“Los años en Mercedes me marcaron mucho”
Por Fernando Pachiani
Hace 40 años que reside en Bahía Blanca. Vivió en Mercedes desde los 3 a los 12 años. Concurrió al Colegio Misericordia Es docente y formada en el Instituto Cristífero de vida consagrada.
La infancia en Mercedes
“Soy la menor de 6 hermanos – comienza a contarnos Florencia. Uno de mis hermanos, Ricardo Marfía, vive en Mercedes. Yo llegué cuando tenía 3 años y ya a los 12 nos fuimos. La mayor parte del tiempo la viví acá en Bahía Blanca, llevo 40 años viviendo acá, pero de Mercedes tengo los mejores recuerdos de mi infancia, y tenemos muchos vínculos con mis familiares, con mis sobrinos… Mis dos hermanas mujeres también se casaron con dos mercedinos, Martin Rivero y Eduardo García Sotillo, así que el vínculo está intacto.
Yo nací en 25 de Mayo, provincia de Bs. As. y estuve ahí hasta los 3 años. Mis hermanos mayores hicieron toda su infancia ahí, pero mi papá como era ingeniero civil, lo trasladaban por las obras que dirigía, así que por eso nos fuimos a Mercedes. Todos mis hermanos nacieron en La Plata igual. El tema es que mi mamá se conoció con mi papá en el comedor universitario de La Plata, así que terminaron su carrera, se casaron y después se trasladaron a 25 de Mayo. Era la época del secundario de antes. El secundario lo hice en Ushuaia y en 25 de Mayo. En Mercedes fui a Misericordia.
De Mercedes recuerdo la época que jugábamos en la calle, andábamos en bicicleta, íbamos al Club Mercedes, a la pileta… Mi papá tenía una camioneta, pero sino me llevaban en bicicleta a todos lados. Jugábamos en la vereda… Me acuerdo los corsos… Nosotros vivíamos en la calle 29 entre 26 y 28, al lado de la plaza. Era una casa de dos plantas, estilo colonial. Creo que hay oficinas municipales ahora. En el corso nos poníamos en el balcón, o jugábamos al carnaval… Fueron años que a mí me marcaron mucho. Fue muy lindo. Me acuerdo muchísimo cuando vivía en la calle 31, sobre la avenida había un lugar como una fábrica de nylon, a la vuelta de mi casa, donde patinábamos por un sector, como un playón. Me encanta la Catedral, la Iglesia San Patricio, las casas bajas. Lo que es lindo de Mercedes es cómo ha mantenido todo el patrimonio – dice.
Toda la primaria la hice en Misericordia. Mis hermanos también hicieron el secundario. Yo entré en jardín de infantes. Estaba la hermana Elizabeth, ella me agarraba a upa-recuerda.
Hice hasta 7º grado con compañeras comoFranca Lombardo, Karina López, Paola Dufourquet, de la casa de la 29 nos mudamos a una casa en la calle 31 y a la vuelta vivía Paola así que iba al colegio con ella, andábamos en bicicleta… Y después me juntaba mucho con Margarita Garau; jugábamos a las Barbies, ella tenía las últimas…
Después me tuve que ir a Ushuaia con mis padres, y un hermano, los demás se quedaron estudiando en Capital. Cuando terminé el primario falleció mi abuela, así que nos fuimos para Ushuaia. Hice un año en el Colegio Nacional de Ushuaia, y después nos vinimos a Bahía Blanca, y terminé el secundario de los Salesianos. Después empecé la universidad, estudié Licenciatura en Computación, y luego seguí estudiando en el Juan XXIII.
Te cuento que ya soy tía – abuela. Mi mamá tiene 8 bisnietos. Tengo 16 sobrinos. Una familia hermosa” – señala.
Acondroplasia
“Cuando decía que la hermana Elizabeth me hacía upa, es literal porque sufro de acondroplasia que es una clase de enanismo. Mi familia en ningún momento me ocultó. Ni me daba cuenta en el colegio, porque íbamos avanzando y creciendo con los mismos intereses, a la par… Los médicos que me acompañaron en esa época, eran de excelencia. Recuerdo siempre al endocrinólogo, que siempre me decía: “vos Florencia te tenés que cuidar, tenés que leer, estudiar, porque el día de mañana lo que va a importar lo que puedas transmitir, no tu exterior”. Me acuerdo cuando iba a tomar clases de piano a lo de Yaya… esa experiencia musical, y todo lo que hice me hacía muy bien. Yo ni me doy cuenta de que soy así.
Uno da lo que tiene. Tu forma de ser, de comunicar, de hacer cosas… Va más allá. Si no llego a un timbre no tengo problema de decirle a alguien… Son cosas mismas de la vida, naturales. Lo tengo naturalizado. Pero eso también fue mucho del acompañamiento de mi familia, de ambiente y de mis amigos… Es así. No me hago un trauma de eso. Si no llego a algún lugar lo pido. Hay que tener fortaleza interior.
Mirá te cuento una anécdota: en los primeros años de docente. Era la primera hora, mi primera materia, el salón lleno y entraba yo. Empiezo a hablar, y pongo mi nombre en el pizarrón, y les aclaro que todo va a quedar de la mitad del pizarrón para abajo, y ahí todos se mataron de risa. Yo lo tomo con alegría…
El encerrarse en uno mismo es lo peor. Lo mejor es salir y hacer cosas” – confiesa.
La docencia
“Yo creo que la formación recibida en el Colegio Misericordia influyó en mi carrera, aunque yo me orienté para el lado de lo técnico. Yo nunca pensé en la docencia… Pero cuando terminé de cursar en el Juan XXIII me tomaron como ayudante. Empecé ahí y me gustó. El tema es entrar e ir viendo cada proyecto. Me encantó, me empecé a especializar. Seguí estudiando, hice una maestría… Hace unos años me pedían el título docente así que hice un profesorado universitario, ahora llevo más de 25 años de docente. Ahora todo es a nivel superior.
Pasé por la experiencia de nivel primario, dando clases y talleres; luego hice secundario, y ahora me dedico al nivel superior, dando los tramos pedagógicos que son para los profesionales que no tienen la carrera docente y tiene que dar clases.
Estoy como docente hace años en contextos de encierro, en la cárcel. Yo estoy en el último año. Es un grupo de adultos mayores. Lo que sí, nunca quiero saber porqué están ahí. Porque para mí es lo mismo darle una clase a un alumno de nivel superior o a ellos, y tengo alumnos brillantes. Les doy conocimientos y herramientas para que tengan esperanza y para que cuando salgan y tengan un emprendimiento, darles aire fresco. Al menos en esas 4 horas ellos pueden hablar otro código cultural, pueden tener apoyo… Y eso es lo gratificante.
Uno llega a determinadas etapas de la vida que se empieza a cuestionar: ¿qué hago de la vida? ¿Qué proyectos tengo? Ahora a los 53 años, creo que tengo todo armado, pero a los 25 años uno se hace preguntas…
Todo lo que soy hoy es gracias a todo lo que yo viví. Viste que lo que vivimos en la infancia nos marca… Vuelvo a repetir, gracias a mi familia, pero mis años de infancia con las chicas en Mercedes me marcó. Me dio miles de herramientas y posibilidades, para lograr lo que uno es ahora”.
El llamado a ser cristífera
“Te cuento que en esa época estaba en los grupos de los salesianos, yendo a los barrios, yéndome de misión, los voluntariados… Y por esas cosas de la vida me acompaña un sacerdote… Yo sentía que ser monja no era para mí, porque quería seguir estando en el mundo. Él me habló de los Institutos Seculares, y en una oportunidad me da un texto para leer. Ahí veo un testimonio de una cristífera. Y me convertí. Soy parte de ese instituto cuyo fundador fue monseñor Miguel Hesayne y la laica Beatriz Abadía. Es el primer instituto secular argentino. Y estoy con esta vocación.
El Instituto Cristífero es un instituto secular femenino de vida consagrada, de derecho pontificio, creado según las leyes de la Iglesia Católica.
Yo vivo con mi casa, con mi mamá, hago mi ritmo habitual de trabajo. Yo no estoy casada ni tengo hijos, pero lo elegí yo. Hay distintas ramas, y uno elige. En el 2015 hice mis votos perpetuos. Yo soy una laica común. Fue una opción que quise tomar. Tenemos dos encuentros al año: uno en vacaciones de invierno y otro en verano.
Además integré un tiempo el Consejo que nuclea todos los institutos seculares. En Mercedes he estado y hay. Están los de la orden de Don Bosco, los Franciscanos… Hay de hombres. Hay mucha diversidad a nivel mundial. Es una vocación poco conocida. El laico consagrado es poco conocido, en general se conocen a los monjes y las monjas. Por ejemplo, los movimientos de los Focolares viven en comunidad. Pero nosotros llevamos una vida normal, trabajamos, etc. No me mandan a ningún lugar, yo vivo donde quiero.
He ido a encuentros mundiales. Al principio también viajaba porque Marcelo, uno de mis hermanos vive en París. He ido a Francia, España, Italia, Bélgica… La última vez que viajé fue en el Encuentro Mundial de Consagrados, que fue en Roma en 2019. Paramos en Santa Marta donde vive el Papa Francisco. Fue una experiencia hermosa. También estuve en Brasil, pero ahí fue para dar un curso en la Universidad Salesiana, en Campiña, San Pablo…
La verdad que me siento una privilegiada de la vida, por la familia que tengo, por mis padres y mis hermanos, por la educación, las oportunidades que he tenido, mi grupo de amigas… Esta es una etapa para ir devolviendo todo lo que uno recibió, ¿no?
Un saludo para todos y mis mejores recuerdos” – concluye.







