“Disfruto de los encuentros con mercedinos”
Por Fernando Pachiani
Radicado en Saldungaray, partido de Tornquist, Sierra de la Ventana. Allí posee una bodega que administra junto a sus hijos. Aunque nunca perdió el vínculo con Mercedes a tal punto que aún sigue con el celular con característica mercedina.
Destino Saldungaray
“La historia comienza así- comienza a contarnos Manuel. Nosotros en el año 2001, en una visita, de recreación familiar, estuvimos ahí en la zona de Sierra de la Ventana, estuvimos varios días porque era un fin de semana largo. Y tuve la posibilidad de adquirir un campito chico, de 40 hectáreas. Ahí la unidad económica es mayor de 300 hectáreas. Yo conocía de chico la zona, entonces a uno le queda mucho en el recuerdo lo que ha visitado con los padres. Vivíamos en Punta Alta, hasta los 8 años. Mi padre era marino de guerra, y hacíamos visitas asiduas a la zona de Sierra de la Ventana. Eso quedó en el recuerdo, y como se dio la posibilidad con la familia, lo hicimos. Después nos preguntamos: ¿qué hacemos allí?
Siempre nos entusiasmó el tema del vino, y a la vez un cultivo intensivo que nos permitiría aprovechar un campo pequeño, como para que el retorno sea posible para una vida familiar. Así fue como comenzamos la historia, justo en el 2001, cuando explotó el país. Hicimos la inversión, y a los pocos meses el país explotó, y dijimos: ¡qué macana!
Una vez que estuvimos con la posesión del campo, empecé a hacer estudios con respecto al mismo, y a la zona, y pensando en las posibilidades de la agricultura. Finalmente nos encontramos con un lugar de características muy especiales, porque si nos trasladamos a millones de años atrás, la zona de la Sierra de la Ventana, estaba unido a África, a India, a la Antártida y a Australia. No es casualidad que esta zona tenga la particularidad realmente notable donde vos encontrás tanto animales que son endémicas, hay una sapito de la zona, y a la vez encontrás plantas que existen en África, plantas de la estepa patagónica, de la puna de la cordillera, de la Mesopotamia. Entonces todo ese mundo distinto repercute en la personalidad de los vinos. Cada vino tiene una personalidad y se la da el lugar. Esta zona es irrepetible, por estas características que te estoy contando”…
La bodega
“Para los que no me conocen, yo soy ingeniero agrónomo. Mis hijos siguen con ese tema. Montamos un laboratorio de biotecnología, y traje al país el blue berry, el arándano. Comenzamos con eso y lo desarrollamos en la provincia de Buenos Aires y en Entre Ríos. Y seguimos con otro tipo de plantas: frambuesa, zarzamora, plantas frutales.
Es fundamental para un país que quiere sacar frutas de calidad, se necesitan plantas de calidad. No se obtiene algo bueno de una planta de baja calidad y para eso es fundamental la biotecnología. Mis hijos siguen con el laboratorio y el vivero, y la bodega la manejan también ellos, viajan permanentemente.
Son 5 los pibes, cada uno tiene su función, alguno en administración, otro en las relaciones. Yo manejo el cultivo. Facundo que es enólogo junto con Joaquín manejan la bodega. Nos hemos repartido las funciones y a la vez tenemos un respaldo de Rubén Tragara, un enólogo de gran prestigio, estuvo en Navarro Correa y Luigi Bosca, y es el apoyo y trabajamos con él, a tal punto que hemos llegado a obtener el primer espumante de la historia de Buenos Aires. Este champagne fue el que a finales del año pasado recibió la medalla de oro de excelente calidad. Lo mismo han sido premiados los blends blancos que estamos haciendo. Vinos blancos, jóvenes y premium. Eso muestra la calidad de la zona.
Esta región tiene una amplitud térmica muy marcada, una humedad muy baja, y un promedio de lluvia de 400 o 500 milímetros. Es un clima muy bueno, que no se da siempre. La particularidad de la región son los 5 microclimas. Vas a Villa Ventana, y aunque parezca increíble la cosa cambia. Las sierras generan esa cuestión climatológica. Con poco movimiento van variando los factores que inciden después en la producción del vino.
En el caso nuestro quedó marcado que la zona es excelente. Mucha gente tiene una confusión con respecto a la altura, como si fuera lo único importante. Es un concepto equivocado. Lo que importa es la amplitud térmica. He hablado con extranjeros, y hemos hablado de zonas de Sudáfrica, España o Francia, y no lo podían creer… Vos necesitas días cálidos y noches frescas. Esa amplitud hace que se acumulen los azúcares, y otros elementos que se asocian a la producción final de una uva de alta calidad. Ahí donde estamos, en pleno verano, en enero no usamos aire acondicionado, porque a la noche de alguna manera te tenés que tapar con una sábana porque refresca, y eso te marca la amplitud térmica, que es lo importante”- señala.
La bodega se llama Saldungaray, era un vasco que donó parte del campo para la fundación del pueblito, que tiene alrededor de 1400 personas.
Desde el año 2008, con la primera edición de vinos terminada, abrimos las tranqueras para dar a conocer estos nuevos vinos en su sitio de origen: acercarse al viñedo y ver su laboreo, ingresar a la bodega recorriendo sus tanques y su cava, conocer los vinos en este contexto, sentir el clima fresco y seco, el viento intenso, el sol potente.
La provincia de Buenos Aires alberga espacios con suelos y microclimas que contrarían la imagen dominante de la pampa húmeda y nada mejor que la vivencia del lugar para llegar a la idea que funda sus vinos, decimos nosotros.
De jueves a domingo abrimos todo el año, y después todos los días en vacaciones de invierno y verano. O sea que dependemos mucho del turismo.
Producimos 8 varietales. Un Malbec, Cabernet Franc, como el Pinot y el blanco, dicho por enólogos mendocinos, están mejores que los de Mendoza, por el clima. La marca es Ventania, así se llaman los vinos, y Saldungaray. Son dos marcas.
La bodega es un lugar realmente bonito. Está a 550 kilómetros de Mercedes. No nos podemos desconectar de Mercedes. Son vinos de alta calidad porque la zona es buena y el enólogo que nos asesora, a través de eso hemos logrado grandes vinos que la provincia de Buenos Aires no tenía. Todo el proceso se hace en la bodega. Lo que no hacíamos en un principio era la terminación del espumante, porque nos faltaban máquinas, como el seguro de alambre, y otras máquinas, entonces hacíamos el vino base, lo enviamos a Mendoza y lo terminábamos allá, hasta que pudimos comprar las máquinas”.
Amor por la tierra
“De chico me pegó fuerte el tema de los barcos, a tal punto que me había anotado en la Escuela de Río Santiago. Mi papá me llevaba siempre a los barcos, estuve en la Fragata Sarmiento, incluso navegué en Bahía Blanca… Y todo eso hace que te atrape, porque ves la parte linda.
Un amigo que ya no vive más, Jorge Magadan, me insistió en hacer un curso vocacional en la UBA. Al final me insistió tanto que lo acompañé, y resulta que en el curso conocí lo que era la agronomía, el trabajo con animales, con los cultivos, la parte forestal… Y lo vi muy afín a mi forma de ser, así que cambié el mar por la tierra – cuenta.
Entonces me decidí y comencé a estudiar en la Universidad de Morón… Me acuerdo que en la época de Lanusse, me había anotado en la UBA, pero tenía materias a la mañana, tarde y noche, entonces no podías trabajar y se me hacía difícil pagar el departamento, al final era más caro eso que pagar una universidad privada. En la época mía la Universidad de Morón tomaba gente del Oeste. A las 3 de la tarde ya estaba en Mercedes, ya podía trabajar o seguir estudiando y ya estaba en la casa de mis viejos.
Igualmente con el tiempo me saqué el gusto por la navegación. Me compré un velero y con eso viajaba mucho los fines de semana a Colonia, Uruguay; Montevideo; Piriápolis, y la verdad que me saqué el gusto de navegar… Cuando venía al Sur se me hacía pesado viajar para salir del Sur con el velero, así que lo vendí y compré un semi rígido. Estoy arrepentido… Hay una zona de la Bahía Blanca, una zona muy linda de islotes, es salvaje porque es área protegida, y vas navegando y te siguen los delfines, en las islas hay pumas, jabalíes, y te miran… Hay guanacos… Se acercan a la costa a ver quién pasa, es bellísimo”- relata.
Manuel, el mochilero
“Recorrí Latinoamérica como mochilero. Y lo hice bastante rápido, como 45 días. Ese viaje lo hice absolutamente solo. Todo a dedo. Yo tenía en la mochila atrás una banderita argentina, y la mayor parte de Brasil la hice así, siempre subía a un escarabajo conducido por algún brasilero y me subían para hablar de fútbol. Desde un muchachito de 20 años hasta una persona mayor, hablábamos de fútbol. El único tema con los brasileros es el fútbol. La verdad no me puedo quejar de la atención que me dieron. Estuve en lugares muy bravos, San Pablo es muy complicado, me quisieron robar la mochila… Estuve ahí peleando. Tuve anécdotas en varios lados… Nunca pisé un hotel. Armaba la carpa o dormía en iglesias, siempre había un cura que te daba una mano. Fui con dos mangos, y trabajaba y seguía. Siempre me la rebuscaba.
Fue increíble. No me arrepiento para nada porque hubo muchas cosas que de un modo u otro te terminan sirviendo a lo largo de la vida… Me quedaron pocos contactos porque se pierden con el tiempo, pero algunos se mantienen… Tengo incluso gente conocida que está en Trelew, que los conocí en el viaje… Otros de Chile… Fue una experiencia maravillosa. Hice Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y me faltó Ecuador y Colombia. Y siempre a dedo, agarrando muchos camiones…
Si hoy mis hijos me dijeran que se van de viaje por Latinoamérica, no podría decirles que no. El antecedente no me permitiría cortarles esa posibilidad. Pero uno después ya siendo padre, entiende los miedos que tuvieron los míos. Mis padres no me dijeron que no, pero no les gustó mucho. Incluso hubo cartas que cuando yo volví, aún no habían llegado, no había teléfono ni nada”.
Los años en Mercedes
“Cuando volvimos, porque mis padres eran de Mercedes, comencé la primaria en la Escuela Nº 1, en frente de la plaza San Luis. Después hice la secundaria en el Colegio Normal, finalizando en el Colegio Nacional con amigos muy conocidos. El Negro Contín que falleció hace poco tiempo. Nos juntábamos con él y varios amigos. Realmente la secundaria, como le ha pasado a la mayoría, fue una época de un grato recuerdo en Mercedes. Después comenzamos a separarnos un poco cuando iniciamos la universidad.
Estoy en un grupo de WhatsApp con las chicas y chicos de Normal, y contacto con los pibes del Nacional también. José Casado, Graciela Gorosterrazú. Hay múltiples amigos que no hemos perdido el lazo y siempre que estoy allí con alguien me encuentro…
También he recibido muchos mercedinos en la bodega, porque tiene restaurant y muchos han comido ahí. Una vez pasé y había 40 mercedinos comiendo… Fue una grata sorpresa recibirlos.
Cuando voy a Mercedes, un café de por medio, siempre me tomo con alguien… Soy promoción 69 de Normal y 70 del Nacional. Por lo general nos encontrábamos, sobre todo cuando te recibías, pero hace varios años que nos juntamos mucho con las chicas del Normal, que eran en su mayoría mujeres… Siempre gratos momentos. El último encuentro, antes de que no podamos hacerlo más por la pandemia, fue en lo de Norma Ronanduano. Eso ya fue hace muchos años. Nos alegró mucho poder conversar. Sobre todo cuando uno ha compartido parte de su vida, uno crece y se sensibiliza más y uno disfruta más de esos encuentros”- concluye.







