La Escuela Especial N° 504 festejó sus 40 años de existencia con una fiesta de la que participaron padres, alumnos y la totalidad de la comunidad educativa. Desde el Salón de Usos Múltiples de la institución, se llevó adelante esta conmemoración donde se dieron cita, además, inspectores, ex alumnos, consejeros escolares, la directora de Discapacidad municipal y el intendente Juan Ignacio Ustarroz. “Para nosotros es un orgullo y estamos muy contentos de poder ser parte de este festejo que une y destaca el gran trabajo que realizan todos los días los docentes junto a las familias de cada alumno y alumna que aquí concurre”, expresó el jefe comunal. Para Ustarroz “es muy importante acompañar a las escuelas, y que este ida y vuelta sea permanente, donde los únicos beneficiarios sean los chicos, destinatarios de las políticas públicas de educación, que es lo que intentamos hacer todos los días desde el Municipio”. La directora de la institución ubicada en calle 12 entre 37 y 39, Celeste Capra, expresó su satisfacción por “poder ver tantas caritas que han pasado por esta institución…agradezco la presencia de todos. Poder ver este SUM colmado provoca una profunda emoción. Festejar 40 años de nuestra queridísima escuela especial es un orgullo”. Capra agradeció además “a vecinos, instituciones y al Municipio de Mercedes por acompañarnos en todos los proyectos, asesorarnos y dar respuesta a todas las solicitudes que realizamos que son necesarias para nuestro desempeño”.
¿Un nombre para la escuela?
La mayoría de los establecimientos educativos de la ciudad llevan un nombre. Claro que cada uno tiene su origen o motivación por las cuales en alguna ocasión se le impuso determinada nominación a una escuela. Ese nombre es parte de la identidad de cada establecimiento, de su espíritu de pertenencia… algunos con más fuerza que otros. Quienes han pasado por el Colegio Nacional tienen en claro que lleva el nombre de Florentino Ameghino y lo exclaman orgullosamente. Puede que pocos sepan que Ameghino fue un científico autodidacta nacido a mediados del siglo XIX. Pero el nombre se añade de inmediato cuando se hace mención a la escuela secundaria en cuestión. Existen otros tantos casos. Por ejemplo, la Escuela 503 lleva el nombre de Paul Harris, como reconocimiento al creador del Rotary. Este club de servicio tuvo una importante colaboración con el citado establecimiento. Pero cuando consultamos cuál era el nombre de la Escuela 504 nos encontramos con que no tenía uno. ¿Por qué debería tener uno? Se nos ocurre porque también consolida y robustece la identificación de quienes concurren o forman parte de esa comunidad educativa con esa escuela. Desde 2011 con la firma del por entonces Director General de Escuelas, Mario Oporto, existe una resolución que pone en claro cuáles son las condiciones reglamentarias para un procedimiento de estas características. Precisamente las denominaciones, y según consta en esa mencionada resolución, tienden a rescatar los valores ecuménicos, la memoria histórica y honrar la Democracia y los Derechos Humanos. Los argumentos parecen más que suficientes para que la Escuela 504 tengan su nombre propio. Pues una escuela con nombre, legítimamente construido, “se reconoce como una comunidad de personas organizadas en torno a una cultura de saberes, intereses, valores y libertades con los que se construyen proyectos colectivos, grupales y personales”, agrega la Resolución 1504 del 2011.







