Los atados de las marcas tradicionales son una especie en extinción desde hace algunas semanas. Ya no quedan ni los alternativos de menor calidad. “No hay cigarrillos”, rezan los carteles en los kioscos. Los armados se amigaron con nuevos consumidores. La crisis del tabaco y su impacto en Mercedes.

Pasaron 50 días del aislamiento social y a punto de anunciarse una flexibilización de la cuarentena el faltante no tiene que ver con alcohol en gel, barbijos, papel higiénico o lavandina, sino con los cigarrillos. Desde el 20 de marzo las fábricas productoras están cerradas y tal vez, entre tantas medidas relacionadas con la salud que precisamente no tienen nada que ver con el consumo del tabaco, se produjo esta situación que afecta a consumidores, comerciantes, trabajadores y hasta el propio Estado que se pierde de recaudar una importante suma de impuestos cada día que pasa. Las empresas podrías volver a funcionar a partir de hoy y esto comenzaría un camino de normalización en torno a la distribución de cigarrillos. Ese camino incluye la producción primero y luego la entrega a las distribuidoras y estas a los diferentes kioscos o puntos de venta. Todos arriesgan la cantidad de días o de horas que podría demandar ese circuito, pero lo cierto es que ya nada hay en el mercado minorista: ni los cigarrillos de marcas tradicionales o los denominados Premiun, ni los “baratos” también conocidos en la jerga como los “paraguayos”, pero tampoco hay tabaco, papel para armar y en algunos lugares pueden encontrarse cigarritos o habanos que pueden ser el reemplazo para frenar la ansiedad de quienes tienen el vicio.

No hay…

Los kioscos mercedinos, como seguramente tantos otros del país, comenzaron en los umbrales del desabastecimiento a ofrecer marcar alternativas. Muchos consumidores continuaban su búsqueda por otros comercios hasta llegar a la conclusión que la marca que fumaba era difícil de conseguir. Se resistía a los baratos hasta que pudiera. Pero cuando vieron que eran los únicos empezaron a llevarlos hasta “agotar stock”. En los últimos días la mayoría de los comercios pegaron en sus puertas carteles hechos a mano alzada con la simple leyenda, “No hay Cigarrillos”. “A pesar que está el cartel muchos entran y preguntan igual…”, explicaba sonriente un kiosquero. En las charlas informales que mantuvimos con muchos de ellos comentaban que hace ya algunas semanas las distribuidoras ni siquiera permitían que los kiosqueros pasaran a buscar la mercadería sino que tenían ellos que hacer cola. “Perdés un tiempo bárbaro y encima cuando llegás con tu pedido hay mucho de lo que necesitás que no tienen”, agregaba un comerciante del rubro. La sequía de tabaco se fue agravando y ya nadie tenía nada. “No hay… algunos clientes creen que uno puede tener algún atado guardado. Lejos que eso pueda pasar. Para los kiosqueros los cigarrillos representan un alto porcentaje de las ventas y además quien compra siempre lleva algo más. Para nosotros también es una situación que nos afecta”, comentaban.

Armados

La desaparición de los últimos atados se hizo evidente pasado el miércoles. Ya nada quedaba en las cigarreras de los comercios. Algunos clientes se quejaron de los típicos aumentos ante la escasez del tabaco. Desde un atado que valía 80 pesos que pasó a costar 150 hasta el paquete de tabaco que era el último refugio también había crecido en sus valores. Muchos fumadores empezaban a incursionar en el mundo del armado, algo que otros ya habían experimentado. Tabaco, filtro y papel… Hasta que todo pase. Apenas se anoticiaban de alguna novedad en algún kioscio, se producían colas. “Si tenía el sueño alterado con la cuarentena imagínate sin cigarrillos”, comentaba un fumador en una de esas desesperadas búsquedas.

Produciendo

Los protocolos ante el ministro de la Producción, Matías Kulfas, fueron presentados. Todo indica que en las próximas horas las fábricas estarán produciendo y en algunos días habrá un flujo más normal en la entrega de cigarrillos. No les ha resultado fácil a las empresas volver a producir. Incluso representantes gremiales del sector comentaban que hasta el viernes por la tarde la noticia era tan solo un trascendido, no una confirmación. La normalización, especialmente del mercado, se irá produciendo de manera paulatina. Todos en la cadena necesitan que eso suceda: desde el productor que comienza a hacer sus almácigos en el mes de agosto, hasta el simple fumador. Se estima que en la Argentina alrededor del 22 por ciento de la población consume tabaco, es decir alrededor de 8 millones de personas. Si se mantiene ese promedio en Mercedes estamos hablando de más de diez mil personas. Más de diez mil personas que aguardan que el escenario tienda a normalizarse, máxime en este escenario de cuarentena donde muchos fumadores admitieron incluso haber aumentado el consumo.

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