“Extraño a Mercedes todos los días de mi vida”

Por Fernando Pachiani

Hija de padres taiwaneses, se crió entre Altamira y Mercedes. Reside en los EE.UU

Vivió en California y actualmente reside en Minnesota con su esposo y su pequeño hijo. Es médica pero se dedica a enseñar chino mandarín por internet.

Vaivenes de la vida

“Yo nací y crecí en Altamira, fui al Colegio San José donde conocí a un montón de amigas para la vida – comienza a contarnos Ana. Y cuando terminé allí me dije que quería estudiar algo con respecto a la medicina o la biología, pero como sabía que todos mis amigos se iban al Instituto Madre Camila Rolón, decidí que aunque tuviera una orientación en periodismo me iba igual para allá. Y ahí terminé el secundario, y a los 18 me mudé a Buenos Aires para estudiar en la Facultad de Medicina. Me gradué allá, empecé una residencia en Pediatría en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, pero pasaron cosas en mi vida, sufrí, mi mamá se enfermó, así que dije que quería cuidar a mi mamá, dejé el trabajo en el Hospital de Niños, y empecé a trabajar en un Banco para estar más tiempo con mi mamá.

Luego ella falleció y ahí fue cuando me agarró una crisis de vida y dije, quiero empezar todo de nuevo, así que me voy a estudiar a Estados Unidos, así que vine a California a estudiar en una escuela bíblica, y eso fue hace cuatro o cinco años…”.

De Taiwán a Altamira

“Mi papás son de origen taiwanés. Papá se enamoró de mi mamá, pero tuvieron una historia como la de Romeo y Julieta. Sus familias se opusieron así que dijeron nos vamos a escapar del país. Ahí mi papá dijo que le gustaban los caballos así que lo primero que dijo fue me voy hacia Argentina, y al llegar, yendo en auto por la ruta vio un caballo, y dijo que se iba a subir a uno, así que sin montura ni nada se subió, el caballo estaba enojado, lo tiró, pero mi papá igual estaba contento, así que esa fue la razón por la que se quiso quedar en Altamira.

Obvio se casaron primero allá  y luego también se casaron acá… y mi mamá siempre leyó en los libros de geografía en Taiwán sobre la llanura pampeana y siempre decía que pensaba en lo lindo que sería ver esas llanuras. Así que cuando mi papá dijo nos vamos para Argentina, inmediatamente respondió que sí.

Mi papá, Lee Min Fo, pero todos le dicen Luis, sigue viviendo en Altamira. Ahora tiene otro hobby, el de plantar plantas exóticas, pero a pesar de estar solo, se siente muy acompañado por los vecinos.

Nos extrañamos, pero charlamos unas dos veces por semana”.

Los años en Mercedes

“Y aquí nací yo. Soy una mercedina de padres taiwaneses. Cuando era chiquita ya era brava así que mi mamá dijo, con una es suficiente… (risas). De hecho, cuando era chiquita, era como de la mafia. Tenía una amiga muy buena, Luciana Ramponi, que un día recibió palabrotas de otra amiga y yo empecé a perseguir a la agresora… (risas). Pero era cuando tenía cinco años.

Así que sí, era un poco brava. Al tobogán no me lo podían sacar. Mi papá siempre era citado por las autoridades del jardín, así que crecí peleándome y amigándome, como cualquier otro, así que estoy muy agradecido por Mercedes que aceptó a mi familia y a mí como una hija más.

De aquellos años de escuela primera y secundaria me quedaron muchos amigos. Siempre recuerdo a personas que me ayudaron en momentos muy difíciles de mi vida, como por ejemplo a Soledad Despalanques.

Resulta que mis papas eran budistas, y como yo era brava y me portaba muy mal, ellos pensaron en que me debían mandar a una escuela más disciplinada y me mandaron a San José, donde conocí a Jesús. El Colegio San José formó mi vida espiritual, me acuerdo de todas las hermanas, que me amaron, y lo más importante que me dejó ese colegio es saber cuánto me amaba Dios, y eso me marcó durante toda la vida.

Al principio,  costó un poco la escuela, la gente me veía rara y se burlaba un poquitito de mí, pero en ese momento lo que hice fue pegar algunas piñas, y defenderme…

Pero algo que me encanta de los mercedinos es el corazón, porque nos peleábamos y al día siguiente estaba todo bien, y finalmente terminé formando amistad que duraron para toda la vida”.

La escuela secundaria me encantó; siempre pensé que iba a Camila por mis amigos, pero al final terminé aprehendiendo más de lo que imaginé, sobre todo con profesores como Fernando, Silvia. Y mucho de lo que me enseñó Camila Rolón fue a hablar, porque siempre yo tuve pánico escénico, siempre me dio mucho miedo hablar frente a las personas, pero algo que Madre Camila me desafió, y como la institución tiene orientación en periodismo, los profesores siempre te tomaban examen oral y te desafiaban a subir y hablar, así que eso me ayudó a comunicarme mucho mejor.

Las clases de Literatura también me ayudaron mucho ya que eso de pedir que leyéramos y luego hacer escritos gestó en mí una habilidad y una creatividad que hizo que me metiera en un sitio de citas online donde escribí mi perfil de una forma muy buena, muy creativa, y ahí conocí a mi esposo.

Así que si están estudiando en la escuela, chicos, sepan que siempre las cosas sirven para algo, las clases de Lengua y literatura me permitieron encontrar al futuro esposo.

Por otra parte siempre recuerdo al amor hacia mí de la profe Silvia Mihura; recuerdo una vez que me abrazó, me acompañó y me preguntó cómo estaba. Así que ha sido una profe que me inspiró mucho”.

El recuerdo de la madre

“La verdad que hoy soy quien soy, gracias a mi mamá. Yo recuerdo que ella siempre se enfocó mucho en mi educación y en formarme, y como yo vivía en Altamira, ella me debía llevar siempre de la mano y en  colectivo al Conservatorio de música, donde conocí a mi profe Mari; y mi mamá siempre quería que tuviera todas las oportunidades para conocer  todo… También me ayudó mucho a saber lo que es disciplina… siempre quiso lo mejor para mí, y siempre pensé que ella me exigía un montón, pero al final de su vida, me dijo: “Ana yo sé que siempre te pedí muchas cosas, pero ahora lo único que quiero es que seas feliz. No importa lo que pase con mi enfermedad, siempre confía en Dios, yo te voy a estar mirando desde arriba y quiero verte feliz, así que no importa que es lo que hagas, solo quiero que seas feliz’. Y hoy digo que alcancé eso…

También recuerdo mucho a Mari Giordano, y quiero agradecerle, porque fue como una especie de mamá también, me disciplinaba mucho, pero también tiene pasión por la música que realmente contagia, y siempre creyó en mí, más de lo que yo creía en mí misma… creo que en la vida todos necesitamos una Mari Giordano que nos empuje a descubrir nuestro potencial.

Cuando surgió lo de la enfermedad de mi mamá tuve que resignar un poco la práctica de la medicina para cuidar de ella.

Es que las guardias eran muy largas y cuando llegaba a casa, estaba cansada, quería dormir y no podía cuidar mucho a mi mamá… ahí pensé en que no sabía cuánto más iba poder estar con ella, así que me dediqué a cuidarla, busqué otro trabajo con menos horarios. No me arrepiento para nada”.

Después que falleció mamá ya no tenía ganas de ejercer la medicina. Ahí fue que descubrí un libro que se llama “La Semana Laboral de cuatro horas” y dije: “quiero transformarme en una nómade digital”, así que creé un emprendimiento on line y ahora eso es lo que estoy haciendo”

Su actividad on line

“Cuando tenía 18 años y me mudé a capital, estudiaba mientras trabajaba y la tarea que tuve fue enseñar chino en muchos institutos. Eso lo hice durante toda la carrera, y cuando empecé a trabajar en un banco fue en el HSBC, que es de origen chino con sucursales en Argentina, y justamente trabajé en el departamento de tecnología, con aplicaciones, website, etc. Allí me dije: qué tal si transformo este conocimiento en una plataforma que no requiere el involucrarme tanto, entonces creé una plataforma donde hay un montón de videos en los que enseño chino mandarín en español. Los estudiantes pueden interactuar ahí, enviarme audios para que yo les ayude a mejorar las pronunciaciones; y gracias a Dios fue creciendo y creciendo, llegando a tener actualmente a más de 10 mil suscriptores, de todos los países… Es muy divertido y conseguí la flexibilidad de hacerlo cuando yo quiero… Y ahora estoy en otro trabajo, el de planeamiento financiero.

Trabajo desde casa en Minnesota, aquí vivo con mi esposo. Él se llama Ryan, es ingeniero en software y es a quien conocí por Tinder… (risas)”

Mi esposo conoce Altamira porque tuvo que ir a pedir mi mano a papá.  Y le cayó muy bien a mi papá. Me dijo que era un bueno chico y que debía tratarlo bien. Pasa que todos saben que soy muy brava.

Le encantó el lugar y de hecho es un fan de Argentina. Hemos visto partidos de la selección, comiendo unas empanadas. Cuando vio a Messi levantando la copa en la final, lloró.

Aprovecho para enviar un abrazo muy grande a mi familia, amigos, a los profes, y sé que hubo un tiempo de pandemia muy difícil, pero llevo a todos en mi corazón, sepan que la paz de Dios siempre está guiando sus pasos. Quiero agradecer a todos los mercedinos por haberme adoptado como una hija de Mercedes y los llevo siempre en mi corazón”- concluye.

DEJA UNA RESPUESTA

Pone tu comentario
introduzca su nombre