(Colaboración Especial – Ezequiel Anido)
Desde que se anunció el recital comenzaron las polémicas (algunas siguen) y las
dudas: temor al desborde, incidentes, actos vandálicos, hechos de violencia…
eran algunas de las hipótesis que se barajaban en cada charla. Con una mueca de
alegría y con satisfacción podemos afirmar que nada de eso sucedió durante la
visita de La Renga a nuestra ciudad.
La banda nacida en 1988 en el barrio de Mataderos, lideró una verdadera fiesta
popular con casi tres horas de show en el Parque Municipal Independencia. Desde
que el Indio Solari dejó los escenarios, La Renga se erige como la banda mas
convocante de nuestro país y eso quedó demostrado una vez más este sábado.
Ya desde el viernes (algunos antes) empezaron a llegar los seguidores de La
Renga a Mercedes para empezar a palpitar un nuevo banquete del power trío
liderado por el «Chizzo» Nápoli, en lo que sería uno de los eventos más
multitudinarios y épicos que albergó nuestra ciudad. Cantitos, parlantes, parrillas,
remeras y bebidas de las más variadas dieron un marco festivo a la previa que se
extendió desde la rotonda de la 40 y 1, donde empezaba la procesión de los que
llegaban en micros, hasta las inmediaciones del Parque Municipal.
Con el acompañamiento de los vecinos y vecinas, que aprovecharon para
improvisar alguna changa o solamente contemplar el pintoresco espectaculo
desde sus veredas y ventanas, la tarde transcurrió con alegría y normalidad, más
allá de algún incidente aislado que no pasó a mayores. De a poco la gente fue
entrando al predio que empezaba a ver acción en el escenario, los mercedinos
«Polillas de Poliester» fueron los encargados abrir la fecha y recibir al público que
se iba acercando. Más tarde llegó el turno de «Los Gardelitos» con su rock barrial,
quienes hicieron saltar y bailar a la multitud que ya aguardaba por el plato fuerte
del banquete. Pasadas las 22 alrededor de 40 mil almas vibraban y arengaban
para que salga a tocar La Renga. Las 22.17 fue la hora indicada, luces bajas y un
punteo de guitarra furioso dieron el puntapié para un show épico de casi 3 horas.
La lista tuvo 30 temas entre los que se mezclaron canciones del último disco de la
banda «Alejados de la red» y los tradicionales clásicos: «El juicio del Ganso», «Panic
Show», «El Revelde», «El final es en donde partí», «Cuándo vendrán», «Bien alto» y
«Despezado por mil partes», entre otros. Chizzo, Tete y Tanque deleitaron a su
público y coronaron una noche de verano ideal llena de música y alegría. Durante
el show también se hicieron un momento para agradecer a la ciudad por albergar
el recital y pidieron por el cuidado de las personas y los espacios públicos para
que la fiesta sea total. Como ya es costumbre la velada cerró con «Hablando de la
libertad» que desató un pogo gigantesco con una polvareda que lo hizo aún más
espectacular.
Pasada la euforia y con la sonrisa tatuada en los rostros, los fanáticos
desconcentraron de manera ordenada y pacífica. La marea de gente caminó por la
avenida 29 y también por Héroes de Malvinas, donde el espíritu festivo perduró
por algunas horas más. La salida de autos y micros se sostuvo a lo largo de las 2
horas posteriores al recital. Aunque muchos de los asistentes prefirieron pasar la
noche en hoteles, en los campings que montaron los clubes de la ciudad o algún
alojamiento que alquilaron.
Balance
A la hora de los balances quedan muchos datos positivos: la organización de un
evento multitudinario de primer nivel en nuestra ciudad fue posible nuevamente,
no hubo mayores desmanes pese a las lógicas molestias que generan este tipo de
shows para los habitantes de la ciudad, los sistemas de emergencias no se vieron
desbordados ni exigidos y muchos comerciantes y vecinos pudieron obtener un
beneficio económico. Como saldo negativo y a tener en cuenta: la falta de baños
químicos en la vía pública generó que muchas personas hagan sus necesidades
en las veredas y puertas de los vecinos, y algunos puntos de la ciudad
amanecieron con basura que el operativo de limpieza no terminó de cubrir.
Aunque es cierto que teniendo en cuenta el caudal de gente que pasó por la
ciudad, suena bastante exitoso. El rock vive en el espíritu rebelde y aventurero de
La Renga, en la fiesta de un público solidario y pacífico que solo busca disfrutar de
ver a su banda una vez más, en esa potencia arrolladora de una guitarra, un bajo
y una batería sonando a todo volumen (sino pregúntenle a cualquier vecino que lo
pudo escuchar desde el patio de su casa), vive en los más grandes que siguen a
La Renga desde sus comienzos y en los más chicos que acompañan a sus padres
en esa pasión y se bautizan en esta religión pagana y popular. El rock vive en
Mercedes y goza de buena salud.









