»Adoro, amo infinitamente a Mercedes”
Es abogado. Desde los años de la facultad que vive en Buenos Aires. Siempre muy ligado a Mercedes. Hoy además de ejercer el derecho, regentea la Casona de Hugo del Carril.
Anécdotas de la infancia
“Te acordás que éramos compañeros de primaria en la Escuela Parroquial- comienza Gustavo. También estaban Betina Lacasa, Virginia Mosca, la “Colo” Giardelli, Guillermo Lucca… Tengo un fuero interno, mucha energía vital, y aunque mido 1,70, parece que fuera de dos metros. Con Guillermo Luca hacíamos una cosa que en la primaria no se podía, nos escapábamos. Dejábamos las bicicletas cerca, y nos íbamos al campo de mi abuelo en Altamira. Nos íbamos a pasar toda la mañana. Algo que nos gustaba era subirnos a los novillos, los metíamos en el corral, y con una soga nos subíamos. Después nos tiraban. Estábamos locos. Nos divertíamos. Eso como a los 10 o12 años, queríamos probarnos en este pasar de la infancia a la adolescencia…
En esa época yo vivía con mis abuelos Roberto Tamagno y Carmen España, en la casa de la 21. Al lado de lo de Guillermo Malano, él me llevaba uno o dos años. También iba a Parroquial, para mí era entrañable la amistad con él. Lolita, su hermana, un año menos. Ellos venían a casa y compartíamos todas las meriendas. No sabes el arroz con leche que preparaba ella, una cosa exquisita. Lo que tenía Guillermo junto con el padre, una cosa a la que se dedicaban, era el tema de los colombófilos, con las palomas. En la casa que tenían, en la parte alta, tenían palomares inmensos. Él me explicaba que las palomas mensajeras, muchas de las que él tenía eran de González, de Fernández o Lennard de cualquier otra parte del país. Y ellas tenían esta capacidad de llegar de un punto al otro, sin perderse. Todas tenían un anillo, suficiente para que no le hiciera daño en la patita, pero ahí le ponían el mensaje y llegaba a la casa de González de otro lado, y el otro le mandaba la paloma… En el lugar donde se había aquerenciado es a donde volvían, así tuvieran que recorrer mil kilómetros.
Hoy tengo de Mercedes los más entrañables recuerdos. Entre otras cosas, jugar al fútbol. En el recreo nos íbamos corriendo a jugar al fútbol. Armábamos los autitos de plástico, y le poníamos plastilina. Si llovía, jugábamos en el gran salón, al lado del patio abierto cuando llovía, pero cuando no llovía hacíamos mierda los zapatos jugando al fútbol: “Qué hiciste me decía mi abuela. No sé, jugué”- le contestaba.
Tengo un amor infinito que tiene que ver con mi familia y con todas esas vivencias. Adoro, amo infinitamente a Mercedes y a mucha de su gente y creo que cuando termine de trabajar y me jubile, me voy a vivir a Mercedes.
San Patricio
“Yo hice la primaria con todos ustedes en Parroquial. Me acuerdo de todos, de casi todos. Un día, año 74 o 75, el padre Queen se lo cruza a papá en algún punto de la ciudad y le dice: ¿y Gustavito? Sigue en Parroquial, le dice mi viejo, porque a Blanca le gusta. Dejate de joder, traemelo a San Patricio. Entonces me cambiaron. Entré en San Patricio en el primer año de secundaria. Soy de la gloriosa promoción’ 80. En San Patricio estuve con amigos muy entrañables, nos queremos mucho. Era muy amigo, muy apegados con Martín Tipitto; del Negro Eduardo Bossié. Lo que me he cagado de risa con ese tipo. Te cuento una anécdota. A los 17 nos dan el DNI, y entonces estábamos contentos. Veníamos del registro. Y cuando vuelvo, voy a la confitería Oykos, y ahí estaban Sergio Landini, Carlitos Sukich, Fabián Pavoni, el negro Bossie, Fabián Posada y otros. Entonces el negro Bossie me dice: »a ver dámelo». Agarra una birome y tacha el hombre y queda mujer. En ese momento para mí fue una ofensa. »Cuando te agarre tu documento te lo orino. Recién lo saco y ya me lo cagaste»- le dije.
Lazos de familia
“Por mi madre soy descendiente de italianos. Por mi padre, Ernesto Lennard, de irlandés. Mamá tuvo otro matrimonio, tuvo dos hermanos míos. Ella se casó con Catapano, un médico de San Martín, Mendoza. Pero cosas de la vida hicieron que no pudieran seguir juntos. Mamá se fue porque él le fue infiel, y se vino con el Renault a la quinta de 24 y 109, esa quinta era de mi abuelo. En esa quinta mi hermano mayor Robertito Catapano, que era muy travieso, empezó a jugar en un techo de altura de 5 metros, y cayó de cabeza, se partió la cabeza, lo llevaron a la Clínica Cruz Azul, y no lo pudieron salvar. Mi hermana María Gabriela Catapano tenía 7 años. Pero Lennard soy hijo único, por lo menos que me haya contado papá.
Mi madre, la Dra. Blanca Tamagno, le decían “cielo” por el color de sus ojos celestes. Lamentablemente falleció en 1986 a raíz de un cáncer. Fue una de las mentes más comprometidas y jugadas que he conocido en mi vida. Yo tuve la divina suerte de tener una madre como la que tuve. No solamente era cálida, y me preparaba un pastel de papas que me encantaba, una calabaza a la napolitana, una ratatouille… era una mujer muy comprometida con el prójimo. Mamá vivió mucho dolor, y yo creo que los cánceres se manifiestan cuando uno vive con muchos dolores.
Con mi padre hemos viajado mucho juntos a partir de eso, nos hemos ido a Brasil juntos. Yo siempre he sido muy amigo de papá. Tenía una particularidad importante, que en la quinta, él era como un receptor de gente de todas las edades. Era un club de amigos, se jugaba a las cartas, se mataban de risa comiendo asados y salame. He tenido una excelente relación con mi padre, distinto al de mi madre, y al de mi abuelo. Pero me he podido enriquecer de esas tres personalidades. Cuando falleció mamá, con mi papá hemos viajado mucho, y hemos tenido charlas como amigos, como hombres, conversaciones muy profundas.
Y por supuesto la otra persona que ha influido muchísimo en mi vida ha sido mi abuelo Roberto Tamagno, un ser excepcional, afectivo, un talento desde muchos aspectos. Yo lo amé profundamente porque era cariñoso, afectuoso. Obviamente me transmitió mucho lo que tiene que ver con la historia argentina, y me contaba, desde el punto de vista que se le puede contar a un niño de 6 años, hasta que agarré los libros, que cuando los agarré nunca los solté, él me contaba de los caudillos federales, y de las distintas etnias y tribus de Argentina, yo lo aprendí de chiquito porque él me los contaba. Yo tuve un caballo en el campo de él, en Altamira, que yo lo llamé »Puelche’, por la tribu de Bs.As.”- recuerda.
Oceanografía
“En un momento quise estudiar oceanografía. Mi mamá que era muy sabia me dijo: “vamos a ver el programa de estudios”. Era en blanco y negro. Yo veía en la televisión el mundo marino y quería aprender eso, bajar a las profundidades. Yo de chiquito quería estar embarcado y viajar. Fuimos con mamá en el auto. Me dijo: “vas a ser oceanógrafo”. Vamos un día a La Plata y vemos el programa. Entramos al sector administrativo del lugar, pidió la fotocopia, nos fuimos a almorzar y me dio el componente de las materias. Tenía tanta cantidad de exactas que yo quedé alarmado, entonces se me fue el romanticismo. Después vino Carl Sagan con el tema del universo, y ahí me di cuenta que no podía ser astronauta, porque tenía que estudiar tanta cantidad de exactas que no iba a ser aprobado. Tampoco tenía ganas. Era muy estudioso y voluntarioso, trabajaba en la quinta y todo pero tenía mi rebeldía, mis grados de testosterona. Yo siempre hice lo que quise. En vez de confrontar conmigo, mamá, muy sabia, hacía esto: »Che Gustavo vamos a tomar un café ahí, nos sentamos debajo del ceibo y me contaba cosas por ejemplo de Roberto Montoto de Mercedes”. Y me decía, “le paso esto…». Y en verdad, estaba hablando de mí- dice.
El Derecho
“Mi bisabuelo era abogado, mis padres abogados, y yo mamé la abogacía desde muy chico, la política y el humanismo, las corrientes de formación y opinión, y eso desde chico lo fui aprendiendo.
Yo siempre tuve algo contestatario contra la autoridad. Fue algo que me quedó de la época del proceso. Mi familia vivió en una situación dramática, fueron los únicos que se ocuparon de los derechos humanos. Algunos radicales, algunos de la democracia cristiana y algunos del PC. Después todos miraron para otro lado. De los 23 desaparecidos nadie se ocupó. La que se ocupaba era mi madre, recorriendo uno por uno los lugares, y visitó a las familias Heredia, Passadore, Bojorge, Abdala, Gatica, Iriart… Ese laburo lo hizo mi vieja y yo la acompañé, porque a ella y a mis abuelos los acompañaba en todo. La cantidad de veces que he ido a acompañar a mamá y a las señoras en su dolor y en las búsquedas de sus hijos…
Con el triunfo del radicalismo en el 83 se agiganta la figura del Dr. Juan Antonio Portessi. El hombre político de ese momento. Él era muy amigo de mamá, porque si bien estaba cerca del peronismo, tenía muchos amigos del radicalismo, Aguirre, Calloni, Bigatti, varios más… De los pocos que la acompañaban en la solicitada cuando ella buscaba firmas… Mamá ha entregado su vida y alma por el tema de los derechos humanos. Meses de labor con riesgos de vida. Tenía temor, pero siempre tuvo entereza, coraje y templanza. Nada la doblegó. Ni los allanamientos al estudio que tenía con mi padre, en la esquina de la 22 y 23, al lado del Círculo Italiano. Recorrió tres provincias recolectando todo lo que pasó en Misiones, Chaco y Formosa y no lo hizo especulando con nada, pero lo único que esperaba, era que cuando volviera la democracia, la pusieran de nuevo no en el cargo de juez, porque era una mina sencilla, pero sí al menos, de nuevo en tribunales porque era una trabajadora de la justicia. En cambio, a los 5 de los 23 jueces que hicieron lo que había que hacer, los echaron. A ella la echaron como a un perro- sentencia.
Mi padre, tenía tanta cantidad de años de antigüedad, empezó a trabajar a los 18 años, primero en un juzgado laboral que se formaron por el 46, porque Perón armó juzgados laborales, después fue pasado a un juzgado penal que fue siempre su especialidad. Estuvo a cargo a poca edad ya siendo oficial primero, mamá lo convenció de recibirse de abogado, y papá fue juez. En el año 83, mi papá no necesitaba nada, porque ya tenía la edad jubilatoria, pero mi mamá no. Entonces le pidieron al Dr. Juan Antonio Portessi que la pusieran en el cargo que hubiera, de defensora de menores, de pobres y ausentes, de secretaria… Lo que sea. »Quiero volver a la justicia, a hacer lo que amo, creo que tengo derecho», decía ella. ¿Qué pasó? Estaba de Obispo Emilio Ogñenovich. Era el que realmente conducía los nombramientos en el poder judicial, era el único real que conducía. El otro era ministro de gobierno pero quien decidía los cargos y los nombramientos en el año 84 en adelante era Ogñenovich. Entonces Portessi le dice, no puedo nombrarte porque Ogñenovich no quiere que estés acá, porque era divorciada. ¿Vos te podes creer que porque era divorciada mamá no podía estar de asistente de menores o defensora de un cargo jerárquicamente menor? Le molestaba a él por ser fascista, y estar ligado a los militares, que una mujer como ella, de 30 mil pelotas y no solo dos ovarios, volviera al poder. Entonces ¿dónde la nombró? en el departamento de Morón”- aclara.
Casa Hugo del Carril
“Yo compré un departamento en Perón, entre Riobamba y Ayacucho a la familia del A, y empiezo a ver que los hijos de Hugo del Carril, empiezan a querer vender el departamento porque se tenían que achicar y tienen gastos fijos muy altos. Entonces habló con los hermanos Amorina y Eva, Marcela y Hugo, y ellos en su posición de vender, vendían lo más rápido que podían. Compré la casa, los derechos sucesorios. En el año 2005 empecé a desarrollar una hostería temática. Han venido grandes bailarines de tango. Por ejemplo, Elsa, María y Mayoral han venido a bailar. Me he relacionado con la mayoría de la gente del tango, hasta el 2019 lo tuve así, principios de 2020 incluido. Después vino la pandemia y la cuarentena. Durante 11 meses no pude tener ingresos de abogado, y tampoco podía usar la hostería, entonces con una sobrina mía, que se llama Paloma España, hija de Jorgito, y Evangelina, la hija de Luca Paternostro, empezamos a pensar qué podía hacer con ese elefante blanco, y empezamos a hacer locación. Juntamos voluntades, y ella se conectó con casi todas las productoras y armamos una página que se llama Casona de Hugo del Carril y armó la casona en Facebook. Las productoras artísticas que hacen videoclips de música, de productos, etc., empezaron a utilizar la casa como locación. Es una casa bellísima, y la mantuve tal como él (Hugo del Carril) vivía ahí. Es una casa declarada histórica por el gobierno de la ciudad de Bs. As.- concluye.







