“Cuando me preguntan de dónde soy, yo digo Mercedes”
Por Fernando Pachiani
Hace casi 40 años que se fue de Mercedes. Es médico en el Hospital de Mar Del Plata donde reside. Integrante de una tradicional familia mercedina, lleva a Mercedes en la piel.
El barrio de la infancia
“Yo me fui de Mercedes a los 17 años y ahora tengo 55- comienza a contarnos Walter. Cuando me preguntan: “de dónde sos”; yo digo Mercedes. Debe ser algo que les pasa a todos, estamos arraigados, es donde uno vivió su infancia, su adolescencia, eso que te marca a fuego para toda la vida.
Yo vivía en la 26 y 45. Ahí está la casa de mis padres en la que ahora vive mi hermano. Ahí nos criamos, el barrio del Sapo, si mal no recuerdo. La 47 era de tierra. La 45 era de asfalto, pero para el lado de la 24. Desde la 43 entre 24 y 22 había un baldío donde jugábamos al fútbol, andábamos en bicicleta, remontábamos barriletes… Era nuestro lugar, estábamos siempre ahí, en el barrio o en la casa de Carlitos Brea o Sergio Mársico »el chino», los chicos que crecimos juntos. Íbamos a jugar al fútbol al instituto, a veces.
Digo siempre que fuimos los pioneros del fútbol 5. Nosotros jugábamos 3 contra 3 o 2 contra 2, el arquero era el poste del aro, había que pegarle para hacer el gol. En ese momento no había cancha de 5, así que jugábamos así. Los domingos, me acuerdo que en mi casa pasaban los chicos en caravana al cine. Desfilaban por la puerta de mi casa. Yo los conocía, porque a veces íbamos a buscarlos para jugar con alguno… Íbamos a jugar al ping-pong al Unzué, entonces teníamos muy buena relación. Ya en el secundario tuve compañeros que venían del propio instituto. Uno de los chicos hoy en día es abogado, nos vemos siempre. Chicos muy nobles, muy educados. Ahí lo teníamos a Abelito, que era de ahí… Antes de conocerlo en el corso lo conocí ahí.
Después de 30 años, nos reencontramos con los chicos del barrio, con Carlitos »el Tacu», seguimos conectados. Él no se despega nunca, te manda mensajes, te llama… Lo adoro. Con Sergio y con Gustavo Urpianello nos habíamos desconectado. »El Tacu» dijo: “nos tenemos que volver a juntar”. Sergio vive en Ituzaingó, en Parque Leloir. Dijimos nos tenemos que ver mínimo dos veces al año. Sergio canta, llevó el karaoke… Yo soy un perro bárbaro. Me decían: “vos tenés que cantar bien, es de familia…». Yo seriamente no puedo cantar, canto para joder. Antonio, mi hermano, sabe cantar viste… Le digo: »te das cuenta por qué soy la oveja de la familia, no puedo cantar ni el arro-ro»… (risas)
Yo toco algo la guitarra. Una vez »El Tacu», me manda una foto de un 31 como a las 2 am medio en pedo en el arroyo de oro, tocando la guitarra y tomando vino. El tema era “Manso y tranquilo» de Piero, que era para cortarse las venas, pero tiene dos acordes y me lo había aprendido. Y le digo: »es la única canción que aprendí y ya me la olvidé». La música me gusta, escucho mucho, y canto en la ducha nada más…
Yo vivía con mi papá y mi mamá. Nosotros éramos 7 hermanos, de los cuales, yo era el más chico, el más mimado. Pegado a mi casa vivía uno de mis hermanos, el mayor de los varones y tenía mi sobrina 6 meses mayor que yo, se crió conmigo. Ella es Silvana. Nos criamos juntos, fuimos a la escuela, teníamos la misma edad, compartimos amigos… Mi hermano Jorge nunca se fue de la casa, y actualmente él vive allí. Mis padres fallecieron pero »Lolo» se quedó ahí. El mantiene el recuerdo y el lugar. Adoptó algunas cosas, porque claro vive ahí, pero cuando entras al living te aparecen todos los recuerdos, era nuestro lugar”- recuerda.
Los estudios
Empecé yendo al jardín de infantes que está atrás de donde está la trocha, en la 42 y 27. La escuela primaria la hice en Normal a la tarde y de ahí me fui al Comercial, en turno tarde de Nacional. Sigo en contacto con los compañeros de la promoción 84. Yo soy bastante colgado con el tema de los grupos, les pido perdón si leen la nota. He ido a algunas reuniones de promoción, que se hacen cada 5 años. Me mandan saludos para mi cumpleaños, Carlitos Lezcano y las chicas siempre me mandan mensajes. No sé cómo hacen para acordarse…
Empecé a estudiar Perito Mercantil porque cuando estaba terminando el primario, siempre estuvo en ese momento la idea de que iban a poner un mercado central en Gowland. Pensaba en mi futuro. Hoy veo a los chicos que no saben nada. Nosotros en ese momento ya creíamos emplearnos en el mercado central; por eso hice perito mercantil.
Hasta el 5to año yo iba a estudiar contador público. Me gustan las matemáticas y todo eso, me venía bárbaro. Yo tenía a mi hermano Santiago médico y a mi cuñada veterinaria.
Y el último año me dije: »yo tengo que hacer algo más humanitario». Y decidí estudiar medicina. Mi cuñada me dice: »te espero todos los días a las 8 am para estudiar, y vemos si te gusta». Yo no tenía buena lectura. Los libros de medicina son enormes, ya los ves y te asustan. Entonces arranqué con ella y todas las mañanas iba a leer biología. Fue todo un verano. Me di cuenta que me gustaba. Mi hermano me llevó al sanatorio donde trabajaba para que conozca y me gustó. Entonces me fui a anotar a La Plata, con un papel con toda la información, como un GPS casero… (risas). Llegué segundo. Me anoté solo.
Mi mamá me dice: ‘hablamos con papá y nos vamos a vivir con vos a La Plata, no te vamos a dejar solo». Yo les dije: “de ninguna manera, la familia está acá, los amigos…» Yo me quería morir. Me veían como el más chico, era un alambre vestido. Pero me fui solo. Mi hermano Thiago, había estudiado en La Plata, me pareció que Buenos Aires era muy grande y que en La Plata era más pueblo, me iba a sentir más cómodo. Ahí encarrilé mi carrera como médico. Volvía los fines de semana a Mercedes. Mi vieja me anotaba las recetas, porque yo me tenía qué cocinar… Lamentablemente perdí ese cuaderno…
Hoy en día me gusta mucho cocinar, en casa cocino yo. Mi mujer también cocina muy bien pero cocino yo. Sigo las recetas de mamá. Obviamente nunca voy a cocinar como ella, pero lo intento-dice.
Destino Mar del Plata
“Te cuento que me casé, me compré una casa en La Plata,. Tenía todo para quedarme allá. Pero viste que cuando uno termina la carrera tiene que formarse en una especialización, y como había estudiado conmigo un chico de Mar del Plata, le digo a mi esposa Susana: »¿vamos a visitarlo a Juan?» Yo nunca había venido a Mar del Plata. Vinimos acá y cuando llego, por la RN2 entrando por la calle Luro, hacia el mar, era color esmeralda, con unas olas enormes, un día de sol maravilloso y esas olas casi transparentes… Me impactó de tal manera que dije: »esta ciudad es una maravilla». Le digo: «vamos a conocer el hospital» porque tenemos que especializarnos. Y cuando entro por el hall central, me encuentro con un chico que había estudiado conmigo. Me cuenta que Marcelo Segurola, que estudió 5 años conmigo, estaba trabajando. Nos encontramos, recorrimos el hospital, y rendimos los exámenes para entrar acá. Ella entró con una beca de residencia para Anatomía patológica, y yo para Clínica Médica. Ella entró y yo no. Así que como ella ya tenía trabajo nos vinimos. Me armé el CV y vine. Hice una residencia, pero no cobraba un mango. Y te daban un día libre. En eso me voy a buscar una guardia, y llega un servicio de ambulancia, y pido hablar con el jefe médico. Me conocía de La Plata. Me lo encontré justo. Me dijo que vaya a laburar con él. Así que arrancamos y ya me quedé acá. Me formé en clínica médica, terminé la concurrencia que me dio el Ministerio por 3 años. Y cuando le mostré la carta al doctor, me dijo: »vos te tenés que quedar en el hospital. Elegí dónde quieres trabajar y te quedas». Elegí endocrinología, y estuve 10 años, siempre en la guardia, la emergencia es algo que me gusta mucho. Estaba en negro. Al tiempo empezaron a presionar y me llegó el nombramiento. Empecé a hacer mi carrera hospitalaria. Concursé para el cargo, luego para ser jefe de día de guardia, y dentro de poco se me vence mi cargo de Jefe de Servicios de Emergencia…
Así que ya nos quedamos acá y formamos nuestra familia. Tengo dos hijos, Santiago, que falleció en el 2016 y después vino Fátima que nació en el 2019. Fátima, nos devolvió la vida, tiene una vitalidad enorme- dice. Te cuento que un día vino mi hermana a visitarme, que es la madrina, a conocerla, y se baja del auto con una rana de peluche de un metro, enorme, y me dice: »este es el regalo de la promo’ 84»- imagínate la emoción que me agarró”
Siempre Mercedes
Me preguntas si me ha tocado atender a mercedinos. Sí, sí, me pasó antes de la pandemia. Ya siendo jefe, la guardia estaba estallada, es grande. Había pacientes por todos lados, y viene la jefa de enfermería. No sé qué me dice, y escucho: “¿qué haces Gabi, ¿cómo andas? Cómo no me conoces, soy Carlitos Martínez”. Era vecino y muy amigo de mi hermano Lolo, 7 años mayor que yo. Ahí mismo nos pusimos a charlar, y me vinieron muchos recuerdos. Otra vez atendí a una chica, también de Mercedes que había sufrido un accidente, cerca de Balcarce.
La verdad es algo muy lindo rememorar el lugar donde uno nació, se crió, recordar esos lindos momentos. Creo que cada uno tiene el sello de donde nació y de dónde salió, con quién estuviste y con quién te criaste para ser una buena persona. Así que eso se lo agradezco a mi familia, a mis amigos y a Mercedes, que creo que tiene ese condimento para generar personas excelentes. Yo me considero una buena persona y creo que es gracias a estar en Mercedes y con la gente de Mercedes.
Mirá te cuento la última, una vez, fui al acto de la bandera porque mi hijo me lo pidió. Y ni se cantó. Eso me sorprendió mucho, porque en la Escuela Normal era el acto de la bandera, cualquier fiesta patria y actuábamos, cantábamos estaba el abanderado, etc… Terminé el secundario sabiendo los himnos, el de la Bandera, el de Sarmiento, hasta el himno de mi colegio Florentino Ameghino. Esas cosas te marcan a fuego, y son esas cosas que tiene Mercedes.
Les mando un cariño enorme a todos. Voy frecuentemente a Mercedes, no tanto como quisiera. Tengo mi familia allá, mi hijo descansando en el cementerio de Mercedes, porque él eligió ahí, y para mí es un regalo también. Gracias por esta nota y por el momento lindo que me hicieron pasar”- concluye.







