La historia del reencuentro de un mercedino con su madre biológica luego de 45 años

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Inés Cuenca tiene 62 años y reside en Suipacha. Tuvo cinco hijos. El primero de ellos lo dio a luz a los 16 años en Mercedes. Le dijeron que había muerto. Nunca se dio por vencida y 45 años después se pudo reencontrar. Los detalles de una historia que se puede contar en primera persona.

Carlos Antonio Mazú nació un 30 de mayo de 1978 en la ciudad de Mercedes. Así lo indica su partida de nacimiento expedida en el Registro Civil de esta ciudad con las firmas y sellos correspondientes. En ella puede verse que “Carlitos”, como lo conocen sus más cercanos, nació en un domicilio particular con asistencia de una partera, exactamente a las 17.45 de esa jornada. Ese domicilio particular es la casa en la que aún reside junto a su esposa y sus tres hijos. Tiene en la actualidad 45 años de edad. Justamente fue el tiempo que le llevó encontrarse que su vida había recorrido otros carriles, otros caminos, que ahora se juntan y descubren una historia que jamás había imaginado. Existe en Facebook una página que se llama Completando mi Historia. No solo demuestra que las redes sociales pueden y deben tener un propósito noble sino que también permite a que muchas personas puedan reconstruir su identidad, hayan o no sido víctimas del terrorismo de Estado. Se pueden encontrar casos de abandono, de adopciones, o sencillamente de perder el rastro de la propia sangre. También hay casos de personas que sufrieron el horror de la dictadura. No parece ser el caso de Carlos Mazú, pero no significa que no sea una historia para contar y compartir.

El camino de Carlos

Ambos se buscaban sin saberlo. Cada uno por su propio lado, cada uno con sus dudas, sus interrogantes y sus casilleros vacíos. Carlos nació en Mercedes en su casa de la calle 36 entre 17 y 19. Su padre de crianza era oriundo de O’Higgins, una localidad del partido de Chacabuco. Se casó con una mercedina y tuvieron un primer hijo en el año 71 que siendo muy pequeño falleció. En el 78 llegó Carlos quien no pudo conocer a su hermano. Su padre, que por entonces era jefe en el Correo Argentino, falleció cuando tenía apenas cuatro años. Su madre murió en 2010. Apenas cuando tenía cuatro años y como consecuencia de esos comentarios que suelen correr en los pueblos, Carlitos escuchó que era adoptado y comenzó a hacerse las primeras preguntas. Le respondieron que era imposible y hasta recuerda que le trajeron a una partera que le contó cómo había sido su nacimiento. “Tengo recuerdos muy vagos… pero siempre me llamaba la atención que había fotos de mi hermano, que no llegué a conocer, cuando lo bautizaban… Fotos mías de esos momentos no había. No tenía muy en claro porqué”, dice a Protagonistas. Una mañana, ya con más de 40 años sobre sus hombros, decidió enfrentar la situación con más decisión y firmeza. Al menos estaba dispuesto a hacer las averiguaciones que considerara necesarias. “Le comento a mi esposa quien me dice que era imposible y me hace notar que era igual a mi mamá del corazón… No puedo explicar porqué fue en ese momento que empecé a dudar de mi identidad”, agrega. Carlos lo comenta con dos amigos y estos lo acompañan en su intención de conocer su verdad y quitarse cualquier duda que pudiera tener. El primer contacto lo hace con Abuelas de Plaza de Mayo. Había nacido en el 78 y tenía dudas de ser hijo de desaparecidos. Lo contactan dos meses después y desde la CONADI, (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad), le piden datos para buscar y confirmar su identidad. Detectan el domicilio de la partida de nacimiento y le preguntan si en esa dirección funcionaba un centro de salud o era la casa de un médico. Ninguna de las dos cosas, era su propia casa. Entonces le proponen realizarse un ADN para obtener sus datos genéticos, hecho que acepta y que lleva adelante en febrero de este año. Le anticipan que en agosto iba a tener resultados. Su verdadera madre también buscaba a su hijo y las muestras de ADN coincidieron. Inés Cuenca de 62 años, domiciliada en Suipacha, era la madre biológica de Carlitos Mazú. El pasado martes se reencontraron en la vecina ciudad adonde viajó con sus hijos. Allí encontró que tiene otros hermanos, cuatro más. Una nueva familia. “Quiero recuperar una vida que no pude tener, a pesar que mis padres del corazón me dieron todo”, dice Carlitos Mazú quien todavía no termina de cerrar la historia ni de entender muchas cuestiones que debe ir elaborando con el paso del tiempo. Está dispuesto a hacerlo.

El camino de Inés

Inés Cuenca reside en Suipacha. Tuvo cinco hijos. El primero de ellos cuando apenas tenía 16 años. Había quedado embarazada supuestamente de un militar. Su madre trató de ocultar esa situación manteniéndola encerrada durante largos meses. Cuentan que en una ocasión, ya con el embarazo avanzado, un auto de color blanco fue a buscarla en Suipacha para trasladarla a Mercedes. Dio a luz, pero nunca tomó contacto con el bebé. Afirma que le dieron alguna pastilla que la hizo dormir y que al despertar le dijeron que su pequeño había fallecido. Sin embargo siempre lo buscó. Aquí en Mercedes. Sin saber que era un niño, más bien creía que era una niña. Siempre se lo había contado a sus otros cuatro hijos. Nunca creyó que había nacido sin vida. En 2020 registró sus datos genéticos en la CONADI. Existe un programa llamado «Mamás que buscan», para quienes tuvieron su bebé entre julio de 1974 y diciembre de 1983, “es gratuito y confidencial y tu hijo/a puede estar entre todas esas muestras de personas que desconocen sus orígenes y no son hijos de desaparecidos”, revelan. El correr de los años le permitió saber poco tiempo después que aquel día del año 78, su hijo había nacido sin dificultades, pero había quedado en manos de otra familia. “Inés no tenía recuerdo de lo sucedido hasta hace un tiempo debido a que el hecho del nacimiento fue muy traumático para ella. Ella no entregó a su bebé. Una partera la tuvo escondida en su casa la última semana antes de dar a luz. Inés tenía 16 años por aquel entonces y no pudo decidir nada. Le dieron una pastilla para dormir y cuando despertó el bebé ya no estaba y nunca supo nada más de él. Después de eso, su mamá y su hermana le dijeron por años que estaba loca y que nunca había sucedido lo que sucedió”, se puede leer en el relato de Facebook. En ese posteo también se habla de haber acudido a la Justicia junto a otros casos similares en Mercedes, “la Justicia minimizó lo que le sucedió a Inés siendo una adolescente. Le robaron a su hijo, la tuvieron retenida en una casa donde la hicieron parir… Pero nada de eso fue importante para poder tener un fallo, al menos, que reconociera que fue una víctima”, expresa la publicación en la red social. La semana pasada la situación dio un vuelco. Inés se reencontró con Carlos, su primer hijo, ese que no le permitieron abrazar apenas nació. Pudieron conocerlo sus hermanos, Inés pudo saber que tiene otros nietos. Una historia con muchas páginas en blanco que hay que ir reconstruyendo para escribirla, para llenar tantos casilleros que estuvieron vacíos durante tanto tiempo.

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