“Sigo teniendo un amor especial por Mercedes”

Por Fernando Pachiani

Hace más de 30 años que se fue de Argentina. Con su esposo y sus hijas pequeñas decidieron radicarse en España en la década del 80. Residen en Santander en un lugar frente al mar.

Mercedes en verano

“Yo nací en Mercedes hace muchísimos años, pero he vuelto mientras las niñas eran pequeñas todas las navidades- comienza a contarnos Viviana. La pequeña de mis hijas, Celina, decía: “me encanta Mercedes porque siempre es verano”, claro porque siempre íbamos para fin de año, con lo cual era disfrutar de la piscina, los primos, pasarla bien. Hace 34 años que me fui y todavía ellas, que son españolas, siguen teniendo el amor por Mercedes. Podía darme el lujo de ir un mes antes… pero cuando las chicas empezaron con la facultad ya espaciamos más, empezaron a tener su vida… De todos modos, mi madre vino todos los veranos, que acá es invierno. Y mi hermana Adriana viaja todos los años… Estamos mucho en contacto.

Yo vivía en la calle 10 y luego en la calle 19 y 20. Mi hermana Leticia Julián sigue ahí pasando consulta, que es dietista. Todavía ahí está la casa materna. Los recuerdos son fundamentalmente de colegio. Otra cosa que me acuerdo mucho es de los corsos de Mercedes. Algo que no se vio en otros lados. A mis niñas les encantaba. Fueron muy entrañables. Yo he participado de una comparsa con Amalita Tabossi, que era la reina, y María Mercedes Uncal. Me acuerdo que andábamos ahí, la pasábamos genial, que gracioso. Una vez me encontré con amigos de Madrid, y me encontré a amigos de María Mercedes Uncal. El mundo es un pañuelo. Me acuerdo de un año que nos disfrazamos con unas amigas, nos pusimos unos batones y almohadones, con un calor que nos sofocábamos, y salimos a vacilar a la gente…

Iba todo el mundo al corso. Lo encuentro algo absolutamente entrañable. Durante muchos años he tratado de mantener la nostalgia. Pero últimamente el tema de la pandemia me ha puesto muy vulnerable. Era muy angustiante, yo vivo frente a la playa y no ver un alma… Fue terrible.

Ahora me permito más aflorar mis sentimientos. Y me permito decir las cosas. El carnaval, era divertidísimo. Andaban los primos con bombitas de agua. Y se han divertido muchísimo. La suerte que tuve yo es la que van a tener mis nietos, que tengo 6, había mucha pandilla, todos tienen la misma edad… Eso es algo muy bonito que tuvieron mis niñas de disfrutar allá. Acá no hay esa sensación de pueblo pequeño.

Algo que es un valor muy grande”- señala. 

Primer acto de rebeldía

“Yo fui al Colegio Misericordia desde parvulita hasta el final. Ahí pasé todos los años de mi vida.

De la única profesora que me acuerdo es de Aurorita Candeira, que era mi profesora de castellano, y gracias a ella le debo que no tengo faltas de ortografía. Sufríamos muchísimo con los dictados que nos tomaba. Adoro la literatura, creé un grupo acá en Santander. Y todo eso se lo debo a esa profesora. A mí me gustan las letras. Era una profesora exigente y de las que te dejan huella. No era querida porque era de las duras, pero es esa gente que te deja huella.

También tengo recuerdos de compañeras como Ana Clara Gradín. Íbamos a la típica confitería Jucalá. Qué bien que la pasábamos con tan poco, porque era una casa con un poco de música, no tenía nada. Íbamos al bowling. Me acuerdo que una vez estábamos ahí, tendríamos 14 o 15 años y llega la policía a pedir documentos. Estábamos en el 73 o 74 y me acuerdo que con mi hermana y Adriana nos escondimos en el baño.

Subieron a todos a un autobús y en eso golpean el baño y nos abren la puerta. Era un chavalito que tenía unos pocos años más que nosotras. Y cuando nos sacaron, la gente miraba y parecíamos delincuentes. Y mi hermana que era muy audaz, hace un recodo y se mezcla entre la gente, y yo la sigo. Y zafamos. Fue el primer acto de rebeldía. Nuestros padres nos mataban si nos tenían que ir a buscar a la comisaría.  Era un domingo, nos volvíamos temprano porque al otro día teníamos colegio. Pero bueno son cuentos que te quedan. Tengo más de 70 años y todavía me lo acuerdo con mucha nitidez y para el día de la primavera íbamos con los Révora, Silvina Zubeldía, y sí nos reuníamos en la plaza san Martín y se armaba el gran baile”- recuerda.

Los estudios superiores

“Cuando finalicé la secundaria me fui a estudiar con Adrián Uncal Basso. Vivíamos en un pensionado muy bonito. Estamos conmemorando a través de un chat los 40 años de egresados que cumplimos. Volvía todos los fines de semana. También tenía novio en Mercedes, así que salíamos desesperados a tomar el tren a Once, los viernes a las 6 de la tarde… Era muy entretenido.

Me pasó después que me puse de novio con mi marido y ya después no me interesó más Mercedes. Yo me acuerdo que Adrián me decía: “yo te voy a presentar uno que te va encantar”, porque era todo lo que a mí me gusta: bien educado, hijo del catedrático.

Él era jefe de trabajos prácticos míos, en tercer año, y empezamos a salir y hoy seguimos juntos. Ya después dejé de ir a Mercedes. Ahí tuve que empezar a estudiar más y a ser más formal. Así que ventaja ninguna- aclara.

Luego me casé. A mí me iba muy bien en Buenos Aires. Estábamos en Argentina bien, cuando terminé la facultad, creo que estaba Alfonsín.

Pero vinimos a visitar a unos amigos, y quedamos fascinados con cómo se vivía acá. A nosotros nos habían entrado a robar en el consultorio, que fue muy traumático. Yo vivía en Olivos, y fue una violación de domicilio. Fue entrar a mi casa y encontrar todo patas para arriba. Me empecé a pelear con el país y me dije: «no quiero hipotecar mi juventud en un país que me maltrata». Y además porque había visto cómo vivían mis amigos en Europa. Entonces dijimos con mi marido, ahora que las niñas son pequeñas, aprovechemos para vivir un tiempo en Europa. Yo creo que nadie piensa que se va para siempre. Le dije a mi padre no te preocupes que en dos o tres años vuelvo. Y ya hace más de 30 que vivo en España”.

Con acento argentino

“A mí todavía me dicen la argentina, no se me va el acento… Pero por otra parte cuando voy a Buenos Aires me notan rara…  

A veces hablo en argentino, pero digo un coger y se horrorizan. Ellos opinan que nosotros hablamos muchos mejor que somos más ricos de vocabulario. Ellos dicen que nosotros somos más dulces y nosotros más toscos. Pero sí es cierto que los quieren a los argentinos… Ellos nos diferencian del resto de Latinoamérica. Nos ven como más europeos. Se sienten con nosotros mucho más afines. Tengo un amigo que cada vez que viaja allá vuelve fascinado de lo bien que son tratados y de lo amables que son. Y eso me llena de orgullo, me hace sentir bien. 

El club literario

“Acá formo parte de un grupo de amigos desde hace ya más de 10 años, hay profesores, gente que me hace el honor de acompañarme. Yo soy una absoluta aficionada. Pero el éxito de nuestro club es que llevamos algo más de 10 años de vida, de continuidad. Lo que hacemos es leer todos los meses un libro y nos juntamos en la casa de alguno de los integrantes a comentarlo, a compartir vivencias. Aún en tiempos de pandemia seguimos reuniéndonos. Te diría que somos como un grupo de terapia, somos muy amigos. Somos un club y tenemos nuestra intimidad. Tampoco pueden ser más de 10 porque si no ya no pueden hablar todos”.

La familia

“Gonzalo Barrancos es mi marido. Tengo 3 hijas: Lucía, mi hija mayor que es jueza, otra hija, Constanza, que es médica-cirujana, y Celina, que es arquitecta. Tengo dos en Madrid, y tengo dos hijas adoptivas en Mercedes, las hermanas Echaire, Emilia y Delfina, que son para mí como mis hijitas pequeñas, las hijas de mi hermana Adriana.

Mi madre se llama Marta del Oro de Julián. Ahora que soy abuela me doy cuenta todo lo que me ha ayudado.

Mi papá ya no vive. Mi mamá está bien, a pesar de los achaques. La ventaja que tenemos con las comunicaciones… Antes gastaban muchísimas pesetas. 

Ahora es gratis, algo impensable años atrás. De nietos, tengo 4 niñas y dos niños. 

Yo soy socióloga también y hay algo que me gusta mucho, el teorema de Thomas: todas las situaciones tomadas como reales, se hacen reales en sus circunstancias. Siempre lo use a esto cuando alguien se va del país o algo. Te imaginas una situación que te va a ir bien, qué haces; esa situación idealizada la hacés real.

Eso es lo que yo siempre quiero transmitirle a la gente que está por irse. Tiene que irse con las energías de que le va a ir bien, porque si se va mala onda, se producen otras circunstancias.

Yo creo que es fundamental, es cierto que todo el mundo que se va es un crecimiento, aunque te vaya mal. Porque salir de tu zona de confort es lo que te hace crecer. Hay un tiempo para cada cosa”-concluye.

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