Por Agustín R. Iribarne

El escritor mercedino Oscar Dinova presentó su nuevo libro “Una perra de mil años”, en Casa Anús, el pasado martes 24 de mayo. El evento duró cerca de dos horas, y contó con la presencia de muchos familiares, amigos y conocidos que se acercaron a escuchar las historias en las cuales inmortaliza a Negrita, la perra que llenó su infancia y tantas alegrías le dio, aquella “compañera infaltable de mil aventuras, cómplice y confidente”, tal como la describe en la página 9, a manera de prólogo. Allí, el autor también explica cómo surgió este proceso creativo: “Si escribo sobre ella ahora, es porque estoy cumpliendo una promesa: la que le hice a ella y también a mí. Aunque su historia es conocida… Es la misma que viven todos los chicos que tuvieron una mascota en su infancia”, afirma acertadamente, generalizando un conocimiento que ha observado con detenimiento en el espejo de la experiencia.

Quien puede volver a su infancia y recordar a su perro/a —si tuvo la gracia de sentir su compañía— porta en sí mismo una joya invaluable que brillará por siempre en la memoria. “Las mágicas historias de un pibe y Negrita, su mejor amiga” (tal como reza el subtítulo del libro) que nos comparte con tanta dulzura el escritor local, nos transportan a un maravilloso tiempo de antaño donde sólo se podía ser feliz con el amor incondicional de una perra. Negrita”, esa compañera fiel, lo seguía en todas sus travesuras y aventuras: jugaba con él y su tortuga a la pelota, corría como un rayo cuando sentía el peligro acechar a sus compañeros cowboys (Oscar y Cocó) en sus locas, pero sanas fantasías… ¡No se perdía ningún juego! Es muy conmovedor sumergirse en sus páginas y encontrar, junto a sus vivencias, el carácter de Negrita, y saber que se escondía cada vez que decían baño (algo típico en los perros) o que corría a la cocina cuando decían chocolate, porque amaba los dulces. ¡Cuánto nos puede cambiar la vida el amor de un/a perro/a, si nos abrimos a ese manantial infinito de pureza!

En lo personal, me resultó imposible no sentirme interpelado e identificado con los momentos tan bellos que nos contó desde el corazón este prolifero escritor, quien además de este libro, ofrecía sus otras 4 obras ya publicadas. Como suele ir a las escuelas a narrar cuentos a los jóvenes, ya tiene una experiencia condensada, la cual se desplegó cautivando a los espectadores: entonaciones, ademanes, gestos y otros recursos interpretativos hicieron que Negrita cobrara vida otra vez, y que corriera por la imaginación de los presentes, que escucharon conmovidos y atentos.

De hecho, abrió la noche diciendo: “soy un escritor-narrador-lector, un nuevo oficio que me he creado a partir de ir por las escuelas narrando mi historia. No quería que las letras quedaran en la biblioteca, me desesperaba eso”. Por eso, durante la pandemia se embarcó en un viaje literario, que luego lo condujo a escribir este libro: “La idea fue ir a las escuelas y tratar los animales en mis cuentos. Yo les contaba las historias y los chicos estaban muy felices. Un día, haciendo la clase virtual, se apagaron las pantallas. Y luego todos aparecieron con sus animales: vi perros, gatos, chanchos… hasta un caballo se asomó por la ventana de un estudiante. Qué momento mágico. Ahí me acordé de ´negrita´: apareció de la mano de los chicos. Entonces me puse a escribir la historia que le había prometido (a los 14 años, cuando la vio morir). Es algo muy poderoso”.

El libro contiene relatos llenos de una vida auténtica, de una infancia añorada, esa que poco a poco se desgrana en la vorágine de los tiempos que corren, cada vez más mediada por la tecnología. El escritor de nuestra ciudad hace una hermosa apuesta a recobrar esos valores y juegos que lo forjaron en su niñez, y por eso nos regala un suplemento indispensable, que titula “Almacén de juegos y juguetes”, el cual realizó “con la inestimable ayuda de los vecinos que integran Mercedes en el recuerdo y El Club del recuerdo”. Este suplemento busca rescatar aquellos juegos guardados en la memoria colectiva de los vecinos, para que la posteridad pueda recordar cómo se divertían sus antepasados: con autitos a suncho, haciendo carreras por los cordones de las calles, jugando al elástico, a la rayuela, al gallito ciego, con muñecas, cocinitas, haciéndose peinados, o con “la pulpito”, la clásica pelota de goma “que cambiaría la vida de los pibes en los barrios del país”, tal como afirma Oscar Dinova.

En diálogo con Protagonistas el autor contó: “quiero agradecerle a toda la gente que se acercó, porque vivimos en tiempos difíciles. Me sentí conmovido yo también. Cada vez que se lee, los personajes de los libros vuelven a vivir: uno se pone en esas situaciones, y me sentí de vuelta en mi juventud, en mi niñez, acariciando a mi perra y viviendo cosas maravillosas con mis amigos. Quise transmitir que la lectura en grupo o en una clase tiene una vivencia única: es como la magia del cine, nos transporta. En realidad, nuestros seres de cuatro patas nunca mueren, no se van nunca, siempre vuelven con nosotros”. Fue una velada encantadora, simple, sencilla y armoniosa, como las mejores cosas de la vida. El autor firmó los ejemplares vendidos y hubo un pequeño ágape donde brindamos a la salud de “Negrita, la perra de mil años” y a su fiel compañero, Oscar Dinova, quien logró efectuar su trascendencia en este bello y emotivo libro que la recuerda.

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