“Mercedes es como un refugio afectivo”
Por Fernando Pachiani
Se fue de Mercedes cuando tenía 24 años. Vivió casi 40 años en Formosa. Nos contó sus recuerdos del barrio, el Club Redes, la Escuela Normal. Hoy reside temporariamente en Pilar.
Todo por amor
“Yo en realidad estoy en Pilar viviendo, pero no definitivamente – comienza a contarnos Marta. Nuestra vida está arraigadísima en Formosa, donde vivimos casi 40 años.
Yo me fui de Mercedes en el 84, porque me re enamoré – confiesa. Tenía 24 años, así que me jugué una carta divina. Ese gran amor es mercedino, Hernán Castro, y es el hermano de “Ñeque”. Recorríamos el mismo círculo. Él se recibió de veterinario, se instaló en el norte con Luis Calvo, también mercedino, y se fue a Resistencia, después a Formosa, y a los 3 años estábamos los dos allá, en Formosa capital.
En el momento de comunicárselo a mis padres, no tuve mayores inconvenientes porque eran modernos racionalmente, pero viste que el cerebro tiene dos hemisferios. Emocionalmente tenían todos los terrores de que me iba a aquel lugar del mundo, que a la vista del mercedino, le costaba un montón. Encima me iba a iniciar una nueva vida, a otro lugar, a iniciar una pareja… Todo nuevo.
Yo aprendía las calles, porque vivía a 5 km del centro y no podía volver sino… Hubo varias charlas previas, y una determinación mía de jugármela por lo que sentía. Hernán tenía trabajo fijo y yo había mandado currículum. Trabajé un montón. En escuelas buenas, de amplio arraigo y que cubrían una gran zona. Por ejemplo, el Colegio Nacional que era uno de los que trabajaba, tenía 11 divisiones por año y 40 alumnos por curso, imagínate toda la gente que podía llegar. Y trabajaba en varias escuelas a la vez así que pude conocer el radio del centro y las zonas periféricas. Antes estaba más estratificada la zona, así que cubría ambos sectores sociales. Conocí las dos cosas, y me enriqueció un montón.
Antes de irme, en Mercedes trabajaba en el Colegio Parroquial, soy profesora de inglés, me recibí en el Instituto en el 80, y de ahí me pedí una licencia en el colegio y partí a seguir lo que sentía. Cosas que uno hace en la juventud…
En Formosa pude seguir ejerciendo la docencia. Trabajé en el Sistema Educativo Provincial. Como tenía título nacional, no me costó conseguir, porque había pocos con el título profesional. A los años de estar ahí empecé en un instituto privado, y fui cabecera de los exámenes Cambridge en el NEA, así que tomaba examen 400 km a la redonda. Las distancias son grandes…
Acá fundé un importante instituto de inglés que hoy no sigue funcionando, lo di de baja cuando me jubilé. Pasó por distintas etapas, y la gente que estaba para seguir fue tomando otros caminos, así que tuvimos que ubicar a los alumnos, pero tenía algo más de 300 alumnos, así que tuve que acomodarlos en otros lados”- cuenta.
Formosa, la hermosa
“Cuando llegué acá me encontré con una gran ciudad. Formosa tiene 235 mil habitantes, la ciudad capital. El flujo de movimiento es grande, propio de una capital. La he visto crecer un montón. La gente de mi generación, tengo 64 años, que ha ido a distintas provincias, como profesionales jóvenes, tuvieron mucho coraje en venir aquí, porque había un solo canal de televisión. La inmigración paraguaya fue fundacional, muchos migraron a Formosa. Es una provincia muy joven, recién en el 55 se declaró provincia. Los padres de mis amigos han fundado la ciudad, trazado las avenidas, las plazas…
Y desde ese tiempo hasta hoy hubo un cambio sideral. Como migrante y emigrante, tengo una mezcla grande, como los españoles, soy un poco mercedina, mezclado con lo formoseño, y otro poco de lo que he estudiado.
Te cuento que Hernán había ido antes así que tenía algún vínculo con la gente de su rubro, de los productores agropecuarios, cosas de campo. Y por otro lado, yo empecé a trabajar a los 20 días que llegué, así que me vinculé rápido. Y la familia Micheloni, es por adopción, los tíos de nuestros hijos, hermanos, todo. Tienen hijos de nuestra edad y sus padres fueron nuestros padres adoptivos en Formosa”.
Los años en Mercedes
“Como te decía la parte mercedina no se me olvida. Yo me crié en la 12 entre 7 y 9. Mis padres son Jorge Vignati y Marta López. Mis papás ambos trabajaron en DEBA. Me crié con los hijos de la gente que iba al club REDES, Analuz y Silvia Argüelles, los Brandoni, muchos han emigrado, uno está en La Rioja… Fui a la Escuela Normal desde chiquita. Tuve una gran bendición en Mercedes: me ayudó muchísimo la calidad de la gente con la que tuve la suerte de contactarme: una escuela que me ayudó a abrir la cabeza, algo que me ayudó en toda la vida. Me tocó viajar por varios lados, fui a hacer un perfeccionamiento a la Universidad de Kent y era la única argentina en el aula magna que me paraba a hablar, y si no me hubiese ayudado con la autoestima en el Colegio Normal de Mercedes no lo hubiese hecho…
En el jardín fui con Coca Mañas, para mí fue bárbara. Graciana Barrancos, que me hizo despertar que me gustaba la música. En la parte de idiomas la señora de Respuela fue fundamental para mí. La señora de Parano en el año 69, nos hacía empezar la mañana escuchando el combate de San Lorenzo, porque ella decía que la marcha, nos iba a dar ímpetu para todo lo que teníamos que hacer. Era una genia. En 2do año la señora de Rosselo nos tomaba pruebas con el libro abierto, y a mí eso me enseñó un montón.
Me recibí en el 76, un grupo de compañeros maravillosos, los quiero un montón. Juan Ignacio Hollman me esperaba a que cruzara corriendo, yo iba en el colectivo escolar. Fue mi primer amigo. La mamá, Linda Hollman, me enseñó a expresarme, me enseñó que me gustaba el teatro, fue mi maestra de primer grado. Tengo recuerdos hermosos. Liliana Melo y su familia para mí siguen siendo ejemplos de grandes personas. Un hogar de gente buena.
Después me fui formando, fui pasando por la etapa del profesorado… Tuve siempre buenos docentes, por eso yo creo que educar es un poder de dar oportunidades a la gente para que puedan ser felices, los formamos para que encuentren lo que les gusta. No es solo largarlos a la vida, sino que puedan tener una formación. Yo tuve esa suerte, porque nací en una casa humilde y trabajadora, pero tuve una escuela estatal de una calidad humana y profesional que me ha servido siempre en la vida.
La esencia de empuje y de locomotora, creo que en parte lo saqué de mi mamá. Esa parte esencial, la idea de que hay que ser independiente, auto gestionados, y responsables, eso lo he mamado de mi mamá. Para su generación, dentro de su formación, ha sido bastante rebelde, en el sentido de que la mujer tenía que ser independiente. Siempre recordamos cuando agarramos el auto de papá y me enseñó a manejar. Siempre le decía: “gracias vieja porque esto es de lo mejor que me enseñaste”. Íbamos en un Citroën hecho bosta, pero aprendí.
Yo soy de la tanda vieja, tengo 64, aunque laburáramos y seamos independientes no nos íbamos de la casa de nuestros padres. Las primeras cosas de inglés me las enseñó Bessy Magiollo, a quien le estoy muy agradecida. Y después trabajé con Cristina Perretti y Maricha Magiollo que me hicieron bajar a tierra todo lo que uno aprende en el profesorado, lo cotidiano que necesitamos en el ámbito privado.
Con eso, y un poquito que le puse yo, logré hacer todo mi camino en Formosa, y me sentí muy satisfecha. Sentí que cumplí con mi rol, siento que todos estamos para algo en la vida. Y siento que pude hacer, en la medida de mi capacidad, para lo que estaba hecha.
No es consejo, pero si les sirve… Yo creo que el formarse para poder ir concretando sueños y el tener el coraje de seguirlos, de seguir el corazón un poco más, te ayuda un montón a ser muy feliz. Nosotros vivimos agradecidos a la vida…
Hemos tenido mil tropiezos y problemas, pero creo a esta altura que vale la pena. Los jóvenes por ahí tienen terror… Por eso les digo: fórmense y métanle para adelante que se puede”.
La familia
“Con Hernán formamos una bella familia. Tenemos dos hijos, uno tiene 38 años, Hernán, y Sebastián tiene 36. Ellos están en la Capital, Buenos Aires. Hernán es abogado y tiene una maestría en business, así que trabaja haciendo consultoría económica en una empresa. Y Sebastián es pediatra, trabajó en el Hospital Garrahan un tiempo como pediatra clínico, y después hizo la especialidad de pediatra endocrinólogo en el Hospital Gutiérrez, hasta hace un par de años que terminó su jefatura de residente, y ahora investiga para el Conicet en el mismo hospital, y una maestría en el Hospital Italiano sobre estadística general.
Lo curioso es que nuestros hijos no nacieron en Formosa. Los vine a tener a Mercedes porque el tío Ñeque los trajo a la vida. Uno nació en el Sanatorio y otro en la Clínica, así que son mercedinos, pero no vivieron casi nada. Salvo para las vacaciones… pero Hernán tiene un gran grupo de amigos de la UBA, y se juntaba con los hijos de Ñeque y comparten los amigos. El negrito Gutiérrez, Marquitos Tabossi, y otros, ese grupo es amigo de mi hijo mayor.
En los momentos determinantes uno elige los refugios afectivos y de confianza, y por eso fuimos a Mercedes.
Viste que cuando uno se va poniendo más grande va decidiendo dónde le gustaría reposar para siempre… Nos vamos acercando. Yo tengo a mis padres en Mercedes, familia también, así que mientras los chicos estén allá, vamos a aprovechar de estar con ellos y de disfrutarlos. Tenemos 3 nietos mágicos que nos tienen enamorados y viven acá…
Y después tengo a Martín, mi hermano menor, veterinario, a mi hermana Laura, y a mi sobrina Dolores viviendo ahí. Ñeque, a Lilian, a los 3 hijos, y ellos a su vez tienen sus hijos… Martín tiene a su hija, Mi otro hermano tiene a Marcelo, mi otro sobrino… Hugo López, Elsa… Tengo por todos lados.
Por todo esto Mercedes es muy especial para mí, me acuerdo de millares de cosas. El agarrar la bici e ir con un grupo grande hasta el Club Redes bicicleteando con “la barra”, como le decíamos… Fue hermoso. El colectivo de Cosi dando la vuelta por la Escuela Normal. Sentarme en la Plaza San Martín a sentir los tilos antes de ir a la escuela…
Le agradezco a todos los mercedinos que tanto me han cobijado, tanto me han dado, y me dan… Mi saludo es a todas y cada una de las personas con las que he tenido la alegría de poder encontrarme y seguir encontrándome. Y si no los veo físicamente los encuentro en el alma porque los tengo presente y los abrazo. Al fin y al cabo, al comienzo y al final de la vida, lo que cuenta siempre es el cuore, para mí por lo menos”- concluye.







