“Soy un tipo serio”

Por Fernando Pachiani

Nació, creció y se formó en Mercedes. Sus primeros trabajos actorales los hizo en esta ciudad. En la década del 60 debutó en radio y televisión. Le gusta leer, escuchar música, escribir obras y ver películas de arte. En 2012, durante la entrega de los Premios Podestá recibió una medalla conmemorativa por los cincuenta años de afiliación a la Asociación Argentina de Actores.

La educación en Mercedes

“Yo nací el 3 de abril de 1939 en Mercedes. La pasé tan bien, tan lindo ahí- nos dice Juan en el comienzo de la charla. Al primer colegio que me mandaron fue al Colegio Misericordia, allí cursé hasta tercer grado porque después dejó de ser mixto, entonces me pasaron al Colegio San Patricio. Ahí fue donde armé el grupo de teatro “La Barca” donde hicimos teatro moderno que nunca se había hecho en Mercedes.  Recuerdo que hicimos clásicos como “El zoo de cristal” de Tennessee Williams o “El inspector” de Gogol. “Soy un actor dramático frustrado”, digo medio en broma y medio en serio. Otra obra que hicimos fue “Demanda contra desconocido” de Georges Neveux; en la Biblioteca Sarmiento también hicimos teatro. En ese momento yo tenía 17 años, éramos todos muy jóvenes y como tales transgredíamos con lo nuevo. En definitiva, era lo que buscaba yo y luego llegó lo que quería, el poder llegar a Buenos Aires.

También tengo muy lindos recuerdos del Colegio Nacional en la secundaria, con compañeros muy lindos, con profesores de los cuales recuerdo sus nombres y apellidos.

Por ejemplo, a Beba Manso, que dictaba matemática, una materia que yo odio…(risas). Cuando teníamos una prueba, ella nos decía: “saquen una hoja” y yo al rato la entregaba; ella me decía: “esta hoja está en blanco, ¿por qué?” y le respondía que no había estudiado, porque no me gustaba esta materia. Lo peor que le podés decir a un profesor, es que no te gusta la materia que está enseñando.

Me acuerdo del profesor Esterovich, de física y química; Piaggio, de matemática.  A Teresita Redondo, a Taboada, Mazzuca, Casaretto que era el rector del Colegio. Tropiano, profesor de gimnasia, Santoro otro profesor también, todos docentes que aún recuerdo con mucho cariño.

Por supuesto que también me acuerdo de muchos compañeros con los que compartí aquellos años como por ejemplo Federico Bauchen, con quien éramos muy amigos. Luego se vinieron a vivir a la localidad de Haedo, a donde me invitaban a pasar vacaciones. Federico Raffo, quien tenía diez hermanos; Iglesias Berrondo; Casaretto, hijo de Fernando. En la secundaria hubo grandes amigos como “Fifo” Roggero, Santiago Roggero, Chamaco Coaraza, Hernán Botta y muchos más. Los recuerdo a todos, también a Carmen Gioscio con quien nos seguimos hablando, nos mandamos mensajes, nos llamamos para los cumpleaños, al igual que con Cristina Canatta.

Al final debo confesar que no terminé la secundaria. Fui hasta cuarto año y como soy de esos que no hago lo que no me gusta, no estudiaba ni matemática, ni física, ni química, y entonces me las llevaba a examen. Ya cuando paso a cuarto tenía que repetir y entonces como en esa época había retroactividad por las materias, debía volver a segundo. Entonces dejé y ya me aboqué a buscar trabajo acá en Buenos Aires, una actividad, porque me gustaba mucho el teatro independiente y la cosa luego se fue para el lado del humor.

Pasa que como soy un tipo serio, hago las bromas, pero no me río, entonces era como poner cara de ángel y casi siempre mandaba a otro a hacer la broma, yo era el autor intelectual…(risas). Así fue que me expulsaron en cuarto año del Colegio Nacional porque puse una bomba de mal olor.  Pasó en una clase de Castellano, con la profesora Adelma Cuesta – confiesa.

Después nos perdonaron, pero nos dejaron con 24 amonestaciones, cosa que sí hacíamos algo más, afuera”- agrega.

Un gallego en la familia

“La verdad que en Mercedes nunca tuve familiares, como digo con humor, mejor nunca tenerlos, siempre te piden cosas, se están metiendo, entonces cuánto más lejos están mejor…(risas).

La verdad es que tengo a toda mi familia acá en Buenos Aires. Quizás lo que muchos no saben es que soy de ascendencia irlandesa, por eso digo con humor que Díaz es un gallego que se metió en la familia.  Yo hablo inglés de chico, lo aprendí de escuchar a mis primos, mis tíos, mis viejos, y luego fui aprendiendo el castellano al ir al colegio. Los familiares están todos acá, en Buenos Aires”- señala.

La relojería Díaz

“Los de la relojería era impresionante en esa época. Yo tendría unos 13 años. Mi papá era un monumento al trabajo. Cuánta venta había, porque tenía la mejor clientela de Mercedes, y vendía diamantes, rubíes, brillantes, relojes; y estaba siempre lleno y se vendía como quien vende pan hoy. ¡Cómo ha cambiado todo!

 La relojería estaba en donde es la recova. Eran cinco vidrieras, tres daban sobre la misma recova, es decir, sobre calle 27 y otras dos, sobre calle 24. Tenía tres puertas de entrada, unas vitrinas altísimas- recuerda.

Mi papá era un gran relojero, relojero de taller, de hacer reparaciones, no solamente un comerciante. Además, atendía el reloj de la Iglesia Catedral. Subía esas interminables escaleras. Recuerdo que mamá protestaba por los escalones y el miedo que papa se cayera. Pero él tenía una obligación moral con la ciudad, con la gente. Tenía problemas con la Municipalidad que le pagaba muy poquito y a veces atrasado, pero él lo hacía igual porque no quería que dejara de andar, porque era el reloj de la ciudad. A veces a los repuestos que necesitaba para el reloj, los tenía que fabricar él mismo.

La relojería en la recova creo que estuvo hasta que yo tuve unos 20 años. Fue en toda mi época de primaria, secundaria y un poquito más. Calculo que habrá sido hasta 1958 o 1959… Luego se mudó a calle 22, aunque algo más chico y con el tiempo dejó de trabajar. Mi viejo fue increíble, nunca tuvo un resfrío”- recuerda.

Cuchuflito

“Lo de mi apodo me lo han preguntado mil veces- dice. La verdad que es una deformación, viene de cuchufleta, chanza, broma, tomadura de pelo y fue un producto que yo vendía en televisión en Telecómicos, un ciclo televisivo que se emitió entre 1962 y 1973. Obviamente no lo vendía en serio, era el tiempo de la televisión en vivo, todo iba en vivo, y como autor que también soy (colaboré mucho con Camarotta, con Hugo Sofovich y otros), inventé un personaje que le salía mal el aviso. Yo empezaba hablando de un producto al cual detallaba y de marca “Cuchuflito”. Luego que lo presentaba se rompía, era malo el producto. La marca del producto la inventó Aldo Camarotta, entonces la gente me empezó a decir en la calle Cuchuflito. Entonces le dije a Aldo que en la presentación me pusiera Juan Díaz Cuchuflito. Esos eran mis comienzos y querían que me conocieran. Así me quedó para toda la vida Cuchuflito. El nombre es cómico, da para el humor. El muñeco Cuchuflito era enclenque, débil, frágil. La enorme popularidad del programa hizo que enseguida ese mote se usara, inclusive, en la calle para señalar a los extremadamente flacos-dice.

Empecé en la radio en el año ‘62, en el programa Farandulandia, con Aldo Camarotta. Ahí también comenzaron Tristán, Calabró, Mario Sapag, Mario Sánchez, Beto Cabrera, Carlitos Balá, Guillermo Rico… Se emitía por Radio Belgrano, en el salón auditorio, con público y orquesta. Era como hacer teatro. Después se armó Telecómicos y pasó a la televisión.

En Telecómicos, yo era Cuchuflito principalmente, pero también participaba de otros sketches: era, por ejemplo, el encargado de la barra en el que Tristán era mozo y Juan Carlos Calabró un parroquiano que intentaba seducir a Mariel Combert.

También trabajé junto a Calabró en Calabromas, donde recuperé al muñeco Cuchuflito y también hacía de Juanchi, el amigo de Aníbal, el number one. Y compartí elenco con la mayor parte de los grandes cómicos de la escena nacional: Alfredo Barbieri, Fidel Pintos, Pelele, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Juan Carlos Altavista, Juan Verdaguer. Y también con las máximas divas: Moria Casán, Mirtha Legrand, Susana Giménez.

Hoy noto que le falta humor a la televisión argentina. Yo miro a Tato, a Capusotto y a Gasalla que son los tres únicos programas de humor con repetición que hay. No existe el humor, hay vulgaridad, grosería, se habla muy mal. Yo digo con humor: “si querés hablar o escribir mal, mirá televisión” … la televisión abierta está muy mal”-concluye.

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