“Añoro todo de Mercedes”
Por Fernando Pachiani
Hace casi 50 años que se fue de Mercedes. Vive en Mar del Plata con su marido y un nieto, Joaquín, de 23 años. Vivió en Gowland. Estudió en la escuela Normal y en Giles. Incursionó en el teatro representando obras en el Talía.
Amor en Bariloche
“Desde el año 73 que vivo en Mar del Plata- comienza a contarnos Maiti. Me casé con un marplatense que conocí en Bariloche cuando fui de viaje de egresada, y a los 6 meses de conocernos nos casamos. Teníamos 21 años recién cumplidos. Así armamos la familia. Luego vinieron 3 hijos. Las chicas, María Lis e Ileana, son las mayores, después tengo un varón, Guido, de 36 años. Las mujeres tienen entre 8 y 9 años más que él. Esa es mi familia, aparte de tener 7 nietos, y uno adoptado.
Yo conocí a mi esposo, Raúl Nicoló, cuando él era empleado de casino y trabajaba en Bariloche.
Yo estaba con mi grupo de la escuela Fray Mamerto Esquiú de San Andrés de Giles, promoción’ 72. Una noche yo no quería ir a bailar y las chicas me llevaron casi a la fuerza. Esa noche conocí a Raúl. Parece mentira, cosas del destino, tal vez si me hubiera quedado esa noche en el hotel no habría conocido a mi compañero de todos estos años. Hace muchos que estamos juntos.
Luego de ese viaje yo me volví a Mercedes y nos escribimos por 6 meses hasta que nos casamos. Nos comunicábamos por carta, obvio, no se podía hablar por teléfono, por larga distancia te daban como 4 horas de espera. El lío era cuando se cruzaban las cartas, no entendíamos nada… (risas).
Destino Mercedes
“Mi papá era encargado de teléfonos y trabajaba en la 16 y 25. Nosotros vivíamos en Paso del rey. Al tiempo lo ascendieron a mi papá a segundo jefe de zona comercial y decidió que nos vayamos a vivir a Mercedes. Al principio no conseguían alquiler en la ciudad; no sé bien cómo era porque yo era chica, no tengo mucho registro. No sé cómo, dijeron que alquilaban una casa en Gowland, en el kilómetro 90.800. Era de un tal Capurro, que vendía chatarra. Él le alquiló un chalet precioso, pero bueno la condición era que iba a pasar la ruta, que iban a ensanchar la ruta 5. Este hombre le vendió un pedazo de tierra a mi papá y ahí hizo la casa, que todavía se conserva. Tenía un molino que hoy ya no está. Vivimos una vida de campo porque en esa época había colectivo cada dos horas a Mercedes, eran 10 km, fue difícil. Yo llegué a Mercedes con 8 años, después en la adolescencia todo me resultaba muy difícil, porque no podía ir a la casa de mis compañeras, por ejemplo, pero siempre amé ese lugar.
Nosotros nos mudamos un 12 de octubre de 1960. Hicimos la mudanza y a los pocos días empecé en la Escuela 20 de Gowland, hasta fin de año. Y al año siguiente me pusieron en el Colegio San José, medio pupila… Eso sí que lo odié-confiesa.
Luego fui a la Escuela Normal en primer año, y como segundo lo repetí, me fui a San Andrés de Giles, viajaba todos los días a estudiar y ahí terminé la secundaria, terminar es un decir, porque tampoco la terminé, porque me quedaron 5 materias y nunca las podía dar, aunque el viaje de egresados si lo hice con ellos…Después como te dije vinieron los chicos, y todo se hizo más difícil para terminar la secundaria. Pero cuando cumplí 60 años, me propuse terminar, me inscribí en un FINES, rendí las materias que adeudaba y me recibí”- cuenta.
Los afectos
En Mercedes me quedaron entrañables amigos, de la escuela, del teatro que fue una etapa hermosa. Te cuento que por intermedio de Ana Meca, empecé en el teatro Talía con la dirección de Ida Zóccola, ahí hice dos obras. Fue una experiencia hermosa. Ya después me casé y a partir de ahí todo cambió…
Alfredo Uncal, que es un amor, es un gran amigo; Elvira, mi madrina de confirmación, muy amiga de mi madre. Linda gente, amorosos, de los que siempre hay un recuerdo. Karina Puricelli; Gina Anijovich, seguramente me olvido de algunos nombres pero a todas las tengo conmigo y las tengo en mi corazón. Como tengo en mi corazón a toda Mercedes. Recuerdo por ejemplo la confitería El gallo pardo, ir a la pileta del parque; pero ya te digo que no tenía tanto contacto con Mercedes porque siempre tenía que viajar. Me gustaba ir con mi mamá a tomar helado a Aloisio.
Recuerdo que compré toda la ropa de cama de mi casamiento en Tundidor y Labanda. En la galería de la 25 había una casa de cerámica muy exquisita, donde mi mamá compró sus cosas. Recuerdo ir a Sir Albert por ejemplo, donde mi mamá me compraba toda la ropa.
Tengo los mejores recuerdos. Para carnaval todos los años me acuerdo, porque como yo estaba en el teatro Talía y Roberto y Carlitos Marino hacían las carrozas, en una oportunidad yo estuve en una carroza representando a Talía para carnaval. Un frío hacía… No me acuerdo en qué año era… Me dijeron que estaba postulada para princesa, pero ganó la otra. Como no voy a tener recuerdos de Mercedes si pasé lo más lindo: ir a bailar a Gypsy, todo eso que queda en la memoria de uno. Es hermoso.
Hoy en día tengo 69 años. Ahora me dedico a tejer y a mosaiquear, que me encanta. La añoro a Mercedes. Si me dicen: «mirá tenés un cachito de tierra con una casita», me voy para allá. Mar del Plata es hermosa, ciudad divina, pero se está desbordando de mucha gente. Es una gran ciudad, aunque no deja de ser pueblo. En invierno pasamos a ser un pueblo más sofisticado; pero, en realidad, es una ciudad para turistas. Para los que vivimos acá, todo cambia. No se puede confraternizar con amistades porque no entienden que el sábado trabaja, en hoteles o casinos, en lo que fuere, y siempre trabajan domingos, sábados y feriados”.
Historia de la mamá
“Mamá llegó a la Argentina en 1912, ella había nacido en Alemania, Hamburgo, en 1908. Vino con los padres y con un hermano un año menor. Ellos vinieron con una consigna de un trabajo en el Chaco. La cuestión es que llegaron allá y era deplorable todo. Fue todo un engaño, una cosa muy fea que pasaron. Mi abuela, una mujer de ciudad, vivía en el medio de la selva con los sapos y las víboras. Fue terrible para mi abuela. Mi mamá se acuerda más o menos. De ahí se fueron a vivir a Rosario, a un conventillo, del cual tampoco estaban conformes. Luego, terminaron en Belgrano, en Buenos Aires.
Mi abuelo era quiropráctico y hacía masajes y ese tipo de cosas. Sus clientes eran todos grandes empresarios conocidos de la época.
Empezó a tener renombre y se jubiló de eso mi abuelo. Vivieron muchos años ahí en Belgrano, y después ya mi mamá se casó, no con mi papá, sino con otro antes, tuvo una hija mujer que vive en Alemania, que tiene 91 años, o sea mi hermana.
En ese momento era “cool” ir a divorciarse a Europa. Mi mamá se fue a divorciar del padre de mi hermana, porque mi mamá se casó sin quererlo, un día ella se quiso escapar de la casa y él le dio una paliza porque tenía que casarse con ese hombre que a su vez ya tenía otra mujer con otro hijo.
Como te decía fue a Europa a divorciarse y cuando está por volver comienza la guerra, se cierran las fronteras y no le quedó otra opción que quedarse allá.
Ya tenía todo arriba del barco, estaba firmando la salida y no se la dieron. Fue a varias embajadas pero tampoco hubo caso. Tuvo que bajar todo del barco, alquilar un departamento e ir a vivir con mi hermana, que después la mandaron a un colegio en los Alpes. Y finalmente soportó 10 años de guerra allá la vieja, en un campo de concentración. Era una espiguita de plata, la pobre, porque no comía. Toda una historia muy triste. Soportó bombardeos. Por ejemplo cuando fue el bombardeo de Hamburgo una esquirla le pegó en la frente. La llevaron a un hospital de la localidad de Baden-Baden (Alemania) cerca de la frontera con Francia y de a poquito empezó a estar bien.
Un día no sé porque, ya grande, le hicieron una radiografía de cabeza, y le dice el radiólogo: «señora tiene un 7 en la cabeza». «Sí, fue de la guerra», le dijo ella. El tipo ni se lo creyó.
Luego se volvió y empezó su vida acá y al poco tiempo de venir lo conoció a mi papá. Vivieron muchos años juntos.
Una señora que se llama Elvira, la jefa del registro civil los casó. Por eso tanta amistad y sentimiento con Elvira, porque era casi imposible que se casaran pero encontraron la veta y se casaron legalmente.
Mi mamá era una mujer muy nerviosa. Me acuerdo que un día se cerró una puerta por el viento y mi mamá pegó un grito imposible. Mi papá no la podía contener, pero fue porque le pareció que era una bomba. Estaba traumatizada por todo lo que vio y no contó. Vio cosas atroces. Finalmente falleció a los 84 años”- recuerda
A Alemania fuimos en el 73, por 3 meses. Mamá volvió a ir en el 86 y después fuimos cuando cumplí 40 años. Después viajé yo cuando falleció mamá, mi hermana me mandó el pasaje, y fui allá un mes. Le llevé cosas que le pertenecían a ella, que tenía mamá. Tenemos buena relación, pero a la alemana.
Y fíjate como son las cosas, mamá se llamaba Mercedes y después de tantos años se fue a vivir a una ciudad que también se llama Mercedes”- concluye.







