“Uno ha dejado todo en Mercedes”

Por Fernando Pachiani

Se fue de Mercedes a los 19 años. Si bien nació en Luján, se crió en el Instituto Unzué. Hoy está radicado en Bolívar. Aquí recuerda su infancia en el instituto, sus trabajos en Bs. As.  y otras anécdotas increíbles.

Unzué, el hogar

“En realidad es una historia larga- comienza a contar Diego.  Me voy de Mercedes a los 19 años. Normalmente uno se va a Bs. As. a estudiar. En mi caso tenía amigos allá y me hicieron un lugarcito para ir a trabajar. Tenía en claro que no tenía muchas posibilidades de trabajar en Mercedes, así que quería encarar lo administrativo que me gustaba. Allí estuve 13 años. Tuve 3 trabajas. primero en el CEMIC, un centro médico, otros 5 años trabajando con un agente de bolsa, y los últimos 4 años de Bs. As., trabajé en Ricoh Argentina, una empresa de fotografía.

Yo nací en Luján, y desde chico, tuve una situación familiar muy particular, por lo que  mi hermano más grande, Raúl, y yo nos criamos en el instituto Unzué. Cuando llegué al instituto tenía casi 4 años. El último que ingresó fue mi hermano más chico, Marcelo, no recuerdo la edad. La única que estuvo en mi casa fue mi hermana.

No es la niñez y la adolescencia que cualquier chico querría pero la verdad es que no tengo nada para quejarme y solo tengo palabras de agradecimiento con el Instituto porque fue un sostén importante para poder desarrollarme, allí me formé como persona. Cuando llegamos estaba Julio Asenzo de director, y después estuvo Jesús Rodríguez. Yo tengo afecto por todas las personas que conocí allí adentro. Cada cual con sus particularidades. Todos sabemos que a partir del 76 irrumpió un gobierno de facto y ahí es cuando Jesús asume como director. Calculo que debió ser por una cuestión de relaciones, y nos tuvimos que adecuar a una realidad distinta de la que vivíamos con Julio. Dos realidades diferentes, pero que sumaron las dos.

Es mi opinión muy particular, cada uno puede sentir distintas cosas de acuerdo a cómo lo haya vivido. Yo fui siempre muy positivo. Desear las cosas e ir por ellas. Para mí fue una experiencia… ¿Qué puedo opinar? No es lo ideal, lo ideal es criarse con la familia. En mi caso, con mis hermanos nos tocó esta realidad y no se podía modificar. Yo calculo que uno con el tiempo, haciendo terapia y viendo las cosas desde otro lugar… por ahí entiende algunas cosas. Era imposible que nos quedáramos 5 hermanos con una mamá sola. Mis padres se habían separado y era imposible que nos sostuviera una persona sola a cinco. Quiero pensar que en ese momento los funcionarios de acción social habrán pensando que era imposible, y por eso terminamos en el Instituto. Para mí fue una contención importantísima: porque me permitió estudiar, formarme… Y los valores que uno logra ahí a veces se potencian porque bueno, al haber una falta de contención familiar, digamos, los celadores, como los llamábamos, hacían lo imposible para que estemos de la mejor manera… Pero era gente que tenían la obligación de tener un trabajo y trabajaban en el instituto. Era enorme el cariño que nos brindaban, porque en sí era un trabajo para ellos… Pero a pesar de todo, lo que nos transmitían eran sensaciones de cariño. Nuestra situación era buena, muchísimo mejor que si nosotros hubiésemos estado en mi casa…

Particularmente hay que pensar que la convivencia y el crecer en un ámbito de varones no era nada fácil. Éramos 400, de diferentes edades. Los espacios a veces se ganaban a trompadas. Era la lógica. Vos imaginate, 400 chicos… Lo que se solucionaba era a las piñas. Era una normalidad casi… Yo tenía a mis hermanos mayores que salían en defensa mía porque yo era bastante perdedor en ese sentido… Pero mi cualidad era la velocidad  en los momentos de pánico. Salía mi hermano mayor, Raúl, en defensa y después no sé qué pasaba porque me iba corriendo”- recuerda.

Gracias a la vida

“En el instituto había distintas funciones, porque también había matrimonios encargados de cada sección. Con esos matrimonios yo tuve una relación casi familiar, porque fui amigo casi hermano de Miguelito Fernández, cuyos padres fueron un soporte importante para mí como persona, y fueron los que facilitaron que yo pueda salir del instituto, porque para salir necesitaba tutores, y los tutores míos en ese momento fueron los papás de Miguel: Miguel Fernández y Sarita Tarzetti, los cuales no voy a dejar de recordar, con el mejor de los cariños, a ellos, a las familias…

La verdad es que cumplieron una parte importante de cómo insertarse en una familia, y la más importante de todas esas experiencias. Se puede salir adelante, más vale. Yo creo que teniendo las ganas y siendo decente, tener en claro que uno quiere salir adelante con las armas que tiene, sí se puede. Yo soy un agradecido de la vida, no tengo nada que reprochar, no tengo rencores. Al contrario, todo lo que tengo es agradecimiento. El tiempo fue transcurriendo.

Yo tuve una infancia y una adolescencia buenísima. Me relacioné muchísimo. Tengo muchos amigos. Considero que en Mercedes tengo muchos amigos, y de los conocidos también, hay mucho para agradecer, hay gente que ha hecho muchas cosas por uno. Mirtha, la madre de mi amigo Carlos »el negro» Dell’Oro, Mirtha Antonelli y Coco fueron un sostén importante también. Cumplieron ese rol de mamá y papá del corazón. Mirtha es mi mamita del corazón, y abuela del corazón de mis hijos, es una genia, una parte fundamental en mi vida. Y bueno Coty, Romina y el Negro, mi familia del corazón.

Y muchas familias más. Cualquiera que se haya criado en Mercedes sabe cuál era la situación de los chicos del instituto… Si uno pasaba por una verdulería le decía: ¿no me das una mandarina? Y el almacenero, o el verdulero te la regalaba… En general, mi situación particular es de agradecimiento. 

También tuve la oportunidad de estudiar, sí, iba al Colegio Nacional, pero tengo que reconocer que no era un buen alumno. Era bastante plaga. Pero igual la pasé genial. En el momento me lamenté de no haber terminado el secundario, porque uno va perdiendo promociones, la del 83 y el 84, de las cuales yo ahora, gracias a los chicos de Nacional del 84, tengo relación con ellos, viví momentos, pero dejas de vivir cosas por el hecho de no ser de la misma promoción. Soy promo 2013, porque con 50 años terminé el secundario”- dice.

Agente de bolsa

“Yo trabajaba para un ex agente de bolsa que después se convirtió en el Banco Crédito Provincial.  Justo nos tocó la época del 95 cuando fueron las privatizaciones de las empresas argentinas. Una locura. Me tocó transcurrir esa locura… Por eso te digo, Dios me tocó con una varita. Porque generalmente para trabajar de eso tenés que estudiar economía, administración de empresas, contadores… Todo relacionado con la economía, y yo tenía 4to año… Por eso te digo la honestidad, el ir de frente me llevó a tener esa linda experiencia de estar 5 años ahí, donde perdí el pelo, tuve estrés, pero fue espectacular… Se maneja la economía del país, realmente… Cambia todo en 20 minutos: una acción por ejemplo, puede subir el 20 % en cuestión de minutos. Ver eso es muy lindo. El trato no se diferenciaba mucho del instituto porque era todo una cuestión de puteadas, literalmente así, porque se juegan intereses en cuestión de minutos… Por ahí había clientes que por ahí en la pizarra veían un número y querían invertir sobre ese número, y en el recinto, donde ves la gente gritando, los precios se modificaban inmediatamente. En ese momento tenía un teléfono fijo, un Movicom y una entrada directa a la oficina. Yo era butaquero. Me contacté con gente espectacular. Cavallo estaba al lado mío, yo en una butaca en el frente. Era el uno a uno. Cavallo fue en el 93 y lo tuve al lado. El tipo cambió el sentido de la economía con una palabra. Yo lo escuché ahí entre toda la comitiva, y dijo lo que van a andar bien son los bocones, aunque no le tengan confianza.

Era un bono que se les daba a los jubilados. El jubilado no podía sostener al vencimiento del bono, entonces había muchos vivos, los bancos y las agencias les compraban el valor de ese bono a un precio inferior del que iba a tener cuando vencían. Son cuestiones económicas medias engorrosas. Pero fue una linda experiencia.”

Destino Bolívar

“Mi señora Gilda Sarries, es una parte muy importante de mi vida, la madre de mis hijos. Nos conocimos en Bs. As. y ella tenía pensado venir a vivir a Bolívar porque ella es de acá.

Nos conocimos en el año 96, pero empezamos a salir en septiembre del 98 y en enero del 99 ella se venía a instalar acá. Yo en ese momento trabajaba en Ricoh Argentina, y se dieron una serie de circunstancias, tercerizan el trabajo, y en mayo del 99 me quedo sin trabajo en Bs. As. y decidí venirme a Bolívar porque ella ya estaba instalada. Me vine con ella para Bolívar. Lo decidimos juntos. Fue una etapa nueva, y a comenzar otra vez de nuevo. Acá en Bolívar, como en todas las ciudades, todos los trabajos son por conocimientos. Lo que había hecho en Bs. As. no me servía para acá. Así que como de chiquito fui caddy, logré tener ese conocimiento, y me dije qué hago acá, porque no conocía laburo, y me puse a dar clases de golf. Cuando les dije a mis amigos que iba a ser instructor de golf se me reían, pero era la única salida que tenía. »Marciano anda a agarrar la pala» me decían, porque nunca hubo una pelota o un palo de golf acá. Me banqué todo eso. Daba clases enfrente de un colegio, pero en realidad, lo que sirve, es la palabra »pionero». Por lo menos el título acá en Bolívar lo tengo. Sobrevivía. Me ayudó mucho mi señora el primer tiempo. Fuimos tirando para adelante y nunca aflojé. No es un deporte popular, había que instalarlo… 

No había una cancha donde jugar acá, había que viajar a Pehuajó u Olavarría. Y en el año 2001 o 2002 vino gente, un grupo mayormente de la rural, y dijeron que querían hacer una cancha de golf. En el 2003 se empezó, aunque siempre hubo problemas porque la gente quería ocupar los terrenos para su casa. Se recuperó el lugar. La cancha está muy cerca del centro. Hoy en día funciona, hay 70 jugadores activos.

A veces doy alguna clase… Pero, en realidad, en el 2001 empecé a trabajar con los odontólogos de Bolívar, le hago toda la parte de administración, y a la tarde daba clases de golf, y desde el 2017 tengo un negocio de insumos médicos, que es casi una ortopedia, y bueno, a veces no me dan los horarios para hacer todo… Hay gente que me sigue llamando para que les den alguna clase y voy”. 

Mercedes

“El desarraigo se siente, porque uno ha dejado todo en Mercedes. A veces la distancia corrompe bastante las relaciones, por más que después estés 5 minutos y es como si no hubiese pasado nada de tiempo… Pero se extrañan los amigos, la Pulpería de Cacho, los bolichones… Se extraña de todo un poco. Conviví con Mercedes hasta los 35 años… Es un lugar que con el tiempo uno nota que el desarraigo existe, y que a veces se hace medio pesado… Algunos bajones se producen, sin saber uno porqué, pero todo está relacionado con eso… les agradezco por la nota. Sé que por ahí uno tiene una rica historia para contar… La vida, gracias a Dios, la veo muy positiva, así que no podría ir por otro lado que no sea el positivo. Para mandar saludos, tengo miles de personas. Ha habido muchas personas importantes en distintos momentos de mi vida, así que me voy a olvidar de alguien, porque tengo muchísima gente para agradecer. A todos aquellos que me conocen y que saben quién soy como persona, a ellos les mando un abrazo grandote. Y a toda mi familia, hermanos, cuñadas, sobrinos un cariño enorme. Gracias por hacerme estar un ratito en Mercedes”- concluye.

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