El titular de la Arquidiócesis dejó análisis y reflexiones en su mensaje durante la celebración religiosa en la fecha patria. Pidió gestos concretos de diálogo entre la dirigencia de los diferentes actores sociales y repasó lo sucedido en estas décadas de democracia.

El pasado jueves se concretó el solemne y tradicional Te Deum del 25 de mayo en la Basílica Catedral Nuestra Señora de las Mercedes. El encuentro se realizó tras el acto central de esta fecha patria que tuvo lugar en el Teatro Argentino (ver aparte). El Te Deum contó con una importante asistencia de vecinos y vecinas y también fue parte el Intendente Municipal, Dr. Juan Ignacio Ustarroz. Fue el arzobispo Jorge Eduardo Scheinig, quien presidió la celebración. A continuación un resumen de los principales conceptos y reflexiones que dejó en su homilía. En el comienzo habló de agradecer a Dios y lo vinculó en tal sentido con los 40 años de democracia. “¿Cómo no agradecer que el mismo pueblo sea el gestor de su propio destino y que en sus manos esté la decisión de definir hacia dónde caminar y cómo hacerlo?…”, se preguntó. Agregó que aquel 25 de mayo de 1810 fue un ejemplo, como también 1983, “en ese año, dimos pasos firmes para salir del infierno, de la violencia, la tortura, los secuestros, los desaparecidos, y tantas formas de muerte. Veníamos del dolor de la guerra, del hundimiento del General Belgrano, de nuestros soldados muertos y de los héroes de Malvinas. Pero esa noche oscura, no impidió que fuésemos capaces de emprender un camino nuevo que de por sí, generó gran ilusión y nos dio fuerzas para tirar juntos hacia la reconstrucción de la Nación rota”, aseguró.

Patria herida

Tras ello y recorriendo esos 40 años, el arzobispo invitó a meditar seriamente “lo que nos pasó, lo que nos está pasando y cómo lo estamos transitando. Desde allí, hacer un discernimiento que nos ayude a tomar las mejores decisiones para superar juntos esta grave crisis en la que nos encontramos. Necesitamos con urgencia una luz y un aire nuevo, otra actitud colectiva que nos ayude a cohesionarnos, para tener las fuerzas necesarias que nos animen a salir de este lugar en el que estamos empantanados”. Luego remarcó que la unidad debe prevalecer sobre el conflicto. “El estado de confusión generalizada, es propicio para que se mezclen los intereses partidistas, económicos y mediáticos, teñidos de mezquindad y por eso, deberíamos hablar no solo de intereses en sentido abstracto, sino de personas y/o grupos interesados en que la confusión permanezca, se profundice y extienda, y así, sacar mayor provecho que ciertamente no es para el Bien Común de la Nación”, agregó. Para monseñor Scheinig siempre hay salida. “La hubo hace cuarenta años. Hoy hay salida, esa es nuestra esperanza, fundamentalmente, porque en nuestro pueblo hay reservas morales y espirituales poderosas, capaces de contagiar la revolución de la esperanza, porque sin duda la Revolución de Mayo ha sido revolución de la esperanza y toda verdadera revolución, que no debe ser violenta, genera auténtica esperanza, incluso en el pueblo herido”, destacó. En términos políticos y electorales, el titular de la Arquidiócesis aseguró que “no cabe la menor duda que el voto es un gesto, una acción fundamental porque pone en juego nuestra libertad y capacidad de decisión colectiva. Pero todos sabemos que no alcanza. Hacen falta gestos de máxima magnanimidad, desinterés y generosidad. En este sentido, es absolutamente necesario que todas las dirigencias del país: la política, la social, la empresarial, la sindical, la religiosa, todos, tengamos gestos concretísimos de diálogo. Los que toman decisiones que afectan a todos, deben sentarse a dialogar para buscar acuerdos fundamentales y políticas de Estado que perduren en el tiempo, y lograr de esta manera las transformaciones necesarias”. Como un llamamiento final concluyó en que “la Patria necesita una dirigencia sin ataduras de ningún tipo; por el contrario, muy libres de cualquier negociado espurio, ilegítimo y corrompido, una dirigencia totalmente comprometida con hacer el bien, buscando la dignidad y el desarrollo integral de cada persona y de todo el pueblo… los argentinos nos debemos gestos concretos de paz. Necesitamos pacificarnos. Los adultos, debemos asumir que lejos de haber abierto puertas, por muchas razones, las hemos cerrado brutalmente, dejando en el presente una Patria herida”.

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