En las primeras horas del jueves 26 de octubre, a la edad de 86 años, falleció el periodista Alberto Oscar Florella, con una dilatada trayectoria en la profesión. A lo largo de su vida pasó por distintos medios nacionales como Radio Nacional, Radio Belgrano, Radio Nacional y LT32 Radio Chivilcoy.

En Mercedes, luego de trabajar en Oral Música Hogar, durante muchos años fue parte de Radio Vida, hasta lograr el anhelo de su proyecto propio, con Radio Meridiano.

Su programa “Comunicación y Vida” lo tuvo al frente hasta los últimos días, siendo durante años el programa periodístico matutino más escuchado en nuestra comunidad.

Desde Semanario Protagonistas, nuestras condolencias a familiares e integrantes del staff de la radio, y el respeto a la memoria de Alberto.

Un episodio singular

El cura y “la voz”

El responso en la parroquia San Luis congregó a numerosos vecinos que demostraron a los suyos el pesar que causó el deceso del reconocido periodista local, que tenía un acercamiento especial con su público, predominantemente mayor de edad,  a través de su radio FM comunitaria. Alberto era un verdadero “animal de radio”, se levantaba muy temprano y retiraba los diarios locales y nacionales (el mismo pasaba los lunes temprano por la redacción de Protagonistas) y hacía con profesionalismo su programa matinal de seis horas, comprometido en ofrecer la mejor información, opinando y acercando las voces autorizadas o “las dos campanas”, muchas veces a través del móvil ploteado a cargo de Juan Carlos “Maneco” Schifini, el movilero más famoso, que estaba siempre presto a concurrir donde el gran conductor lo consideraba. Pero como si fuera poco, tras la siesta reparadora volvía a la tarde a hacer otro programa “Por la vuelta” donde hacía gala de conocimientos musicales, especialmente el tango. Con Mario Mango en la operación técnica y comercial y su nieta Lucía, que ya es referente de la emisora de su abuelo. Alberto vivía y respiraba por su familia y su radio, Meridiano, la que soñó y concretó luego de recorrer varias emisoras, con estudios en calle 20 casi 33. Cuando su salud empezó a deteriorarse salía al aire desde su casa. Allí estaría ligado hasta el último día de su vida, tal como ocurrió, siempre sintonizando SU radio.

En el responso oficiado en la Parroquia San Luis, el cura párroco, Padre Mario Peralta, resaltó su figura como hombre público, compenetrado de los problemas que tenían en tal o cual barrio, poniendo el acento en su solución a través del micrófono de su FM. “Los robles mueren de pie” decía el sacerdote exaltando su figura cuando al rezar el Padre Nuestro con la mano sobre el féretro se sobresaltó al oír claramente la voz de Alberto que venía de su interior, lo que cambió llanto y emoción por risas de toda la familia que lo advirtió que “le habían dejado dentro como homenaje una radio encendida”. El sacerdote, de humor particular, que siempre juega alguna broma ante su feligresía en las distintas celebraciones, inclusive responsos donde  conoce bien a sus parroquianos, entendió el tan particular homenaje al “Floro”, de inconfundible voz, uno de los decanos del periodismo mercedino.

Que brille para él, la luz que no tiene fin!

ALBERTO (O LA PASIÓN) – Por Fabián Florella

Da mucha bronca. No porque fuera mi padre, el padre de mis hermanos, el abuelo de Lucía y sus otros nietos. No porque nos deje ese hueco en la mesa de los domingos. No porque nos vaya a faltar su regalo elegido con tanto amor y tanto esmero en cada uno de nuestros próximos cumpleaños. No porque a sus 86 años me hablara de sus proyectos, de sus ganas de fundar un medio escrito, de mejorar la radio, de ampliar su casa y hasta de conocer Europa.

Tenía tantas ganas de vivir que llegué a fantasear que pretendía ser el primer inmortal.

La pasión por la vida, la vida hecha de pasión. Daba lo mismo si se trataba de vivir el básquet, de vender ropa o de empuñar un micrófono. No importaba si era el Director Técnico de un equipo de veteranos o de la Selección, si era la estrella del mejor equipo o el último jugador del peor rejuntado; si la nota era con el encargado de un comercio o con el Presidente de la Nación; si el medio que representaba era una propaladora o una radio porteña; si tenía un grabador a pilas en la mano o lo engalanaba el estudio mayor de la radio. No importaba si era periodismo deportivo, agropecuario o político.

Envidié su erudición, su indeleble memoria, sus ganas, su esfuerzo y su optimismo tanto como sus quijotadas. Pero sobre envidié y envidio su pasión. Pasión para hacer y para vivir. Para soñar y para enseñar.

Pasión por Hilda, su gran amor, por la Argentina, por nuestra ciudad. Pasión por su profesión, sus proyectos, sus hijos y sus nietos.

Pasión por sus amigos, por sus mentores y sus discípulos. Pasión por los hombres y mujeres de Mercedes, sus deportistas y sus dirigentes.

Valió la pena, fue un lujo que nos dimos. Su interminable legado me tendrá abrazando para siempre a la causa nacional y popular, al amor por nuestra tierra, por la celeste y blanca y también por nuestro amado Boca Juniors.

Vamos a continuar Alberto, tus hijos y tus nietos. No con tu inigualable pasión, no con tu inabarcable talento. Apenas con la decencia y la honestidad que también es tu legado.

Y no es poco.

Hasta la victoria, viejo.

GRACIAS ETERNAS!

Dicen los libros, los de Derecho pero también los de Psicología, que todas las deudas (las económicas pero también y fundamentalmente las emocionales) son pasibles de cancelación.

Nosotros, concienzudamente, esta vez elegimos renunciar a ese beneficio.

Nuestro agradecimiento será tan eterno e infinito como podamos.

Gracias eternas a quienes nos ayudaron y acompañaron en la enfermedad de Alberto.

A todo el personal del Hospital Blas L. Dubarry, especialmente a las enfermeras que soportaron con enorme estoicidad y profesionalismo el carácter inquieto (y los piropos en su caso) del singular paciente, a los médicos que acudieron siempre y nos brindaron todas las respuestas profesionales y humanas posibles.

También gracias a la Dirección del Hospital y a todo el personal administrativo porque siempre estuvieron.

Gracias a los médicos que en forma personal o particular se encargaban de la salud de Alberto porque nos han brindado su tiempo y sus conocimientos sin horarios ni condiciones.
Gracias a todas las autoridades y al personal de PAMI por la inmediata respuesta.
Gracias también a todo el equipo de Suipsalud que trabajó con seriedad y cariño en su atención domiciliaria.

Estamos orgullosos del sistema de salud de nuestra ciudad. Jamás dudamos de que la atención de Alberto debía realizarse integralmente en Mercedes y no nos equivocamos.

Luego, gracias eternas por el acompañamiento y el pesar de todos los mercedinos que se acercaron a darle el último adiós. Gracias por las muestras de afecto: a sus amigos, a nuestros amigos. También gracias a los chivilcoyanos por su afecto, su recuerdo, sus saludos. Gran parte de su vida transcurrió allí y no fue en vano.

Gracias a las autoridades y los dirigentes políticos y sociales de nuestra comunidad por el cariño y el respeto hacia Alberto y toda su familia.

Eterno agradecimiento a todos sus compañeros de Radio Meridiano por tantos mimos y tanta compañía, a quienes trabajaron con él en otros medios y a todos los periodistas de los medios locales que se acercaron desinteresadamente a expresar su admiración y su respetuoso saludo.

Gracias eternas a sus oyentes, a los que conocíamos y a los anónimos que llegaron de todos los puntos de la ciudad a la despedida final de su «viaje a las estrellas», como siempre le gustaba decir. También a los que nos brindaron su caluroso apoyo con sus cientos de mensaje y llamados a la radio o a nuestros teléfonos.

Nos desbordó el amor, el cobijo y la solidaridad.

Hay nombres propios, por supuesto. Pero aprendimos de Alberto aquello de la Comunidad Organizada respecto de que «La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros no se opera metóricamente como un exterminio de individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva» y por eso abrazamos a todos, sin distinción y preferimos el homenaje sin distingos.

Somos de acá, siempre orgullosamente lo seremos. Eternamente gracias.

Los Floros (todos)

Adiós Alberto

Despido con dolor y respeto a Alberto Florella. En mi corazón y el de mucha gente nos quedará su recuerdo.

No siempre las personas tienen la oportunidad de hacer en su vida aquello que aman. Alberto ha sido un ejemplo de quien sí lo logró.

Periodista ilustre. Deportista. Vecino ejemplar con su comunidad, siempre prestando un servicio fundamental, que es contar la realidad de su pueblo.

Su pasión se materializaba cada día, contagiando amor a la vida, donde me es imposible no destacar que siempre que nos encontrábamos me abría su espacio para dialogar.

Para mí era un placer escucharlo y recoger sus reflexiones compartiendo el amor por nuestra ciudad y nuestra patria

Sin duda quedará en la memoria e historia de Mercedes.

Hasta siempre querido Alberto.

Dr. Eduardo “Wado” de Pedro

Ministro del Interior

DEJA UNA RESPUESTA

Pone tu comentario
introduzca su nombre