Un grupo de instituciones convoca a la comunidad a participar de un encuentro a realizarse este miércoles en La Trocha. Se concretará una oración interreligiosa pidiendo justicia.
Un grupo de entidades de nuestra ciudad decidió lanzar una convocatoria para este miércoles 18 de enero para realizar una oración interreligiosa y pedir justicia por el asesinato de Fernando Báez Sosa, hecho que está teniendo su juicio en la localidad de Dolores, con alta cobertura periodística de los principales medios nacionales.
La convocatoria tiene las adhesiones del Consejo de Víctimas de la Provincia de Buenos Aires, TECPREMER Asociación Civil, Red Solidaria, Grupo Estrellas Amarillas Mercedes y el Consejo Pastoral AICEM (Asociación Iglesias Cristianas Evangélicas Mercedes), y se realizará desde las 18:30 horas
“Lo que piden los papás es que sea un encuentro interreligioso”, manifestó Nancy Okos, referente de TECPREMER, añadiendo que “es el día de Fernando, pero lo hacemos por todos los Fernandos, y Fernandas y todos los nombres de todas las personas que piden justicia y no les ha llegado la justicia a su familia y para que puedan estar en paz”.
Más adelante sostuvo que algunas veces “nos quedamos sin hacer nada y hay que hacer algo. En esta oportunidad se trata de un caso mediático pero no debe importar, es una tragedia, como muchos otros y en buena hora que esto se visibilice en todo el país.
El recuerdo de casos ocurridos en Mercedes
La amplia cobertura que los medios nacionales vienen dando al asesinato de Fernando Báez Sosa ha marcado también en el orden local, el recuerdo de dos lamentables hechos ocurridos en la ciudad de Mercedes.
El primero de ellos se remonta al año 2010, cuando a la salida de un boliche céntrico, un grupo de jóvenes atacaron a Darío Duarte, quien por esos días se encontraba trabajando en nuestra ciudad. Duarte, oriundo de la localidad de Olavarría fue cobardemente abordado y tras recibir golpes, las lesiones terminaron horas más tarde, con su muerte.
A partir de esto hubo detenidos y un juicio oral en el que finalmente fue sentenciado a cuatro años de prisión, Tomás Zunino.
El Tribunal Oral en lo Criminal Nº 3 integrado por los jueces Alejandro Caride, Ricardo Marfía y Pablo Morán determinó condenar a Tomás Zunino a 4 años y seis meses de cárcel por considerarlo “Homicidio en Agresión” mientras que dictó la absolución para Ignacio Zunino, Andrés Gerdo y Agustín Cañelas.
El otro hecho fue la muerte de Jonathan Fat, quien en 2013 fue atacado por jugadores que había contratado Club Mercedes para participar en un torneo regional.
Por el hecho fueron enjuiciados Omar Ramírez y Roberto Alí. Finalmente, el tribunal – integrado por los Dres. Alejandro Caride, Ricardo Marfía y Eduardo Costía, resolvió absolver a Ramírez por el delito de “Homicidio simple” por el que fuera acusado, y condenar a Alí por considerarlo autor penalmente responsable de “Homicidio Preterintencional” a la pena de dos años y seis meses de prisión de efectivo cumplimiento, la que se tiene por cumplida con el tiempo que estuvo recluido tras el hecho.
El crimen que conmueve al país
Por Ariel Dulevich Uzal.

Como docente que durante más de medio siglo he convivido – en el aula y fuera de ella en el marco comunitario -; con jóvenes respetuosos de las leyes y el orden jurídico, que egresados de los claustros, se han convertido en mujeres y hombres de bien; espero que la Justicia aplique la pena máxima a estos criminales, de perfiles tan distantes del virtuosismo de aquella maravillosa juventud.
No solo por dar una condigna respuesta a la vindicta pública, horrorizada por la salvaje agresión; sino porque se torna indispensable, ante esta severa y generalizada crisis de valores, que a todos nos interpela; que desde el Poder Judicial emane un fallo de ejemplar trascendencia, que muestre a toda una generación – en ellos debemos pensar -, que las conductas violentas tendrán inevitable y justa reprobación y castigo.
Y que la vida humana, es el bien tutelado de mayor significación por la sociedad en su conjunto; que garantiza el Estado de Derecho en las Naciones civilizadas del orbe y respecto del cual asumimos todos una responsabilidad ineludible, que por el profundo sentido moral de la condición humana que lo avala; trasciende la propia obligación legal.
Dada la naturaleza y entidad del luctuoso episodio, que juzgo de «lesa humanidad» -tengo para mí-; que debe ser motivo de exhaustivo análisis por parte de organismos competentes del Estado; Universidades; juristas; sociólogos; psicólogos; deportólogos y – por supuesto -, pedagogos y educadores; entre otros.
Estamos ante un hecho de inéditos caracteres, que bien podría marcar «un antes y un después», en el seno de nuestra atribulada sociedad; cuya secuela demanda «hundir el bisturí» sin dilaciones, del examen y la investigación a todo nivel mucho más allá del proceso penal en curso y cualquiera fuere el veredicto de los Jueces. En tal contexto, sorprende la extrema crueldad, de jóvenes de nuestra típica clase media; integrantes de familias normales, que han cursado la escuela media y recibido una formación en el marco de habituales parámetros culturales y éticos. Cabría investigar así mismo, la razón por la cual el escenario del asesinato, fue un lugar de esparcimiento nocturno, de los que proliferan en todo el país, cuya habitual clientela, son los jóvenes de ambos sexos, que frecuentemente protagonizan hechos de inusitada violencia. Máxime por cuánto muchos de estos lugares, han generado un submundo fértil para la droga y el alcohol, como lo muestra la frecuente crónica periodística, denunciando «zonas liberadas» al vil comercio.
Si bien el hecho, fue perpetrado en aquellos ámbitos; no medió en su consumación influencia alguna de estos factores disociales a que aludo; drogadicción y alcoholismo.
El proceder -antes, durante y después del aleve homicidio-; mostró de manera terminante, la plena conciencia de los ejecutores y la alevosía de las conductas, para lograr manifiestos propósitos y ejecutar las acciones dirigidas al fin propuesto: lastimar gravemente a la indefensa víctima, hasta cegar su vida, asestándole mortales golpes ya caído Fernando.
Ellos supieron siempre, lo que hacían y actuaron con criminal sangre fría, «ejecutando» sin piedad a otro ser humano, joven como ellos, con inquietudes, proyectos y sueños, que bien podrían ser comunes a los de los propios agresores. Nada los detuvo. Ni evidenciaron luego, el menor atisbo de arrepentimiento.
Confiemos, solidarios junto al inmenso dolor de sus padres, que se hará Justicia!!!







