A los 85 años nos dejó el lunes 14 este enamorado del automovilismo cuyo ejemplo de dirigente y buena persona quedará para siempre.
Fuerte impacto causó en la comunidad fierrera mercedina la desaparición de este querido personaje de la actividad que nos apasiona. El COVID sumado a todo lo que la vida le hizo pujar por su salud y la de los suyos durante años, nos dejó sin la presencia señera de este hombre con todas las letras que nació en Navarro el 13 de abril de 1935 en el ceno de una familia humilde sufriendo el fallecimiento de su padre a los 11 años.
Pero este chico no era de quedarse quieto y la peleó junto a su madre saliendo a flote para arribar a nuestra ciudad muy joven aún trabajando de mecánico en el taller de Santitos Calvo (29-12 y 14), con Martín Cabré y demás, metiéndose de lleno en el Mercedes Automóvil Club para pintar postes en los caminos rurales que indicaban la ruta de las “500 Millas Mercedinas”, haciendo de banderillero en la carrera y aprendiendo junto a su primer MAESTRO, el inolvidable Adrián Bani, a quien tanto quiso que casado con su señora Luisa Tato, impusieron su nombre al primer hijo (Adrián), llegando luego Gabriel, construyendo una familia ejemplar de grandes personas.

En 1968 armó la lista ganadora de las elecciones del club con Luis L. Bandoni a la cabeza, un ejemplo a seguir en el automovilismo y en la vida, con José “Pocho” Spina de tesorero, con un joven de 23 años como secretario que es quien hoy esta nota escribe, junto a un grupo bárbaro e inolvidable organizando las últimas dos “500 Millas” en Bs As (1968), y Chivilcoy (1975), más tres carreras de Turismo Nacional en el circuito en el circuito del Matadero (Daniel Urrutia).
Concretado el sueño del autódromo en 1986 perdimos a su mentor “Ladrillo” Bandoni como “Coco” lo llamaba, un año después y Juan C. Romans y su gente tomó la posta con años formidables de carreras zonales exitosas.
Entre tanto Saborido trabajó con la familia San Martín, a quienes veneraba y ellos a él también, pasando a la empresa de maquinarias agrícolas del “Pago de Areco”, sin dejar de lado las carreras que íbamos a ver con su veterano Pontiac o con el “fierro” de Roberto Sannito o con mi auto, viajando por la mañana al T.C. donde hinchaba por Chevrolet y Carlos Pairetti era su ídolo junto a Juan Manuel Fangio, y a la tarde a seguir al “Nene” Dimaro y a los mercedinos en los zonales.
En 1974 (abril), se hace la fusión con el Club Huracán (Fara y Bianco), quedando como Huracán Mercedes Automóvil Club con dos sedes y un campo hasta que el tiempo corre y bastantes años después se viene en picada libre recibiendo el querido “Coco” una caja de $75, y unas cuantas deudas a las que con su CD le puso el pecho y salió a flote como lo hizo siempre con enfermedades familiares y propias (incluida su suegra y esposa), luchando a brazo partido para salir a flote con gente como Carlitos Smith, Fito Salvo, Mario Desanzo, Roberto Distefano y muchísimos más con cama y el recordado “andador” plateado, organizando los rally que reemplazaron al viejo Turismo Carretera con interminables añoranzas.
Hoy con inmensa tristeza, DERRAPANDO pone de manifiesto todo el aprecio que le hemos tenido, por su entereza, por todo lo que dio al automovilismo de Mercedes, con su inquebrantable fe, por hacer, hacer y hacer que nos marca un indestructible afecto, por tus luchas con mezcla de alegrías y broncas, las cuales marcaron un camino recto que debe ser tomado como ejemplo manteniéndolo por siempre en nuestros corazones.
Derrapando: Alberto F. Hassan







