“Mercedes representa para mí, la vida misma.”
Hace más de 40 años que se fue de Mercedes. Es veterinario. Vivió en EE.UU. y hoy está radicado en Sevilla, la nueva, España. Fue alumno del Colegio San Patricio. Su hobby es la navegación y el buceo.
Aquí no me quieren
“Hace ya un poco más de 40 años que me fui de Mercedes- comienza a contarnos Patricio. La verdad que se extraña, es muy linda. Allí hice mis primeros amigos… Lamentablemente me fui por una cuestión de orgullo, como diciendo »aquí no me quieren», me sentí así. Yo era funcionario del partido de Chascomús y nos dejaron cesante, no hay que olvidarse de eso. Ya me había ido de Mercedes, porque tenía que residir en Chascomús. Pero bueno un poco por eso dejé el país.
En Mercedes viví hasta la adolescencia. Yo era hijo de una familia un poco acomodada, mi padre dentista de la calle 29 entre 16 y 18, allí es donde hice mis primeras armas como persona, después me fui a estudiar para veterinario a la ciudad de La Plata, y me recibí y como te dije empecé a trabajar en el partido de Chascomús donde me tocó, y luego alguien para quedar bien con las juntas militares, me dejó cesante a mí y a 1700 personas más”.
Adolescencia en Mercedes
“Mi apellido materno es Goñi. Ambrosio es la parte paterna. Acá en España se usan ambos apellidos. Cosa que en Argentina no, ya que se usa solamente el de padre. Mi papá tenía 47 años cuando nos dejó, yo tenía 11 años, y gracias a mamá que tenía su carrera y sus estudios, nos sacó adelante a mí y a mi hermana.
Así crecimos en la cuadra de la 29 entre 16 y 18. Éramos tres nomás en la cuadra, porque estaba la Clínica Cruz Azul, la casa de los Fernández, mi casa, la casa de los Bonafina, y la agencia Ford que era de mis tíos. Enfrente estaba una agencia que vendía gasolina, una estación de servicio, una casa y luego el Hotel Mercedes. Allí pasé toda mi infancia y adolescencia. Jugábamos ahí mismo, sino íbamos a la vuelta entre 16, 29 y 31, que había más gente de nuestras edades… Me acuerdo que jugábamos a la mancha. Me recibí en el Colegio San Patricio, todo completo. Promoción 70.
Donde más nos juntábamos era en Sportman, en la calle 24 o 26 entre 23 y 25 creo, si mal no recuerdo. Había empezado como una heladería pero después se puso como cafetería y todo lo que venga. Nos hacíamos la rata del colegio allí. Un día vino el cura Queen con la camioneta estanciera color gris, y nos arreaba como si fuéramos vacas, porque vino con una cara el irlandés, colorado como pavo de chacra, y sin decir palabra nos fuimos al colegio. Me acuerdo como si fuera hoy. Le vimos la cara al cura, nos miramos entre nosotros y dijimos: »vamos chicos». Vino el “Flaco” Casareto, profesor de castellano y dio la clase como si fuera normal, no dijo absolutamente nada. No hubo pena, ni firma, ni nada. Fue tal el respeto que les teníamos a los profesores…
Por supuesto tuve muchos compañeros con los que sigo teniendo contacto. Le mando un beso muy grande a Mónica Camusoni, que siempre se ha preocupado para que nos reunamos los de la promoción 70. Cuando voy siempre hay reuniones, asados. Sabes cómo somos… Me encanta ir a Mercedes, allá tengo a mi hermana Liliana Gómez de Acuña, que es mayor que yo, la cual tiene 3 hijos, les mando un gran beso a todos, y un gran abrazo, los quiero muchísimo. Nos vemos cada vez que voy.
Los recuerdos son imborrables, muy lindos, a pesar de todo lo pasado y sufrido. Son recuerdos para toda la vida, de los primeros amigos, las primeras novias. Mercedes representa para mí la vida misma.”
Una dura realidad
“Siempre tuve la idea de estudiar veterinaria porque me gustaban muchísimo los animales y el campo, que en Argentina es primordial. Nos recibimos en el 70, me fui a La Plata y en 5 años ya estaba recibido, y trabajaba en Chascomús para el SENASA, yo era el que vigilaba la fiebre aftosa, y la vacunación del ganado. Y un dichoso señor Aguado nos dejó cesante. Es imperdonable que siendo funcionario alguien quede cesante. No había motivo. Yo creo que lo hizo por tratar de juntarse con la Junta Militar de ese momento, para sumar puntos, yo qué sé. Fue en todo el país, y dejó cesante a los que tenían menos de un año, a mí me faltaban 15 días para cumplir el año.
Cuando me quedé sin trabajo directamente hice mis maletas y me fui a California donde había un amigo de mi mamá que vivía allá y fui a probar fortuna. Y la verdad que no me fue mal, al contrario. Tengo que agradecer a toda esa gente que me ha acogido. No quiero hacer política aquí, pero me dio lo que me quitaron en Argentina.
Como te dije antes, sentía que no me quería, en cierta medida me enojé con el país, porque no había motivo para que nos echaran. Me acuerdo que los grandes chacareros y estancieros me agradecían en la oficina de SENASA que gracias a que había venido gente nueva, entre ellos yo, se estaba vacunando sobre todo la fiebre aftosa que era un tema económico muy importante”.
Dar pelea
“En EE.UU. trabajé en muchas cosas, hasta que pude dominar el idioma, era salir adelante. Estuve alrededor de 14 años viviendo allí. Yo salí de Argentina sin saber nada de inglés y la fuerza hace que lo hables, que lo entiendas. Entonces pude dar los exámenes de veterinario y ya la cara de mi vida cambió 180 grados. La mandé a llamar a Graciela que era mi chica en ese momento, y nos casamos, tuvimos 2 hijos. En realidad ella era de Carlos Tejedor. Tuvimos dos hijos que son americanos. Uno trabaja muy bien, es Ingeniero Aeronáutico y Maite es ambientóloga. Y la verdad es que estoy más que encantado de mis hijos porque trabajan muy bien.
Ellos están aquí en España conmigo. Patricio está viajando por el mundo ahora, está en Japón. Maite está muy bien, está en Getafe, ella tiene su carrera y su trabajo sin problemas. Espero que sigan aquí. Mi mujer falleció de un cáncer de tiroides, muy joven, con menos de 40 años. Los chicos (hijos) estaban chiquitos, los saqué adelante con todas mis virtudes y defectos, pero salieron bien.
La verdad porqué me voy de EE.UU. a España mucho no me acuerdo, pero fue una decisión de traslado laboral. La trasladan a Graciela, mi señora de ese momento. Le sale un nombramiento en España, y le dije nos vamos para allá todos. Esas decisiones de locura senil, como yo digo… Ella fallece acá. Son cosas de la vida, por un lado te dan y por otro lado te quitan”.
La vida en España
“Hace ya un par de años que me jubilé. Puedo decir que la vida me ha golpeado fuerte pero siempre di pelea y ahora estoy en una situación de tranquilidad.
España me ha dado lo que me han quitado en Argentina. Acá la gente es… Bueno hay que entenderlos.
Por lo general hay gente muy amable, muy preparada, están a un nivel en el que uno se puede manejar.
Hoy tengo a mi compañera, Lucía, española por supuesto. La verdad no sé cómo me aguanta. Somos muy distintos en muchos aspectos. Yo creo que viene por un problema de educación básica en la cual Lucía se desarrolló en un ambiente muy distinto al nuestro, y tenemos nuestros pormenores, pero son menos que más. Vivimos en Sevilla La Nueva que está a unos 35 km al suroeste de Madrid. Tengo una casa grande, con buenas comodidades. Sigue la clínica funcionando, porque media casa es una clínica veterinaria. Sigue funcionando. Y acá estamos… tratando de disfrutar lo que nos quede. La atiende un chico muy capaz, bastante bueno. Gracias a Dios va bien, es un chico muy preparado y se defiende muy bien. La clínica se llamaba Santa Bárbara, la que tenía antes. Ahora se llama Peña Grande.
Te cuento que me encanta bucear, tengo un título bastante avanzado de buceo, me encanta pescar, y trato en lo posible de navegar, cuando puedo… Teníamos un barco junto con otro compañero, y nos cambiaron el puerto y tuvimos que deshacernos del velero porque nos quedaba a trasmano. Tengo la licencia de patrón, así que puedo navegar hasta 12 metros de eslora.
Además tengo un título de buzo con el que puedo bajar a más de 40 metros, son 4 atmósferas de presión.
El buceo es lindo de ver cosas, está entre los 15 y 20 metros, no hace falta ir más allá, pero uno saca otra licencia para estar tranquilo de poder subir y bajar.
En varias oportunidades he visto tiburones con la boca muy grande, a muy poca distancia. Había 4 o 5. Bajo el agua todo parece más grande. Un tiburón de dos metros te parece que tiene 4. Lo que tenés que hacer es quedarte quieto, sin perderle la vista, y por lo general sigue. Nunca se debe bucear solo, siempre tienen que ir dos, por una cuestión de supervivencia, porque tu equipo puede fallar y te quedás sin aire. Y te vas vigilando y cuidando. Esa es la regla número uno”.







