Por Germán Faure
Escondido tras una tranquera, el pequeño horno de barro empieza a ganar calor. No alcanza a percibirse el destello del fuego, pero una temperatura cálida se desliza entre el viento invernal.
Los saludo agitando la mano y rápidamente aparece Norma a recibirme. Cruzo por el garaje hasta donde se encuentra Alejandro que combate contra un pedazo de tronco hasta quebrarlo y lo apoya contra las otras ramas que ya están ardiendo. A un costado me encuentro una mesita con vestigios del almuerzo, y más allá, entre lo verde, pequeñas macetas o colgados en los árboles, detalles decorativos que dejan en claro la vasta experiencia que tienen Alejandro y Norma Montes.
La técnica de horneado de arcilla con horno de barro, salvando algunos detalles, es de procedencia auténticamente americana; originaria de nuestra historia Latinoamérica. Y me es inevitable notar el acercamiento a la historia que esto me produce. Esta actividad, en su momento, portaba una carga espiritual-religiosa. Característica que ya no continúa en la actualidad, pero que Norma me remarca con pasión ese algo espiritual que se esconde dentro de esta profesión. Antes, me cuenta, la vasija que se estaba haciendo, si era para el uso cotidiano no llevaba detalles decorados; eso era destinado para una función religiosa y por lo general, eran compuestas por chamanes. Pienso en la película dirigida por Mel Gibson, “Apocalypto”, donde muestran a la perfección la absorción de las civilizaciones aborígenes más avanzadas contra las tribus más chicas y Suena el pitido de una alarma en algún lado. Alejandro sale disparado a apagarla. Grita a modo informativo, respetando una rutina entre ellos, datos para una bitácora de cocción y así intentar domar al fuego y al azar y tratar de que el lote resulte lo más sano y salvo posible.
– ¡Doscientos setenta y cinco! – grita y anota la temperatura en un cuadernillo.
Norma me cuenta sobre como las civilizaciones precolombinas, a medida que iban expandiéndose las más evolucionadas, abarcando más territorio o para saciar a sus Dioses con sacrificios; es evidente, gracias a los registros en los museos, del deterioro de calidad en la confección de las piezas en arcilla. Me lo cuenta presa de su dialecto, disfrutando de cada detalle que expresa sobre la química del proceso, (que me es imposible retener) o hasta de los eventos de artesanos que empiezan a organizarse de nuevo tras la pandemia a lo largo y ancho del país, o sobre estos datos históricos alucinantes.

La pasión por reproducir esta técnica milenaria tiene una fecha de inicio precisa. Fue gracias a un seminario, o charla, algo así como un evento de convivencia de artesanos que se dictó en Chivilcoy allá por el año ´99. El maestro Carlos Moreyra, un reconocido artesano de Beriso, que a lo largo de varios años organizó muchísimos encuentros. Este evento especifico se llamaba, “Silbando en la cañada”. Desde entonces, Norma y Ale practican esta técnica, hasta traerla a esta época de inmediatez, donde treinta piezas que ahora se están horneando y llevan, como mínimo, siete horas dentro de cocción. – Hasta alcanzar los novecientos grados – me dice Alejandro. Además, sumándole el moldeado, los detalles marcados en la misma pieza, la oxidación que se busca o se quiere experimentar, más los riesgos que se afronta: el temor a que se rompan o simplemente que la pieza no respete los valores estéticos del artesano. Resulta irónico que todo esto conviva en esta época.
Nuevamente suena la alarma y Alejando, como poseído, corre a apagarla no sin antes chequear la temperatura del horno. – ¡Trescientos cuarenta y seis! – grita y anota. Recientemente Norma se lanzó a dar clases de cerámica. Respetando esta técnica Precolombina. Las dicta ella misma en su casa y a tiene un grupo de estudiantes de diversas edades. Tuve el placer de conocer a una de ellas que me contaba lo lindo que es trabajar con arcilla y lo buenas que están sus clases. Esta es la primera horneada que se hace con piezas del taller y tuvieron el placer de viajar a Tomás Jofré para sortear alguna venta esporádica. Muchos de sus trabajos se pueden ver en su Instagram: “normadelpmontes”.
Empiezo a dejarlos con el horno pisando los cuatrocientos grados sabiendo que aún les quedan unas tres horas más de ardiente pasión. Me voy con la sensación de haber viajado en el tiempo, de haber palpado durante algunos minutos, un saber antiguo.
“Jamás volveré a llamar primitivas a las técnicas antiguas” El profesor Donda, Steinlaw Lem. Ediciones Godot 2021.







