En muchas ocasiones de acuerdo a qué día caiga la Nochebuena o el 31, con su consecuente Navidad y el 1º, se dispone la salida de nuestra edición al encuentro o reencuentro con sus lectores. De hecho hoy es martes, un día poco frecuente para que figure como fecha en la tapa de un semanario cuya tradición es de lunes. Claro que todo tiene su explicación y bien vale comentarla, no solo para compartirla sino para que tal vez algún desprevenido conozca cómo se elabora cada una de nuestras ediciones. Hay cada semana un trabajo previo que comienza apenas se concluye el anterior. Cada una de las personas que trabajan en ello son el diente de un engranaje que se aceita para llegar al objetivo final que no es ni más ni menos que el modelo terminado, lo que tiene usted en sus manos. Personal administrativo, diseñadores, periodistas, productores publicitarios, imprenta, admisión, repartidores o canillitas, distribución a kioscos, cobradores, colaboradores y otras personas que desarrollan tareas menores no menos importantes para el proceso. En resumen, un grupo humano, una empresa de carne y hueso. Con rostros visibles, con responsables, con vínculo directo con quienes son nuestros seguidores. Lo más destacable es que esto acontece desde hace más de 30 años. Desde el año 90. Desde aquellos años en los cuales los entendidos en materia de medios ya comenzaban a desarrollar hipótesis sobre las amenazas digitales y la inminente extinción del formato papel. Pero aquí estamos, desafiando los presagios con firmes convicciones y adecuándonos a los tiempos. Es innegable que los avances tecnológicos generan cambios de hábitos y no vamos a negar que los notamos, pero afortunadamente hay algunos que se mantienen, se sostienen y se defienden de manera consciente o Inconsciente. Protagonistas ha elegido un camino que siempre supo no sería fácil. Contamos con un portal de noticias digital, pero cuidamos aquello que vimos nacer y que tanto esfuerzo ha costado sostener. Ahora bien, no solo las decisiones empresarias se fundan en probabilidades, sensaciones o creencias, sino en certezas y realidades. Puede que hubiésemos elegido una reconversión digital sin más, si nuestro punto de partida hubiese sido lo que se viene, ese futuro que ya desembarcó y es presente. Lo cierto es que nadie fabrica un producto que luego no se consume. Sería una pésima ecuación. Precisamente si algo nos sostiene es la demanda de una fiel legión que cada semana nos reclama y nos permite entrar en sus hogares o sus comercios. Aquí nadie negará que aquel vigor de mediados de los 90 no se mantiene intacto, pero lo han sufrido los medios de formato papel de todo el mundo: Desde el Washington Post hasta La Nación. Ni qué hablar de lo que ha pasado en la región. Porqué pensar que nosotros no teníamos también que recorrer ese camino. Pero cuando puede aparecer una amenaza es fundamental detectarla, aceptarla y enfrentarla. Fue lo que hicimos. En la calle encontramos lectores y auspiciantes que siguen siendo la principal cuota de confianza que nos anima a extender la vida de la edición papel por tiempo indeterminado. O más bien por tiempo determinado, pero determinado no solo por nosotros sino también por ustedes, nuestros lectores, nuestro oxígeno para respirar cada semana. Estamos transitando fechas como la Navidad y el comienzo de un nuevo año, en las cuales nos tomamos licencias para escribir líneas con estos contenidos. No quiere decir que estas reflexiones no las realicemos en diferentes momentos del año. Especialmente cuando un lunes a la mañana llueve, cuando la logística de la imprenta tiene alguna demora o cuando suena el teléfono y una voz del otro lado nos dice, “¿salió el diario?… no me llegó…”. Caricia para nuestros oídos. Señal que alguien nos espera. Quién no quiere tener alguien que lo espere… Y que felicidad también poder ser compañía, porque no son pocos aquellos que nos hacen saber que viven solos y el lunes quieren tener nuestra compañía. Si nos posamos en la mirada individualista que tiene inmersa a buena parte de la sociedad serán cuestiones como estas, datos sin relevancia. Pero para este grupo de trabajo esencialmente humano, que convive con lo tecnológico pero coloca a las relaciones personales como “especie protegida”, son hechos generadores de satisfacción, de incentivo, una señal inequívoca que estamos vivos. Cómo no estar agradecidos, cómo no reconocer a todos y cada uno de los que sin ser parte son parte. En cada brindis, en cada deseo de estas Fiestas, también esos fieles lectores y nuestros auspiciantes que siguen apostando por nuestro producto, estarán presentes como parte importante y necesaria… que nos harán convertir por unos instantes en ese personaje de Héctor Alterio en Caballos Salvajes, para decir, “la puta que vale la pena estar vivos”. Gracias infinitas y Felices Fiestas.







