“Mercedes es el perfume de mi infancia”

Por Fernando Pachiani

Desde 1984 que reside en Neuquén. Cursó estudios en el Colegio Misericordia y se recibió en la escuela Normal en 1976. Estudió Psicología durante los años de la dictadura.

Sus raíces mercedinas

“Mi cuestión con Mercedes tienen que ver con la familia de mi mamá, Rosa Magdalena Lima Filippi, que se casa muy jovencita con mi papá, Alberto Giani, «el Negro», y se van a vivir a Luján – comienza a contarnos Miriam.

Nací yo, después mi hermana Judith, que es artista plástica, y va seguido a Mercedes, aunque vive en Buenos Aires, va a mostrar su arte y producción allá. 

Yo nací en Luján, y en realidad durante toda mi infancia, los fines de semana íbamos a Mercedes. 

Además cuando era muy chiquita, aún tengo recuerdos de eso, mi papá enfermó, así que me fui a casa de mis abuelos, en la 21 y 20. 

Tengo recuerdos muy vívidos y eso que tenía 2 o 3 años. Salía a pasear con las primas de mi mamá, personas muy queridas y muy cercanas.

La casa de mis abuelos, el taller de Filippi, fue un lugar de referencia de mi vida. 

Yo recuerdo mucho esa esquina. Enfrente donde hoy está la cámara Económica estaba Telefónica, y estaba la verdulería de Don Natalio, que tenía olor feo… Mi abuelo tenía los tornos, así que todo el día tenía ese sonido… Tengo bellos recuerdos. 

Hice la primaria y el jardín en el Normal de Luján y la primaria en la Escuela 14, que me quedaba a la vuelta de casa. Tenía amigos y amigas en Mercedes con los que jugaba en la vereda, de tanto ir para allá, compañeros con los que jugábamos a la escondida y otros juegos de vereda, por la 20 y 21.

Mi mamá se había casado muy jovencita, una mujer muy lectora, y sintió la necesidad de estudiar, después de que naciera mi hermana Judith en el 67. Yo soy del 59. Mi mamá empieza el profesorado de Inglés en Parroquial. Yo llegué en 4to grado a vivir primero en la casa de mis abuelos, hasta que encontramos una casa para alquilar en la calle 35 entre 20 y 22. Era vecina de las chicas de Shanahan, y me hice amiga de Leila y Raúl Caram, de los Manganiello, de Marisa y de Jorge, que seguimos siendo amigos, somos comadres con Marisa.

Hubo un tema porque me querían inscribir en  el Normal y no me dieron banco. Eso fue una herida familiar terrible, porque mi familia había ido ahí. Me anotaron en el Misericordia desde 4to grado hasta 3er año. Ahí decidí mudarme por mis propios medios y terminé en el Normal, promoción 76. Estoy en el grupo de WhatsApp de mis compañeros de Normal.

Me quedan recuerdos, gente querida, y que de vez en cuando la he visto pero no tanto, porque son muchos años que estoy acá. 

La gente que más veo es apenas un puñadito. Una es la prima de Alfredo, Elizabeth Uncal, que somos familia por parte paterna, su bisabuela era hermana de mi abuelo Giani.

Soy comadre con Marcela Larribau, fui muy amiga de José Luna, y mi ahijado es Nahuel Luna. Antes íbamos mucho a cuidar a mis abuelos, mi abuela murió a los 102 años. 

Y después falleció mi tío y la querida Nenín, que falleció hace dos años. 

Así que fueron pocos mis años en Mercedes: hice de 4to grado hasta 5to año, después me voy a vivir a Buenos Aires, a estudiar Psicología y cuando termino la carrera, tuve mi primer trabajo como psicóloga en Mercedes y ya en el 84 me vine a vivir acá.

La adolescencia en Mercedes fue muy interesante porque se podía hacer tantas cosas…

Había mucha vida estudiantil. Vivía en la calle 23 entre 24 y 26, era una casa muy bonita. Ahí nos reuníamos por la estudiantina. Yo participé de muchísimos grupos en esa época. 

Recuerdo con mucho cariño y honra el trabajo que se tomaban muchas personas de juntarnos, compartir espacios para conversar… 

Había reuniones del movimiento estudiantil y participábamos”- recuerda. 

La perla del Paraná

“La historia de mi abuelo Filippi es muy interesante. Él nació en Empedrado, Corrientes,  porque sus papás vinieron de Europa a trabajar en un gran hotel del Paraná, que iba a ser la “Perla del Paraná”, un hotel con casino, cancha de tenis, etc. Un gran hotel al estilo marplatense.

Mi bisabuelo viene ahí a instalar y poner en marcha la usina que abastecería de energía al hotel. Cuando tenía 10 años viajé con mi abuelo y mi tío Emilio y fuimos a ver las ruinas de ese gran hotel. Y hace un par de años mis hijos me regalaron el viaje y fuimos y nuevamente por lo que tengo recuerdos muy vívidos de ese lugar que es una verdadera locura. Están las ruinas de las ruinas mismas. Imaginate que en 1913 se inaugura, y antes de la primera guerra funde la sociedad, que tenía a toda la oligarquía porteña… Y en el 41 demuelen el hotel…y aún se conservan esas ruinas.

Mis abuelos vuelven a Europa pero como eran del norte de Italia, regresan a la Argentina, antes de la guerra del 14 y se instalan definitivamente en Mercedes” – cuenta.

Estudiar en dictadura

“Empecé mis estudios universitarios en 1977. En la universidad, como estaba el proceso, no había ningún cartel. El silencio absoluto, el silencio de la proscripción. No había nada en las paredes. Solo silencio. Al principio había decidido estudiar otra cosa pero como se abría Psicología me anoté. Ese año los milicos nos pusieron examen de ingreso con cupo, así que tuve que preparar varias materias: Psicología, Biología y Comprensión de textos. Mirá qué poco popular que era en ese momento que no tuve nadie con quien estudiar – dice.

Ese verano fue re doloroso, porque cuando volvimos del viaje de egresados de Bariloche, había sucedido que lo habían matado a Agosti. Ya habían secuestrado a Marizul, hermana de María Inés, que fue compañera mía, y a su papá. Recuerdo que todo eso, y preparar las materias fue horroroso porque no se podía hablar de eso que había pasado. Como a mí me gustaba escribir, hacía poemas trágicos y se los llevaba a Mónica Tirone, la profesora de Literatura, como un modo de decir la angustia que vivía. Fui a un pensionado de monjas con chicas de Mercedes, y eran bien piolas las monjas. Era un lugar de resistencia. Los Santos Ángeles Custodios se llamaba. Era un lugar de refugio, y muchas chicas perseguidas fueron ahí. Escuchábamos música que estaba prohibida, y hacíamos guitarreadas. Las monjas cerraban a las 11 de la noche y ya no entraba nadie. Ahí nos permitíamos cosas… Era un lugar de contención y aprendizaje entre nosotras. La dictadura fue terrible para nuestro movimiento…

Destino Neuquén

“Me fui a vivir a Neuquén porque lo conocí con mis compañeros y compañeros en Bariloche y me encantó. No conocía la cordillera, así que me pareció hermoso. Después fui de mochilera, en carpa… Conocí San Martín de los Andes. Y en un viaje fui a visitar a Alejandra Monsalvo y José Luis, después de su casamiento, y pasamos por Neuquén y armamos la carpa en el balneario municipal, en aquel momento se podía tomar el agua del río. Dicen que si tomas agua del Río Limay volvés, y volví.

Me encantó la ciudad para vivir. El cielo es azul, me gusta mucho el clima. Yo me vine con una tribu de amigos y amigas que se vinieron con la democracia, y vivimos el sueño del sur, que era la capital de los derechos humanos. Sabíamos que iba a haber trabajo, así que me vine. Éramos pocos los psicólogos, yo era la Nº 127, ahora hay más de 4 mil. 

Vine con un proyecto de familia. Después armé otra familia. Tengo 3 hijos. Jana, Nicolás y Paulo, y los 3 ya son grandes. 

Todos nacieron acá menos Ana que nació en Cipolletti, pero se criaron los 3 acá en esa casa. 

Hoy en día vivo sola con mi perro, y tengo un montón de proyectos. 

A veces me gusta escribir. Escribo artículos, a veces dirijo tesis de posgrado. No me dediqué a la poesía ni me veo publicando, pero si hay que decir algo escribo, me gusta mucho.

Aunque ya estoy jubilada en lo público, como soy psicóloga, y fui directora de Salud Mental, y trabajé en Salud Pública, algunas colegas jóvenes me han invitado a hablar de infancia y de crianzas, temas que me han convocado a diferentes programas de radio por ejemplo.  

Yo digo siempre que uno tiene que luchar por sostener los espacios públicos, y ser el mejor profesional, porque la persona que accede a lo público quizás no tenga otra persona… Esa fue siempre mi camiseta. La importancia del otro, todo eso se lo pude agradecer al querido Martín Caracoche.

Gracias por permitirme acercarme a Mercedes que es mi infancia, el perfume de mi infancia. Saludo a mis hijos, a mi ahijado Nahuel, a mi comadre Marcela, a mis amigos, Raúl y Carlitos González, amigos de la adolescencia y de la vida…

A Marisa Manganiello si estuviera por ahí… A mis compañeros y compañeras del Normal, a las compañeras de Misericordia, Silvia Hayes, con quien nos hemos acompañado mucho, porque su mamá era amiga de mi familia. 

A Irene Díaz y a mi primo Omar Filippi, hijo de Lila, que están ahí y son la familia que queda en Mercedes. Y a Elizabeth, un abrazo fuerte”- concluye. 

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