El organismo humano no puede producir estas sustancias químicas protectoras por sí solo por lo que deben obtenerse mediante la alimentación o en forma de suplementos. Las cantidades de flavonoides consumidos diariamente provenientes de frutas, vegetales y bebidas, tales como té, jugos de frutas o diversas bebidas alcohólicas, tienen un impacto importante en la salud humana. Una amplia variedad de actividades biológicas se han observado con diferentes tipos de flavonoides naturales en mamíferos, incluyendo humanos: efectos antialérgicos, antiinflamatorios, hepatoprotectores, antitrombóticos, antibacterianos, antivirales, antimicóticos, antioxidantes, anticancerígenos e inhibidores de numerosos sistemas enzimáticos.
Además de lo anteriormente mencionado especialmente reducen el riesgo de cáncer por su acción antioxidante, bloqueando el acceso de los carcinógenos a las células, suprimiendo los cambios malignos en las células, induciendo a las enzimas a modificar su carcinogenicidad, estimulando la respuesta inmune entre otras acciones.
Los flavonoides tienen un papel preponderante sobre el color de las plantas, el olor y el sabor. Además, su gran poder antioxidante los hace imprescindibles para la supervivencia de las especies vegetales. Se encuentra en el vino tinto, en los frutos rojos, las uvas, en el té verde, cítricos, el cacao, cebolla, ajo, repollo, brócoli, perejil, tomillo, soja, brotes de alfalfa, legumbres y en el lúpulo como el de la cerveza. Por esta razón, es tan importante realizar una alimentación variada debido a que la suma de todos estos produce un efecto final positivo y complejo en nuestro organismo.
¿Por qué se asocia a un mayor control del estrés oxidativo? Los flavonoides protegen al organismo del daño producido por agentes oxidantes, como los rayos ultravioletas, la polución ambiental, sustancias químicas presentes en los alimentos, etc. Por ello, desempeñan un papel esencial en la protección frente a los fenómenos de daño oxidativo, y tienen efectos terapéuticos en un elevado número de patologías, incluyendo la cardiopatía isquémica y la aterosclerosis.
¿Cómo saber si estamos incorporando la cantidad adecuada? Para estar seguros que nuestra alimentación es fuente de flavonoides es importante que contenga una gran variedad de alimentos. Ver tus platos cargados de colores, olores y sabores te asegurará de que lo estás haciendo bien. Por eso, nunca es bueno apegarse a una rutina alimentaria en donde siempre se come lo mismo.
Una nueva investigación sugiere una razón por la cual mejoran la función cerebral: los flavonoides parecen mejorar el flujo sanguíneo al cerebro, incrementando y mejorando el su desarrollo. ¿Qué otros alimentos ayudan a cuidar el cerebro? La capacidad cognitiva puede verse influida por los componentes de la dieta. Los alimentos de bajo índice glucémico parecen mejorar la atención, la memoria y la capacidad funcional, mientras que los ricos en azúcares simples se asocian con dificultad de concentración y atención.
El cerebro necesita un aporte continuado de aminoácidos para la síntesis de neurotransmisores, especialmente serotonina y catecolaminas. Niveles bajos de serotonina se han relacionado con una disminución del aprendizaje, del razonamiento y de la memoria.
La calidad y el tipo de grasa alimentaria también pueden afectar a la función intelectual y mental. La elevada ingesta de grasa saturada se ha relacionado con un deterioro cognitivo, mientras que el consumo de ácidos grasos poliinsaturados tiene efectos beneficiosos en su prevención. Es aconsejable el consumo de dietas con una adecuada proporción de ácidos grasos omega-6:3, dado que se asocian con una mejor memoria y un menor riesgo de deterioro cognitivo.
Las vitaminas B1, B6, B12, B9 (ácido fólico) y D, colina, hierro y yodo ejercen efectos neuroprotectores y mejoran el rendimiento intelectual.
Paralelamente, los antioxidantes (vitaminas C, E y A, cinc, selenio, polifenoles) tienen un papel muy importante en la defensa contra el estrés oxidativo asociado al deterioro mental y en la mejora de la cognición.
Actualmente, existe un elevado consumo de dietas ricas en grasas saturadas y azúcares refinados y baja ingesta de frutas, verduras y agua, lo que puede ser desfavorable para la capacidad cognitiva.
Una nutrición adecuada y variada es necesaria para optimizar la función cerebral y prevenir el deterioro cognitivo.
Lic. Natalia Antar
MN 8271 MP 4226
Nutricionista del Sector Endocrinología, Metabolismo y Nutrición del Hospital Británico.
Atención online y Atención presencial en Mercedes, Bs. As.
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