“Mis raíces están en Mercedes”

Por Fernando Pachiani

En 1988 se radicó en Neuquén (capital)  y en plena pandemia se trasladó a Aluminé.  Es maestra jardinera jubilada, narradora oral e integrante de la Fundación Donde quiero estar que transforma el clima de la sala de quimioterapia a través del arte y la reflexología.

Destino Neuquén

 “A Neuquén, capital me vine en el 88 – comienza a contarnos Patricia. Y a Aluminé me vine en la pandemia. Recordé que en mi infancia me gustaba vivir en la montaña, mi idea era El Bolsón o Lago Puelo, pero terminé acá por una compañera de la escuela que me invitó a conocer y me gustó. Conseguí trabajo de maestra jardinera y me quedé viviendo más de 30 años. Y encontré Aluminé, que no lo conocía, por más que vivía a 300 kilómetros. En un día me enamoré de Aluminé, de su gente, de su río y sus montañas. Ahora alquilo una cabaña en un lugar hermoso, vivo a 100 metros del río. Me gusta el frío, por eso me gusta tanto el sur. Pero no sé si es mi lugar definitivo. Nunca se sabe. La valija está ahí preparada por las dudas. Creo que hay que cumplir los sueños – dice.

Yo me jubilé en el 2015 de docente doble turno, de maestra jardinera. Hice el camino de Santiago de Compostela, y ahí hice un retiro espiritual, así que empecé a rever mi vida. 

Uno no se da cuenta pero viene con la estructura de trabajar toda la vida, y es importante darte cuenta de qué es lo que te gusta, lo que soñaste… Ahí se produce un quiebre.

En ese momento dije: ¿qué hago? Así que me dediqué a ser voluntaria en la parte de Oncología del hospital de Neuquén. Como mi mamá fue partera, fue fácil. Para mí es un lugar de vida, un lugar lindo. A pesar de que iba a la parte del cáncer, me causaba alegría dentro de todo, porque iba de chiquita a ver a los niños nacer. Como mamá me llevaba al hospital a ver la vida, eso me fortaleció. Me empezó a gustar. Después me dediqué a la narración oral, estudié 2 años.

Pero volviendo a porqué elegí como destino Neuquén, te cuento que en el año 80 me recibí en Misericordia. Intenté ingresar a Arquitectura, pero en ese momento era examen eliminatorio, así que como no me fue bien me volví a Mercedes. Se ve que no era mi destino. Así que estudié maestra jardinera y en el año 86 empecé a pensar en irme de Mercedes, quería tener mi independencia.

Me anoté para ir a trabajar allá, por Chubut, Lago Puelo. Me llamaron de Río Pico, en la montaña, en Chubut. Yo dije voy, aunque no sabía ni dónde era. Mi papá que era muy viajero y le encantaba la aventura me dice yo te acompaño, te quedás y me vuelvo. A los dos días me mandaron un telegrama que no era para mí, que era para una maestra de grado, así que me eché para atrás.

A fines del 87, una compañera de la escuela, Silvina Fernández Vita, que vive en Mercedes actualmente, como ella en ese momento vivía en Neuquén, me invitó y me quedé, treinta y pico de años… Me encantó. Tenía 25 años…  En seguida conseguí doble turno de jardinera y me quedé” – recuerda.

Los apodos de varones

“En mi familia somos todas mujeres, con mi mamá éramos 5 y mi papá, obvio. Mi viejo estaba feliz con tantas mujeres pero todas teníamos sobrenombre de varón, así que en el fondo quería tener su varoncito. A mí me decían Pati, la única, acá me dicen Pato, que no se sabe si es mujer o varón, pero mis hermanas, una se llama María Amalia y le decimos Mario. La segunda Angelita, le decimos Ángel, y a Alejandra le decimos Ale, que puede ser para ambos sexos. Yo creo que no lo decía pero en el fondo un varoncito le hubiese gustado tener a papá – confiesa.

   Nací en la calle 18 y 23, y cuando tenía un año nos mudamos a la 20 entre 29 y 31 al lado de lo de Anús, en ese momento era un barrio tranquilo, pero céntrico.

Fui al Jardín N° 1 y después primaria y secundaria a Misericordia. Tengo un grupo de 7 amigas que siempre hacemos viajes juntas. Tenemos el grupo de WhatsApp «Las mercedinas» y  me han venido a visitar… Son todas de Misericordia y algunas de primaria. Somos amigas de toda la vida, mirá cuántos años, y todas viven en Mercedes. La única que se fue fui yo. Me hubiera gustado que la escuela fuera mixta en aquella época. Era una alumna 8. Podría haber sido un 10, pero era haragana…

A Mercedes voy para las fiestas, y voy menos desde que murió mi mamá. Pero igual voy. Nunca extrañé nada, porque iba cumpliendo mis sueños, y no soy apegada. Me gusta Mercedes, pero cuando voy veo a mis amigos y mi familia, pero voy de casa en casa, no paseo tanto. 

Voy poquito y me gusta disfrutar eso”.

Hacer por el otro

“Desde que estoy en Aluminé el hospital es muy chico, hay poca internación, no hay Oncología, pero ya me pondré en contacto para retornar a eso. Yo trabajaba en la parte de arte, lo que hacía en el jardín con los chicos, para que se entretengan los pacientes mientras les hacen quimioterapia. Algunos pacientes van 10 minutos y otros van 4 horas. Hemos hecho exposiciones en Buenos Aires y en Neuquén. La fundación se llama: «Donde quiero estar», la fundó una señora que perdió un hijo de 15 años por el cáncer, y dijo o me muero con el dolor o hago algo, y empezó a ir a los hospitales. Ella es profe de Educación Física y daba expresión corporal, arte, reflexología, cosmética. Todo voluntario. Uno aporta de lo suyo. A veces he narrado cuentos, o llevaba a una amiga que toca la guitarra…Iba una vez por semana 3 o 4 horas”. 

Maleta de saberes

“Lo de narrar creo que es por herencia, porque mi papá era un gran narrador. Era policía, antiguo, de esos que ya no existen más. Siempre tuvo un cargo, fue comisario…  pero nuestro lugar siempre fue Mercedes. Él se trasladaba pero siempre volvía a mi casa. 

Como maestra jardinera contaba cuentos todos los días. Yo de chica era muy tímida, así que todo eso guardado lo largué de grande, tenía mucho por contar…

Ahora me estoy integrando a un grupo de narración, estamos armando un espectáculo para adultos. 

Uno lee 100 cuentos, y de ahí elige 1 o 2, te tiene que tocar algo tuyo. El primer cuento se llama: “Punto cruz” y habla del bordado. Y cuando me jubilé me dije: “no quiero terminar siendo bordadora”. Ahora integro, en la Biblioteca de Aluminé, un grupo que se llama «Maleta de saberes», el objetivo de este grupo es hacer un libro que lo paga la editorial de la Biblioteca, y las mujeres que vamos tenemos que poner nuestros saberes en la escritura de un libro, y uno de mis saberes era el bordado mexicano… Así que nunca digas nunca – expresa.

Mirá el otro día leí un poema de Amado Nervo que se llama «En Paz», donde dice: «Vida nada te debo, vida nada me debes… Estamos en paz». Así me siento. Digo que hay que cumplir los sueños en vida. De hecho, hace poco hice un curso de avistaje de aves, para reconocer los pajaritos de acá. Soy un poco inquieta. 

Me compré binoculares y todo. Estoy aprendiendo, de a poco, no me preguntes mucho… 

Pero estoy reconociendo los cantos.  Ando reconociendo plantas, porque también hago un curso de fitoterapia

Gracias por haberme llamado y por dejarme contar un poco de mi vida a los mercedinos. Muchas gracias. Los mercedinos tienen algo que son muy amigueros, siempre destaco eso. Tiene sus amigos de la infancia, son de juntarse, son bien de las reuniones de amigos. Todos mis amigos y conocidos vea o no siempre están en mi recuerdo, en mi corazón. Las raíces están ahí, no se pueden perder las raíces, hay que valorarlas” – concluye. 

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