“En Mercedes viví una infancia hermosa”
Por Fernando Pachiani
Vive en Neuquén desde 1979. Es psicóloga y supervisora de equipos de cuidados paliativos y salud mental. Además, fue docente universitaria. Tiene 4 hijos y 6 nietos.
Los años en Mercedes
“Nací en Mercedes en el año 52- comienza a contarnos Mabel. Mis padres trabajaban en Sadaic. Después nos fuimos a vivir a Azul, pero estuvimos toda la infancia, hasta mediados de la primaria en Mercedes. Tengo muy buenos recuerdos.
Vivíamos en la calle 22 entre 23 y 25 al lado de la tienda «Tundidor y Lavanda». Era en pleno centro porque mi papá tenía la oficina al lado de la casa, con esas puertas altas y esos escaloncitos- recuerda.
Fui a la Escuela Normal. Hice la primaria allí. Recuerdo mi jardín de infantes con la maestra Coca Mañas, ella tenía toda una cosa con el arte, nos hacía actuar. Fue una experiencia hermosa que aún recuerdo con mucho cariño. Es la que más recuerdo y la que más quise. Ella siempre me quedó muy grabada. Tuvimos una relación muy cercana. Ella una vez me eligió para una obra de teatro. Tengo un recuerdo entrañable. Algo muy significativo era que ella tenía dentro de su roperito unos frascos con agua blanca que era el solucionador de todos los problemas. Te lo ponías y te curabas. Ella te decía: “a ver vení”, te ponía eso y se te pasaba todo.
Coca nos preparaba. Ella nos hacía los textos y nosotros nos lo aprendíamos de memoria y actuábamos en los actos. Una vez a mí me dio un texto. Esa es una anécdota muy cómica, me dio un texto por el 25 de mayo, que tenía que ver con la libertad. Tenía una letra hermosa, nos daba todo escrito a mano para que lo podamos leer. Nos hizo hacer un acto y yo tenía que liberar un pajarito que estaba en una jaula y el pajarito no se quería ir… y ella decía: ¡vuela pajarito! fue muy gracioso.
El piano de la Escuela Normal también era maravilloso. Recuerdo también a la profesora de música, la “Moyota” le decían, creo. Ella vivía en una casa inmensa y hermosa, tocaba el piano y los chicos la cargaban porque era una bestia con nosotros, y tenía su gato gigantesco. Ella decía que yo cantaba muy bien. Un día fui a su casa y ella me grabó porque me decía que tenía que presentarme en no sé qué…yo quedé impresionada por el olor de la casa. Un día mi papá que era muy divertido para contar historias y me dijo: ¿sabes que hizo la «Moyota»? le dejó la casa de herencia al gato. Algún mercedino se debe acordar de eso…(risas)
Recuerdo que también mi mamá era parte de la cooperadora de la escuela.
En Normal conocí a muchas amigas. Con la que me comunico por Facebook es con Silvia Luna, que integra la comisión de Biblioteca Sarmiento. Aixa Gondel, que la conocí en el jardín de infantes, seguimos siendo amigas y la veo cuando voy a Buenos Aires. Raquel Dulevich, que está viviendo en Canadá en este momento.
Hay gente que en este momento la estoy recordando y otras personas que me voy encontrando increíblemente en el camino, y que tienen un recuerdo nuestro. En facebook encontré una noche una foto de mi hermana Diana, que falleció cuando tenía 22 años, pero iba a la misma escuela. Y la vi en el grupo “Mercedes en el recuerdo” y me emocionó mucho”.
La familia
“La mayor de la familia es Cristina, después sigue Diana y después yo; y Felipe, el famoso, el más importante. Felipe era como nuestro juguete, imagínate después de 3 mujeres.
Cuando yo pasé a 5to grado ya me fui a Azul, porque a mi papá lo trasladaron. Así que Mercedes para mi es mi infancia, el río, la siesta, las mandarinas, los duraznos, el queso curado, las chacras, los campos, los asados y muchas cosas muy importantes.
Yo creo que no es menor lo que me liga a Mercedes. Mi papá estaba vinculado al Centro de Egresados del Colegio Nacional y como gerente de Sadaic, todo eso hizo que nos trajera la cultura y el arte a casa, nos llenó de conocidos que para todos eran gente muy importante y famosa, como artistas y músicos y para nosotros era lo más natural de la tierra. A Mercedes la reconozco muchísimo por la cultura y el interés cultural.
Además, mi papá también dirigía obras de teatro. De ahí me vino el amor por las letras y el teatro… por algo mi hermano aceptó eso. Mi papá hasta nos leía el diario. Nosotros no teníamos televisión. El primer televisor lo tuvimos en Mercedes, o sea alrededor de los 10 años tuve televisor. Por lo que crecimos escuchando toda la noche la radio y el radio-teatro. Lo que tenemos en la familia es todo lo que mamamos de mi papá.
Mi mamá trabajaba a la par de mi papá. Pero bueno mi mamá estaba mucho con nosotros, crecimos en familia. La casa era enorme. Teníamos una habitación que era todo: aula, salón de juegos… y ahí jugábamos a la escuela, hasta nos consiguió un banco de escuela”- recuerda.
Los recuerdos de la infancia
“Yo siento olor a mandarinas y me transporta a la infancia. Y el de los duraznos también porque en los veranos íbamos a buscar los cajones a las quintas, con mi papá. ¡Recuerdo que eran enormes! Y ni hablar los salames. Mi infancia es el río, el club.
Mis papas nunca se tomaban vacaciones. Con mi papá recuerdo recorrer oficinas e imprentas. Mi papá trabajaba en el diario, tenía dos columnas, era medio periodista, en el diario El Oeste.
Se me viene a la memoria con estos recuerdos el olor a naftalina que tenían las mujeres cuando iban a los conciertos. Era hermoso, yo como niña, mirar ese despliegue. Y una cosa que me quedó grabada para siempre fue la representación del “Diario de Ana Frank” en ese teatro maravilloso del Colegio Nacional.
Te cuento que un día estaba muy enferma y vinieron a mi casa los hermanos Ávalos y se pusieron a cantar para que yo me sienta bien y deje de llorar… Mi infancia fue hermosa en Mercedes.
Yo les cuento a mis nietos, que tengo 6, les cuento que venía el caballo cuando alguien se moría en la ciudad y se quedaba en silencio hasta que pasaba el cortejo, que pasaba el lechero, el panadero, el verdulero, que había calles de tierra…Otra cosa que siempre me acuerdo por la canción de Serrat son los barquitos de papel, jugábamos siempre a eso cuando llovía. Tengo hermosos recuerdos. Jugábamos en la vereda y no había ningún problema.
En algún momento mi papá tuvo un auto muy viejo, creo que un Chevrolet, mi hermano me va a retar, pero yo no recuerdo tanto de eso porque nos manejábamos todo a pie. Íbamos al cine, como si fuera nuestra casa. Cuando veo la película «Cinema Paradiso» me pongo a llorar porque es lo que hacíamos en Mercedes, nos escapábamos al Cine Español.
Tengo una cosa epidérmica, amorosa con el lugar porque lo disfruté, por cómo era la ciudad, las cosas que podíamos hacer. Cosas que te marcan. Los momentos más lindos que vivimos fueron allá en Mercedes.
Yo tengo algo en mi retina: un señor que en cada Navidad armaba un pesebre gigantesco, todo un montaje. Mi papá nos llevaba a que lo viéramos. Nosotros también hacíamos pesebres en una iglesia, enfrente de una Plaza, San Luis, supongo, no recuerdo bien. Y de otra persona que tengo un recuerdo impresionante es del fotógrafo Waiser, todos se iban a sacar fotos con él cuando se casaban o para los cumpleaños. Salíamos a ver cómo entraba la novia y les pedíamos monedas a los padrinos.
Con Felipe solemos hablar sobre Mercedes. Tenemos anécdotas divertidas con gente de nuestra infancia. Angelito Biaggini, lo recuerdo con mucho cariño. Creo que era portero, y venía a casa a arreglarnos los pisos, que eran de madera. Él era muy divertido. Quizás mi hermano por frecuentar Mercedes lo tiene más vívido.
Yo fui pocas veces después a Mercedes. Yo hace muchísimos años que no voy. Pero ya te digo, hablamos mucho con Felipe, nuestros hijos son como mejores amigos, estamos muy en contacto. Vienen muchísimo acá, pasamos navidades…
Estamos muy cerca y también hablamos de cosas que quedaron en el imaginario porque él era muy chico y yo también, cosas que nos marcaron el estilo de vida. El hecho de que mi casa sea tan grande, tenía muchas galerías, teníamos que salir corriendo para no empaparnos. Cosas de cierta precariedad pero que nos unieron mucho, al habitar un lugar tan grande. Con el tiempo lo remodelaron, le hicieron un vestíbulo, así lo llamaba mamá, para que el patio se haga más chiquito, y ahí comíamos mandarinas con mi mamá”.
Diana
“Mi hermana Diana se enferma cuando estábamos en Azul. Tenía una cirrosis hepática congénita y fallece a los 22. Yo estudiaba psicología, soy psicóloga, y ella estaba muy enferma. Falleció siendo muy muy jovencita. Mi papá se lo tomó tan mal que murió también muy joven. Viajaba mucho y no se cuidaba. Tenía algunos avisos de que podía llegar a tener algún problema circulatorio, y falleció a los 61 años. Fue muy fuerte para nosotros.
Por ejemplo, con Diana compartíamos la habitación y toda la infancia. Íbamos a la misma escuela, tengo unas fotos en la puerta de la escuela Normal juntas, con las valijitas de cuero. Como no las podíamos cambiar porque no éramos tan ricos, entonces las cosíamos un día antes de que empiece la escuela. Mi papá las lustraba y le pasaba pomada.
Mi mamá, en cambio, vivió hasta los noventa y pico. Falleció hace 5 años. Algo muy lindo de recordar es que se dedicó a pintar y a actuar, y durante mucho tiempo estuvo en un grupo de teatro, en San Martín, donde vivía. Quiere decir que de alguna u otra manera todos hemos hecho algo con respecto a lo artístico. Pero lo más lindo es lo que pasó con Felipe. El de chiquito ya mostraba su enorme interés por la historia.
Mi papá tuvo mucho que ver con eso, porque si vos le pedías discos o libros él te los compraba y te lo daba, era palabra santa. Mi casa era eso. Estaba llena de libros fascículos, revistas, se respiraba eso”.
Felipe
“Cuando Felipe era chico, o sea los años que vivimos en Mercedes, no daba señales todavía de lo que le gustaba, pero después sí. Él se la pasaba leyendo y sobre todo cuando se inclinó mucho a lo que tiene que ver con los egipcios, la historia antigua. Y después porque tenía muchas dotes expresivas para contar cualquier cosa, la que fuera. Realmente fue ese deleite de todo el mundo escucharlo, pero no solamente por la forma de ser de él, que como lo ves, así es. Conmigo pasa otro tanto. Somos muy sencillos. Y él no es un vivo, al contrario. Para mi papá, Felipe estaba destinado al éxito, él estaba ansioso de tener un hijo varón y que se llamara como él. Felipe vino a eso: a hacer cosas que papá creyó, pero hizo otras cosas con su escuela. De hecho, Felipe trabajó con él, porque mi papá era representante de artistas y juntos trabajaron mucho tiempo, Felipe y mi papá. Ahí aprendió el tema de entrevistar, vincularse desde otro lugar con la gente famosa. En mi casa podía estar Mercedes Sosa, Jaime Torres… Él lo transformo en eso, en “¿qué fue de tu vida?… charlando coloquialmente con gente importante.
Estaba destinado a ser importante, al menos lo era para nosotros, y después se transformó en una profesión. Estamos muy orgullosas de nuestro hermano varón”- concluye.







