A partir de la iniciativa de un grupo de amigos de Suipacha, que en 2020 habían realizado una experiencia similar, haciendo el cruce de la cordillera en la zona de Malargüe, es que se proponen invitar a integrantes de los Amigos del taller de Agustín Kelly, a realizar el Cruce de los Andes por el paso de los Patos en San Juan.
Con una minuciosa organización, a cargo de los pioneros Daniel Fanucchi, Horacio Goyeneche, Agustín Kelly, Ariel Romero y Juan Raúl Capucci, nos sumamos a la expedición: Jose Luis Barberón, Alberto Bruno, el Padre Nacho Berreta, Jorge Parini. Nacho Capucci, Gonzalo Herrera, Jose Maria Kelly, Daniel Gamba, Esteban Barberón y José Luis Kelly en total fuimos 15 los integrantes que emprendimos el viaje hacia San Juan, el lunes 2 de enero de madrugada.
Una vez en la localidad de Barreales, departamento Calingasta, San Juan, donde hicimos noche, para al día martes dirigirnos hasta el paraje Las Hornillas, de conde comenzamos la cabalgata. A esa altura ya no teníamos ningún tipo de señal en los celulares, por lo cual fue como un apagón tecnológico para todos, el teléfono solo nos serviría como cámara de fotos. Partimos montados en los caballos y mulas, acompañados por Luis, nuestro guía, a media tarde después de unas 6 hs. de travesía, donde pudimos observar por largos minutos los hermosos paisajes del lugar, incluidos el Cerro El Mercedario ( 6770 m.s.n.m.), el más importante la provincia de San Juan.
Al llegar acampamos en el sector del Peñón, donde ya habían llegado los otros 4 baqueanos arreando las 10 mulas con las que se transportaban todas las cargas (cajones con la comida, nuestro equipaje, carpas, etc.)
Allí acampamos la primera noche, luego de disfrutar una exquisita cena, preparada por el chef del equipo Horacio Goyeneche (un lujo), y un grupo de colaboradores, nos dormimos bajo una hermosa luna llena.
Al día siguiente bien temprano, pero después de tomar un buen desayuno, emprendimos uno de los días más largos y duros de la travesía, en el trayecto fuimos viendo como cambiaban continuamente los paisajes que podíamos observar, también empezamos a escuchar los llamativos sonidos emitidos por los guanacos, (parecidos al de las aves), que divisamos a la distancia la habilidad de trepar las empinadas pendientes, esto nos indicaba que estábamos a una altura superior a los 4.000 metros, pasando el destacamento de Soler, continuamos subiendo llegando a uno de los puntos más elevados de la cabalgata, 4.320 m.s.n.m., el paso del Espinacito, luego de bajar empinadas pendientes bañadas de nieve, y luego de más de 11 hs. de cabalgar, al caer la tarde arribamos finalmente al Refugio Sardina, que es una vieja edificación de Gendarmería en el Valle Los Patos Sur , allí a pesar del cansancio los cocineros nos esperan con otra rica cena, esa noche algunos bajo la galería del refugio y otros a la intemperie descansamos ya que al día siguiente que nos esperaba al última etapa, para alcanzar el objetivo que era el Hito que recuerda la epopeya del cruce de los Andes donde se levantan los Bustos de San Martin y O’Higgins.
Salimos temprano con mucho calor, para recorrer unas 4 hs. y media de cabalgata, atravesamos el Valle Hermoso, siempre acompañado de hermosos paisajes, guanacos incluidos, llegando al destino nos sorprendió una lluvia tenue pero persistente, la que ofició de bendición para los que llegamos a cumplir el sueño, allí almorzamos los sándwich que traíamos en nuestras alforjas, sacamos varias fotos y brindamos, festejando el logro, al emprender el regreso la lluvia nos acompañó por más de una hora, lo que a algunos desprevenidos nos hizo sentir el frio de la cordillera.
A media tarde fuimos arribando al refugio, donde repusimos fuerzas tomando algo caliente, esa noche pudimos dormir dentro del refugio lo que nos protegió de la lluvia de la noche.
Al día siguiente cuando íbamos a emprender el regreso nos sorprendió una tormenta de viento y llovizna, que hizo decidir a los baqueanos que ese día nos quedáramos a descansar al reparo del refugio, ya que la parada prevista era en medio de la nada, por lo que ese día lo pasamos descansando entre relatos, cuentos y algún campeonato de truco, tampoco faltó la misa celebrada por el Padre Ignacio Berreta, residente en un campo de Suipacha e integrante de la comitiva. Esa noche cenamos un delicioso risotto con mariscos.
En la mañana siguiente con un sol resplandeciente salimos temprano para lo que sería la segunda larga jornada, esta vez atravesamos las nevadas alturas del paso de La Honda llegando el pico más alto a 4.370 m.s.n.m., donde con bastante nieve y sintiendo la falta de aire, por senderos donde los animales se enterraban hasta la rodilla en la nieve, la atravesamos pasado el mediodía, más adelante paramos a almorzar y descansar unos minutos, las paradas siempre coincidían con algún pequeño paso de agua pura proveniente de los deshielos, al caer la tarde arribamos al lugar denominado las Vertientes, allí nuevamente comienza a lloviznar, lo que nos obliga a armar las carpas para protegernos,
La mañana del domingo, emprendimos la última etapa del viaje, más relajados pero con muchas ganas de llegar a la civilización, íbamos por donde los caballos y mulas elegían pasar, ellos, es increíble como saben dónde poner sus patas y manos para no caerse entre las piedras, aun en los declives más empinados los veíamos como inclinaban su cuerpo hacia la ladera, para equilibrar el peso, admiré la habilidad de las mulas para trepar y de los caballos para bajar por los desfiladeros, al fin al mediodía arribamos al punto partida, donde habíamos dejado nuestros vehículos, y allí esperamos la llegada de las mulas con las cargas.
Arribamos al Hospedaje de Barreales a la tarde, donde pudimos disfrutar de un ansiado baño, y recostarnos en una cama, picar algo y disfrutar una excelente última cena, muy regada y condimentada con las miles de anécdotas de esta increíble aventura, de la que se me permitió participar por lo que les agradezco infinitamente a quienes me invitaron
Destaco la Impecable organización encabezada por D. Fanucchi y H. Goyeneche, no quedó nada librado al azar, llevamos (además de la comida y bebida suficiente y muy bien calculada para 20 personas durante 6 días), un variado botiquín, telefonía celular satelital por alguna emergencia, todas vituallas necesarias etc., y lo más importante muchas ganas de compartir los inolvidables momentos que nos tocaron vivir.
Gracias José Luis Kelly por compartir sus experiencias con los lectores de Nueva Tribuna
*“El 5 de enero de 1817 el ejército se inició el cruce de la cordillera de los Andes. Los pasos elegidos por San Martín no tenían población ni caminos, y en muchos tramos, el paso debía hacerse en fila india, atravesando arroyos y ríos en puentes portátiles, cargados por el ejército. El cruce se hizo siguiendo indicaciones de baqueanos, y teniendo que transportar los alimentos, armas y provisiones para el viaje en mula, ya que el camino no tenía puntos de reabastecimiento hasta Chile. Asimismo, el cruce se hizo por dos pasos, Los Patos y Uspallata, perfectamente coordinado.
Estas vías abruptas aseguraban el factor sorpresa. El cruce duró 21 días, utilizándose guías (baqueanos). La altitud máxima alcanzada llegó hasta los 5.000 m s. n. m. en El Espinacito.
El ejército se conformó por aproximadamente 3.800 soldados, negros en su mayoría más otros de diversas nacionalidades (incluyendo una parte significativa de efectivos chilenos), 1.200 milicianos como tropa de auxilio (para conducción de víveres y municiones), 120 barreteros y 22 piezas de artillería.
Para el cruce utilizaron 1.600 caballos de pelea y 10.000 mulas, por lo que todo el personal realizó el cruce montado.
La base de la alimentación del ejército fue el valdiviano — plato sobre la base de carne seca (charqui) machacado, grasa, rodajas de cebolla cruda y agua hirviendo —. Las columnas que llevaban los víveres iban a retaguardia. Transportaron más de 4 toneladas de charqui, galletas de maíz, 113 cargas de vino, aguardiente para disminuir el frío nocturno, ajo y cebolla (para combatir el apenamiento) 600 reses para la provisión de carne fresca, quesos y ron. Las fuerzas principales llegaron al otro lado entre el 6 y el 8 de febrero”. Fuente Wikipedia







