“Éramos felices y no lo sabíamos”

Por Fernando Pachiani

Hace más de 40 años que no vive en Mercedes. Se crió en el barrio Lapenta. Fue efectivo de la Policía Federal. A partir del 87 es encargado de un edificio en la zona de Recoleta.

Barrio Lapenta

“A los 21 años ya prácticamente no estaba en Mercedes porque trabajaba en Junín – comienza a contarnos Mario. Al principio estuve 5 años viajando en el tren del San Martín. A los 19 entré en la policía federal, y de ahí a mí y a otros compañeros nos destinaron a Junín.

Después de 5 años me dieron el pase a Capital Federal. Durante dos años viajaba de capital a Mercedes y después ya me radiqué finalmente acá. Hace casi 40 años que vivo en Buenos Aires.

Siempre volvía a Mercedes porque tengo mi familia. Hasta hace 3 años vivía mi mamá y siempre la iba a ver, pero igualmente tengo a mi hermano, dos hijos y nietos en Mercedes. 

Yo crecí en dos lugares, en mi casa paterna que estaba en el querido barrio Lapenta en calle 38 entre 7 y 5. En ese tiempo la 38 se cortaba en la 5, había un campo que fue muchos años loteado y se abrió toda esa zona nueva, donde hoy está la escuela Santa María. Eso no existía cuando yo era chico. La 40 era de tierra, todo era de tierra. Yo fui a vivir a esa casa cuando mi hermano tenía 5 años. Pero mis padres tenían negocio en la feria de la 17 y 38, en esa feria que había en la esquina, hoy es un supermercado creo. Entonces crecí en dos lugares porque en mi casa estaba solamente a la noche. De día iba al colegio, después nos quedábamos ahí en el negocio que a la tarde lo atendía mi mamá porque mi padre trabajaba de tarde en el correo.

Yo me crié jugando al fútbol porque tenía la canchita al lado de la trocha, sobre la 40, entre 7 y 5, que hoy está todo ocupado por viviendas, pero en ese tiempo era nuestra cancha de fútbol y me crié ahí.

De mi barrio tengo una gran amistad con Hipólito Irigoyen, que tiene una metalúrgica y trabajó varios años con San Martín, y tenemos contacto y hablamos y nos encontramos en Mercedes. Un amigo de toda la vida. Jugamos juntos en el Club Gimnasia, los dos de chicos.

El año pasado estuve en el Club Gimnasia con motivo de la realización de una cena del reencuentro y me encontré con gente que no veía desde hacía 40 años, porque yo me fui rápido de Mercedes y entonces dejé de ver a mucha gente. Fue muy emotivo, muy lindo”- dice.

La escuela 10

“La primaria la hice en la escuela N°10 y la empecé en la escuela vieja, que estaba en la 25 y 36, la escuela vieja Nº 10 estaba ahí. Era muy vieja, cuando llovía nos íbamos a una especie de patio, era una casona muy vieja reformada en colegio- recuerda.

Tenía un patio y después una parte cubierta. En los salones a veces se llovía más que afuera.

Cuando yo estaba en 6° o 7° grado nos mudamos a la nueva, en la calle 23 y 40. Nosotros íbamos y veníamos como hormiguitas trayendo documentación, papeles, cosas a la escuela. Fue una escuela moderna, la inauguramos nosotros. El secundario lo hice en el industrial, no lo terminé, en 4to dejé, y después comencé la vida de adulto.

A los 19 entré en la policía. Yo venía trabajando en la fábrica Karavell, de alfombras. Entré a los 18 años recién cumplidos a trabajar. Un compañero mío de Karavell, que ya no está entre nosotros me dijo: voy a entrar en la Policía Federal y le seguí los pasos. Era abismal lo que se ganaba en la Policía Federal a comparación con la fábrica. Fue mi vocación durante muchos años. En ese tiempo se hacían los cursos en la delegación Mercedes. Un curso muy corto. Al otro año dejó de hacerse en la delegación y se hacía en la Escuela de Suboficiales en Figueroa Alcorta. Un tiempo estuve en Mercedes, y después ya me fui a Junín. Los mejores 5 años de mi vida los pasé allá”- confiesa.

Soda Lapolla

“Nosotros teníamos la sodería y una rotisería en la feria de la 17 y 38. En el fondo del supermercado de la feria, estaba la sodería y al lado la rotisería. Ahí estábamos con mi papá, mi hermano Oscar y mi mamá.

No sé cuántos sifones de soda he llenado, pero cientos, seguro. Desde chico me crié con esa máquina. Mi padre empezó haciendo el reparto, los llevaba a domicilio atrás de su bicicleta en un carrito. Después pudo comprarse la máquina y poner la sodería. Hasta el día de hoy me acuerdo que la compramos en Liniers. Se instaló la máquina en ese lugar. Hacíamos el llenado y el reparto, con el viejo rastrojero de mi padre, mi hermano hacía el reparto. Antes en una moto, esas que tenían cajas atrás. Y bueno vendíamos al público en general, venías con tus sifoncitos y te los llenábamos-recuerda.

“Soda Lapolla” era el nombre. Mi papá falleció muy joven a los 57 años, en el 78 y bueno, yo odiaba honestamente el negocio… Me crié ahí forzosamente, era obligación estar ahí, a la salida del colegio, mientras todos mis amigos se iban a jugar y yo tenía que estar metido en ese negocio y lo odiaba.

Hoy le agradezco a mi viejo la formación y la educación, pero a esa edad no lo entendía. Y bueno cuando él falleció mi hermana me dijo seguimos con el negocio. Yo tenía mi propio trabajo, no quería saber nada, ya estaba en la policía. Después de un tiempo lo vendió”.

La historia de los sifones

Al vender el negocio los sifones que teníamos fueron a parar al galpón de la casa de mis padres. Mi hermano dijo un día: “¿dónde están esos sifones? Me voy a traer algunos para tener de recuerdo”. Cuando va a ver, no los encuentra. Mama le dice: «pasó un botellero y le di todo lo que había en ese galpón, era una mugre bárbara…» Y no quedó ninguno.

Mi hermano empezó una batalla hasta encontrarlo hace dos o tres años. Había publicado en todos lados. Un amigo le dijo que en la feria de Tomas Jofré había uno, y se lo compró. Consiguió uno Y me dijo: “voy a seguir buscando así te doy uno para vos”.

En Gorostiaga hay un almacén de campo muy viejo y le pasaron el dato que ahí había otro. El dueño le dijo: lo tengo de adorno, dame otro sifón y te lo doy. La nuera de mi hermano empezó a buscar un sifón, conocía a alguien que tenía una sodería muy grande, que tenían una fábrica camino al cementerio, pero no recuerdo. Le contó la historia el por qué y todo y le dijo: “le doy un sifón viejo, pero también tengo la máquina que era de tu suegro”. Y cómo empezó la pandemia no pudimos verla. Mi hermano si fue un día, pero el dueño no estaba, y como estaba tapada los empleados no la quisieron destapar. Mi hermano habló con el dueño, pero este le dijo: “mirá tiene un valor simbólico, y si te la vendo te tendría que pedir una fortuna”. Así que dijimos: con los años de vida que nos quedan, ¿qué vamos a hacer con la máquina? Además, nuestros hijos tampoco la usarían. El día que mi hermano me llamó y me contó eso me dio una emoción tremenda, porque nosotros pasamos años. Así que bueno, él tiene un sifón y yo tengo otro acá en mi dormitorio, en una repisa.

Pero tienen otra historia esos sifones- agrega. Cuando vinieron, cuando hicieron la marca del sifón, le pusieron el número de teléfono de mi casa, entonces todos llamaban. Como habían venido los nuevos envases, con mi hermano teníamos el trabajo de ir a borrarles el número de teléfono con un esmeril. Así que odié esos sifones, la máquina, todo… (risas).

Y las horas de supermercado, en la fiambrería. Yo llegué a ver la leche que traía el tambero en los antiguos tachos de leche. Después vino la leche pasteurizada. El dulce de leche, por ejemplo, venía en una caja de cartón grande y te vendían por peso en una bolsita de nylon, o te traían un pote. Lo mismo con el queso. Todo se cortaba en pedazos. La manteca también, venía un pan gigante y vos ibas cortando. El recuerdo de esa gente es maravilloso, porque era otro mundo”. 

El fútbol

Jugué al futbol en Gimnasia y Esgrima. Llegue al club con 15 años. Jugué en 5ta, 3ra y primera. Roberto Caracoche me hizo debutar en la primera antes de cumplir los 17 años, fue casi un segundo padre para mí, que estuvo conmigo siempre, muy amigo de mi papá. Yo fui a Gimnasia a los 15 años aprobarme en 5ta división. El técnico de 5ta me dijo: «mira que el técnico del primera me preguntó por vos”.  Yo iba a la cancha a ver los partidos. Un día, no tenía 15 años todavía, me vino a buscar Roberto Caracoche y Carlitos Cabrera. Hubo un problema porque se habían peleado los jugadores y tenían que suspender algunos (Ballesteros, Biglia). En ese tiempo no existía el celular, así que me encontró en la casa de mi abuela materna. El sábado había jugado en 5ta un partido y me dijo: «mañana vas a jugar en primera. Esta noche andate a dormir, ponete guantes de boxeo, y dormí, cuidate». No me olvido más de esa broma que me hizo, por la edad. Y debuté contra el Club Del Progreso, que eran los más flojitos de Mercedes, e hice un gol el día del debut. El sueño del pibe. Gimnasia tenía un equipazo, fue 5 años seguidos campeón de Mercedes: El zoilo Carmona, Pego Biglia, Quique Gopar, «El negro» Castro en la defensa, Carlitos Rodríguez, Maneco Ruiz Díaz, Quique Escudero, Regueiro de 3. No me quiero olvidar de ninguno. Un equipazo- recuerda. 

También hice 2 años de inferiores en Vélez Sarsfield de Liniers.

Un tiempito después que vine a Junín ya tuve que dejar el fútbol. Al principio, un tiempo me las arreglaba y cambiaba la guardia los domingos, pero no podía entrenar. Y así el fútbol me dejó a mí”.

Destino Capital

“Un día me pegaron un voleo desde Junín a la Policía Federal y aparecí en Capital Federal en un curso que se hacía, en la época de Alfonsín, donde las policías del interior hacían huelgas, entonces la Policía Federal tuvo que armar un grupo de 450 hombres para cubrir esos objetivos federales en el interior del país en caso de huelgas. Para un policía federal lo peor es la guardia de infantería o la montada, tenés que tener una verdadera vocación para estar en esos lugares. Si de una comisaría te mandaban ahí es porque iba castigado. Un día, estando en Junín, me llega una comunicación de que me tenía que presentar a las 8 am en el Cuerpo de Guardia de Infantería. Esa noche no dormí, porque dije chau, soné. Una de las cargadas es la siguiente: la policía trabaja 24 x 48, 24 horas de servicio por 48 de descanso; pero al cuerpo de guardia de infantería se le dice 24 x nada, porque siempre están recargados, se tiene que quedar, prácticamente no tienen francos. Al final, se hizo ese grupo y fui ahí, por más que nunca pasó nada. Nos morimos de frío 2 meses en la Montada haciendo formación y entrenamiento. Un frío tremendo, una anécdota que no sirvió de nada, porque nunca nos mandaron a ningún lado. De ahí me destinaron a Capital y ya me quedé ahí.

En el ´87, encontré un trabajo, el actual que tengo, hice durante dos años los dos trabajos a la vez, pero después me fui de la policía en el 87. Me pedí la baja porque no tenía la antigüedad necesaria para pedir el retiro. Me quedé en mi actual trabajo. Era una cuestión económica. Ahora soy encargado de edificio, en la zona de Recoleta. Un edificio común de diez semipisos”.

La vecina famosa

“Mi vecina es Ana María Picchio. Ella vive pegada y nuestros balcones se comunican. La conozco desde que se mudó acá. Mi vieja era muy fanática de una novela que justo hacía Ana María. Un día estábamos en la puerta con mi vieja y Ana María viene con el auto y obviamente mi vieja la saludó, se sacó una foto y todo. Ana María después me daba entradas para el teatro, incluso con su madre tengo buena relación. Yo estoy en el décimo piso y ella tiene un dúplex del 9 y 10. He estado muchas veces en su casa porque me ha pedido favores. He hecho arreglos como encargado en su casa.

Me llevo muy bien con todos los vecinos. En un edificio, por ejemplo, yo tengo 17 departamentos, pero hay otros edificios de 100 departamentos, y siempre hay dos o tres que se quejan. No importa la cantidad de departamentos que tenga el edificio, siempre hay dos o tres. Pero más allá de eso tengo una relación con el 98 %. Hace 37 años si llego vivo al año que viene. En el mismo pudimos comprar un departamento. La idea es jubilarme y seguir viviendo acá. El edificio está en la calle Agüero y Beruti, a dos cuadras de la avenida Santa Fe, y de la Estación Agüero de la línea D y a 4 cuadras del Shopping Alto Palermo. Una zona espectacular, no pasa nada, es tranquilo”- dice.

Mercedes

“Gracias a Facebook me han llegado fotos que no tenía del fútbol. Hace poco me encontré con los hermanos Muñoz que habían sido compañeros de Karavell y del fútbol. Me he encontrado con mucha gente. Obviamente en Mercedes está mi familia, mi hermano, sus hijos, mis hijos y mis nietos.

Recuerdo la época de la infancia que nosotros tuvimos, que no va a volver. Algo que estos chicos que hoy viven, no saben lo que nosotros vivimos. Yo siempre digo esta frase: «Éramos felices y no lo sabíamos…» Porque nosotros tomábamos el agua de la manguera, uno bombeaba y todos poníamos la cabeza debajo del agua. Nos quedábamos jugando en la canchita por horas hasta que no veíamos más la pelota. Después nos juntábamos bajo la luz de la esquina a seguir pateando. Andábamos en bicicleta, salíamos y veníamos a cualquier hora. Era otro mundo, yo lo veo porque vivo en un edificio, los chicos vienen del colegio y no salen hasta el otro día que vuelven al colegio. Nosotros tuvimos una infancia admirable, hermosa, de amistad, los asaltos cuando crecimos.  Era poner música e ir a bailar. Los días de carnaval, cuando todos en el barrio salían a tirarse baldes de agua, corrían y se mojaban. Eso fue algo inolvidable. 

Mercedes estará en mi recuerdo eternamente, donde pasé momentos, como todos, duros, porque mi papá murió muy joven a los 57 años, y también maravillosos recuerdos, pero bueno es parte de la historia de la vida y la historia de cada uno. Siempre digo que el que olvida sus orígenes no tiene ni futuro, ni pasado, ni presente, y Mercedes es todo, aunque después uno haya tenido que salir de ahí, vivir su historia, y seguir el camino que le tocó”- concluye.

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