedes tengo primos. Toda la familia Valerga, David, Adriana, Ana María, sus hijos. Y después, por supuesto, tengo mis hijos, mis sobrinos, los hijos de mi hermano, Lautaro y Juan, que sigue los pasos en la música, Juan Francisco Valenzuela.  Se extraña comer un asadito, tomar un vinito y guitarrear con los amigos. En el hotel de campo «El Tizón», con Pepe Milesi y su señora, solíamos compartir gratos momentos, también con Arturo Mosca, el bajista, al que le gusta mucho ir.  A veces íbamos los sábados y nos quedábamos todo el fin de semana, somos largueros- reconoce.

También solíamos ir a lo de Santiago Suarez; a encontrarnos con María Cecilia Capaccio, nos veíamos con el querido muñeco Minetto, entrañables amigos que no se olvidan. Por eso, dos por tres, pasamos a ver a viejos amigos.

Porque no hay cosa más linda, la música y el vino es lo que mejor une a la gente. Yo soy del tinto, absolutamente, más que nada por el corazón viste… (risas)

A Mercedes la recuerdo con mucho cariño, hasta la primera novia… Recuerdo mucho la parte deportiva. Mi viejo dirigía los infantiles y la reserva, en el club Solbaid, ahí en la 34 entre 31 y 33,  después también estuve jugando en Club Mercedes. Etapas que son muy hermosas como el fútbol en la Liga.

Y lo más hermoso de aquella época eran las peñas de mi viejo. Eso me quedó muy grabado, desde que comenzó en la 17 y 28 donde estaba el Centro Gallego, de ahí la peña pasó a la 14 y 29; de ahí a la 26 y 33 y de ahí a la calle 12 entre 29 y 31, donde ahí finalizó la peña. 

Se hacían los festivales de la canción… Eso lo recuerdo con mucho amor.

La peña era un lugar de encuentro de muchísimos mercedinos;  iban todas las familias: los Sanguinetti, Los Delfino, los Rodríguez, los Valerga, los Ponce… varios, muchísimos. En ese momento la peña tenía sus asociados y se cobraba por mes algo insignificante, eran 10 centavos creo, para el sonido, o la pintura. Pero mantenía socios, una cosa que nunca se hizo. No sabes cómo colaboraba la gente de Mercedes. Era muy lindo”- recuerda.

«MERCEDES DE LA LLANURA»

El estaño de Barbatto

aún queda en la Vieja Esquina

donde uno demora a diario

la amistad al mediodía.

Mercedes de la llanura,

al oeste de la vida,

contada por la memoria

que, desde el vino, no olvida.

Fortín Guardia de Luján,

malones y fortineras

y el loco que le compró

al ferrocarril las vías

para que nadie se fuera

y que vino a ser Mercedes

después de tanta leyenda.

Pueblo de darse una vuelta

aromado por los tilos

y soñarse todo el tiempo

en el sueño de los hijos.

Tengo un arcángel Gabriel

que sale a cantar conmigo

canciones, que allá en Mercedes,

pasa murmurando el rio.

Mercedes de la llanura,

quién te ha visto y quién te viera

con los vecinos al sol

urdiendo vida con vida

y una misma primavera:

donde crece la esperanza

porque la vida no espera…

donde crece la esperanza, Mercedes…

porque la vida no espera.

Poema: ARMANDO TEJADA GOMEZ

Música: OSVALDO VALENZUELA

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