“He sido un esclavo del trabajo”
Hace más de 35 años que se fue de Mercedes, empujado por la difícil situación económica. Fue en el año 86. Pensaba radicarse en Australia, pero terminó en Canadá. Reside en Brampton, a 30 km de Toronto.
Destino Canadá
“Yo tenía casi 38 años cuando me fui de Mercedes – comienza a contarnos José. El motivo principal fue que ya no se podía vivir más con lo que estaba pasando en el país, o sea por la economía. La inflación era terrible, yo trabajaba por cuenta mía y pasaba un presupuesto cuando lo cobraba hacía de cuenta que no cobraba nada. Yo hacía fotografía y trabajaba de albañil, ahí en Mercedes. Después de todo lo que había hecho antes, un montón de cosas. Pero como te decía la situación económica era desesperante.
Así fue como ya enloquecido sin saber qué hacer opté por irme- dice.
Hoy estoy en Canadá, pero mi primera intención fue irme a Australia así estaba más lejos de Norteamérica ya que no quería tener contacto con los yanquis.
Pero fue más difícil. Y acá estoy. Al final terminé siendo vecino (risas). No obstante, a EEUU fui solo tres o cuatro días y por trabajo. Hace ya muchos años, por el año 96 o 97. Estaba trabajando con una compañía y fuimos a Detroit. Y ahora recuerdo que otro día fui a colocar unos pisos a Michigan, en un trabajo de un día y después no fui más.
Cuando vinimos a Canadá lo hice con una mano atrás y otra adelante.
Viajé con dos muy buenos amigos, los hermanos Carlos y Eduardo Iarza. Primero llegó uno de ellos, y luego el hermano, con dos meses de diferencia, mientras tanto yo había hecho las adaptaciones en la embajada, porque habíamos hecho una vaquita y nos íbamos ayudando. Inmigración me avisó que no nos aceptaba, el mismo día que partía para acá, y ya me habían mandado los pasajes, los muchachos; por lo que después nos tuvimos que desparramar porque estábamos ilegales. Cuando se nos venció la visa de turista quedamos ilegales, y sí estábamos los tres, agarraban a uno, nos mandaban de vuelta a todos; entonces hubo que separarse. Entonces, como no sabía inglés, me arreglé con los italianos. Fui a trabajar con ellos, y como nosotros en el abecedario tenemos dos o tres letras más, siempre me fue más fácil entenderlos a ellos. El problema mío fue que no pude agarrar el inglés- dice.
Hoy me las arreglo bastante, es una lengua muy difícil para el español. Las nenas a los 6 meses ya me traducían y yo, aún hoy ando a las patadas.
Ahora hace ya ocho años que vivo en Brampton, a unos 30 kilómetros de Toronto, con mi señora, los dos solos. Cuando llegamos los tres amigos nos instalamos en un departamento, en el centro de Toronto. Era cocina, baño y el hall. Ahí estuvimos los tres, hasta que alquilamos una casa. Pasaron ochos meses hasta que pude arreglar los papeles y así traer a mi familia. Ahí alquilamos un departamento en una casa de cuatro familias, y luego alquilé una casa vieja que era de un italiano. Pagaba 600 dólares por mes cuando en ese momento ya los alquileres rondaban los 1200 dólares. Ahí estuvimos varios años.
Cuando nos vinimos a Canadá mi hija mayor, que vive en Mercedes, tenía 13 años y la menor, Sofía 6. Esta última se siente argentina pero no quiere saber nada con volver. Es muy difícil adaptarse de un lado a otro. Así como Silvia no se adaptó a Canadá, a Sofía le pasa lo mismo con Argentina”
¿Tiene vehículo?
“Acá si no tenés vehículo no podés ir a ningún lado. No son caros, sí los seguros, que cuestan más que el vehículo.
Acá los vehículos los comprás fácil. En una familia hay cuatro integrantes y vos ves que en el garage hay tres o cuatro vehículos. Yo he tenido ya siete u ocho vehículos y no podés vender ninguno. Tenés que tirarlo, o lo vendes por fierro viejo”.
¿Cosechó amigos?
“No, acá los amigos que yo tengo son para juntarse a jugar al truco. Todos los viernes nos juntábamos, cenábamos juntos. Todos argentinos.
Acá tengo una vecina de origen irlandés, del otro lado hay unos muchachos que son de una isla del Caribe. Acá nadie se fija en nada, ni te saludan o tal vez solo porque te chocan.
En Mercedes sí que tengo verdaderos amigos, muchísimos, pero hay uno para destacar, en nombre de todos ellos, que se nos fue hace un tiempo, que era un ejemplo: el gran ‘Quique’ Dicatarina, el peluquero, quien para mí era como un hermano. Y a muchos otros que los estimo, que prefiero no nombrar para no olvidar a ninguno”.
Los años en Mercedes
“Yo nací en la 26 y 5, en la casa de mis abuelos y después recuerdo que estaba a los 5 o 6 años viviendo en General Rodríguez. Luego, ya a los 7 años nos vinimos de nuevo a Mercedes. Y bueno, ahí estaba en la calle 47 entre 28 y 30. Ese fue mi lugar, mi barrio, hasta que me casé.
A los 16 años compré el terreno, enfrente de la cárcel donde viví varios años.
Lo compré haciendo de todo, vendiendo helados, diario como canillita. Y cuando empecé a trabajar de albañil, que lo comencé a hacer en el edificio Llanos, en la 25 y 16, ahí me compré el terreno y a los 22 años ya tenía la casa hecha. Yo, en vez de comprarme un traje o una corbata o un par de zapatos, me compraba una bolsa de cal y ladrillos y me fui edificando la casa.
La verdad que trabajo desde muy chico, ya a los 12 años trabajaba en la fábrica de tornillos. Aún conservo el carnet de metalúrgico, con la foto, era una criatura- recuerda.
En aquel tiempo tomaban a gente de esa edad. La fábrica era Buerguetti, y creo que era donde funcionaba Karavell.
Ahí aprendí a jugar al truco mientras hacíamos huelga que la iniciamos cuando hacía dos meses que no cobrábamos.
Luego comencé a trabajar con mi padre, hasta que él tuvo una caída de una antena, en momentos en que estábamos haciendo una instalación de antena de las viejitas antenas de tv en el Instituto Lowe. Fuimos nosotros dos solos y tuvo la caída. Lo llevaron al Hospital Militar y lo operaron. Así que como te dije con desde muy chico y con mucho sacrificio trabajé hasta hacerme mi propia casita.
No sé si por desgracia o por suerte he sido un esclavo del trabajo. Ahora estoy disfrutando porque ya estoy jubilado. Para mí primero estaba el trabajo, y siempre el trabajo, y por eso me he atado acá porque acá no es como en Argentina donde se trabaja para poder vivir, y acá se vive para trabajar. Acá tenés que trabajar y trabajar e ir progresando.”
La anécdota de San Martín
“Antes para ir a los bailes en las confiterías del centro tenías que vestir bien de saco y corbata. Solo en los carnavales o cuando llegaba algún artista importante como ocurrió con Palito Ortega y otros, que como no manejaban ellos la entrada entonces sí se podía entrar. Pero cuando era con la organización de ellos, si no tenías traje y corbata, no podías entrar.
Entonces yo como por la vestimenta no podía entrar al Club Estudiantes o al Club Del Progreso tenía que ir allá al barrio Marchetti, dónde podía ir en alpargatas. Recuerdo que, con algunas escarchas, algunas heladas, iba con una camisita finita de nylon que había en ese tiempo.
En ese barrio me conocen todavía porque me decían San Martín, porque me dejaba la patilla larga. Y quiero acotar, que, así como conocí esa gente, de esos barrios pobres, son una gente maravillosa. Me estoy emocionando mirá porque recuerdo muchos amigos, y me duele cuando hablan mal de ellos, que no quieren trabajar, que son vagos; son mentiras, vagos son estos, los aristócratas que no quieren que progresen los pobres, que los quieren pisar. Esa gente sí tiene corazón, hermano”- confiesa.







