La misa estuvo presidida por el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig; y concelebrada por los obispos de la región tuvo lugar el sábado en la Basílica de Luján.

En su homilía, el arzobispo se refirió al lema que acompaña este año las celebraciones en honor de la Virgen: “Te quedaste con nosotros para siempre”, y que forman parte del camino hacia los 400 años de presencia de la Virgen de Luján.

El arzobispo destacó que su presencia “es fuente de vida para nuestro pueblo” y para cada peregrino que se acerca a su casa. “Ella consuela, pacifica, renueva”. “Su mirada y su corazón de Madre nos hacen sentir que la vida es valiosa, que vale la pena seguir luchando y apostando por la propia familia”, sostuvo.

Que la Virgen se quede entre nosotros para siempre, añadió el prelado, “es voluntad de Dios”, tal como lo señala Jesús en la cruz: “Aquí tienes a tu Madre”, la voluntad del Señor “es que su Madre sea nuestra Madre para siempre”, insistió.

La fraternidad es el desafío de todos los días, especialmente en estos tiempos históricos extraordinarios, que requieren de una fraternidad extraordinaria”, señaló, indicando que la misión por la fraternidad, siempre es solidaridad con los más pobres, los enfermos, los sufrientes.

Finalmente, el arzobispo destacó: “Estamos participando del cambio de manto de Nuestra Señora, que es un hermoso signo de que también nuestra querida Madre la Iglesia, necesita renovarse siempre. Nos sumamos a nuestro querido papa Francisco, que, animado por el Espíritu Santo, lleno de valentía y parresia, de mil maneras nos invita permanentemente a ser una Iglesia en salida, samaritana, misericordiosa, fraterna, cercana y llena de ternura”, afirmó.

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