“A todo Mercedes lo tengo en el corazón”

Por Fernando Pachiani

Está radicada en Israel desde la década del 80.  Vive en la ciudad de Petaj Tikva cerca de la casa de su hija. Durante 31 años vivió en Kiryat Yam, en el distrito de Haifa, una ciudad parecida a Mercedes, según dijo.

El adiós a Mercedes

De Mercedes me fui cuando terminé el secundario- comienza a contarnos Marta- partí hacia Buenos Aires para estudiar psicología. Como muchos, me fui al terminar el secundario. Por eso quiero mandar un saludo muy especial a mis queridos y amorosos compañeros de la promoción 68, con los que sigo en contacto.

Yo vivía en calle 24 y 39, estudié desde el Jardín de Infantes hasta que me recibí de maestra, en la Escuela Normal. Así que conocía todas las baldosas… (risas)

Fue una experiencia muy linda; siempre recuerdo el buen nivel de educación que recibimos allí, por lo menos en esa época era un nivel altísimo y de muy buena calidad.

Recuerdo algunas maestras como la Sra. Nilda Giorgetti, a quien tengo muy presente, y también de los profesores de secundario. La experiencia interesante es que como mi padre tenía su negocio en avenida 29, muchos de los profesores o maestros, lo conocían y pasaban, y siempre le comentaban algo de la hijita- dice.

Como compañeras tenía a las chicas de Uncal, Graciela Barbella, Nora Bufager, Bety Siri, Susana Sánchez, Laura Méndez. Son muchas, no quiero olvidarme de ninguna y la verdad es que están siempre todas presentes.

Hoy por hoy tenemos un grupo, donde nos escribimos y nos contamos cosas; pedimos por aquellos que están enfermos. Muy lindo grupo y nos saludamos para los cumpleaños también.

Lamentablemente los estudios superiores no los pude terminar. Resulta que yo me casé muy joven, mi marido falleció en un accidente, hecho que me impidió seguir estudiando. Él se llamaba Roberto Bibas y teníamos dos hijos muy chiquitos en ese momento, Natalia de siete años y Sebastián de tres.

Ahí empezó una etapa muy difícil, pero pude salir adelante dentro de lo posible. Cuando llegaron los años ochenta y pico fueron tiempos difíciles en Argentina, hecho que motivó que buscara nuevos rumbos y por eso me vine para Israel.

Bazar Mercedes

“Mi papá junto con su hermano tenían en avenida 29 y calle 26 un negocio de bazar y juguetería. Se encontraba enfrente de la parada de taxis, no justo sobre la esquina.

Se llamaba “Bazar Mercedes” y creo que funcionó hasta 1970 o unos años más. Luego mi papá se abrió de la sociedad y junto a mi mamá se instalaron en 25 entre 24 y 26, con el mismo rubro, y le puso de nombre “Bel-Mar”.

Esos años vividos en Mercedes fui totalmente feliz, tuve una infancia hermosa, donde podíamos estar libremente en la calle, tanto de pequeñas como de adolescentes, y con un compañerismo muy especial. Muy linda infancia.

Íbamos mucho a la plaza principal; hacíamos los picnics con la promoción en la Estancia San Jacinto… Esa infancia está grabada a fuego.

Destino Israel

Tras el fallecimiento de mi marido empecé a trabajar mucho en dos lugares, como maestra a la mañana y como vendedora por la tarde, otras veces en una oficina y así también con la ayuda de mis padres. La pensión era ínfima, cosa que llevaba a hacer otros trabajos.

Y como yo tenía familiares en Israel, dos primos, y como judía tenía la posibilidad de venir al país, donde tenemos el derecho a retorno y las ayudas necesarias para comenzar una nueva vida., me decidí.

Durante seis meses te dan un lugar para vivir y una ayuda económica, hasta que uno va aprendiendo el idioma y te vas largando a la nueva vida. Fue muy interesante todo ese proceso, crecí mucho más en este instante, es como que se abre un abanico y tenés otra visión mucho más amplia, por lo menos así lo vi yo. Fui progresando y contenta de estar tranquila, sobre todo, en varios aspectos, en la seguridad, sobre todo. Hay dos seguridades, una es estar en la calle caminando libremente, llevando el celular en la mano, con la cartera atrás, sin ningún problema. También es seguro cuando hay guerra, porque nos sentimos protegidos y tenemos lugares donde refugiarnos. No te voy a negar que no nos tiemblen un poco las piernas, pero nos sentimos con seguridad.

Y la otra seguridad es la del antisemitismo, que acá no lo sentimos – confiesa.

Cuando llegué aquí mi hijo ya tenía 12 años y mi hija 17. Así que al año ella entró a la universidad, primero estudió historia del arte y luego hizo el segundo título en traductorado.

La primera barrera fue el idioma. Yo no sabía nada, así que hubo que arrancar de cero; a los jóvenes le cuesta menos, y en mi caso costó, pero bueno, uno fue aprendiendo. Estuve 18 años trabajando en una farmacia y cuando empecé ahí decía, me voy, yo no entiendo nada. Me respondían: quédate que vas a aprender, y así fue. Terminé siendo la secretaria del farmacéutico.

Antes de la farmacia tuve otros trabajos, estuve en un comercio, di clases de español, pero este fue increíble, fui con una receta del médico a buscar un remedio y pregunté si necesitaban a alguien. Yo siempre llevaba mi currículum, lo dejé, y al otro día me llamaron.

Desde hace unos años estoy jubilada y ahora me dedico a la pintura, hago gimnasia, tengo abonos para ir a ver obras de teatro, etc. Por ahora pinto para mí, pero voy a tener que hacer algo porque ya no tengo paredes para pintar (risas). Y por supuesto me dedico a mis hijos y a mis nietos, ahora que me mudé estoy a unos diez minutos en coche de la casa de mi hija, así que me hago escapaditas para llevarles empanadas, que le gustan mucho – concluye.

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