“A Mercedes la llevo en la sangre”
Por Fernando Pachiani
Es médico especialista en emergentología. Ha recorrido diferentes ciudades y hospitales. Desde el 2015 reside en la ciudad de Castelli. En Mercedes se vinculó con el rock y el humor literario Es divorciado y tiene dos hijos.
Infancia y adolescencia
“Nací en la Clínica Cruz Azul el 7 de diciembre de 1971- comienza a contarnos Luis. Toda mi familia era de Pergamino y se habían establecido hacía poco tiempo en Mercedes. Mis abuelos y bisabuelos paternos eran nativos de Mercedes.
Papá era médico psiquiatra de la Policía y del Servicio Penitenciario. Mamá fue docente. Tengo dos hermanas 15 años mayores que yo.
Mis abuelos y padres ya no están. Me fui de Mercedes en el 2010. Hasta los 18 años estuve en Mercedes, siempre. Después me fui a estudiar, y cuando volví recibido, me casé y viví 10 años más en Mercedes.
De chico vivía en la calle 28 entre 25 y 23. Recuerdo a todo el mundo. A mi izquierda estaba Luisito Bereterbide, el veterinario, Ramón Bereterbide con su estudio jurídico a la derecha, Pato Capandegui a la vuelta, Juan Pablo Punte…. En esa manzana son casi todas casas.
Fui a la Escuela Nº 1, donde mi mamá también era maestra. Mi mamá de soltera fue ama de casa, de apellido De La Sota. Al estar inscripto así está consolidado como un apellido compuesto. Su nombre era Lilia. En Mercedes la van a recordar más por Lilia Cevasco.
En esas épocas, cuando uno terminaba la escuela primaria, lo que más anhelaba era entrar al Colegio Nacional, pero vino la reforma del ministro de Educación.
Me acuerdo que me maté preparando el examen y justo cambió la ley y después fue por sorteo, y no salí. Encontré lugar en San Patricio y ahí me quedé hasta que egresé en 1989.
A mis compañeros los podría nombrar a todos: Sebastián Sampol, Atilio Killmeate, Federico McCormack, por nombrar algunos.
Si me preguntás si era un buen alumno, yo pienso que sí… Igual la exigencia no era tan fuerte, era un colegio fácil. Hoy en día veo a mis hijos y ellos sudan estudiando”- dice.
Música y literatura
“Mis dos pasiones durante la juventud eran la música y la literatura. Por un lado me dediqué a la literatura, me gustaba mucho escribir. Aunque nunca le estudié el origen. Mi mamá era profesora de castellano, quizás por ese lado.
Siempre fui de leer mucho y escribir. Tengo un libro escrito, pero nunca lo publiqué. Siempre me gustó el humorismo.
Yo escribía en La Ventana, la revista de Fifo Roggero allá por los ’90 y con Hernán Casciari éramos compañeros de redacción. De hecho, siempre estamos en contacto por e-mail. Quizás él tiene demasiadas ocupaciones para charlar conmigo, pero nunca me negó una respuesta.
A mí me gusta bastante la parodia, me gusta el toque absurdo o exagerado de las situaciones Me toque lo que me toque escribir le voy a poner un poco de sutil acidez aunque quizás haga que no se note.
Me ha pasado cuando apareció Facebook, vivía publicando cosas en broma, y después me tuve que empezar a ir puliendo y achicar mis intenciones, porque al ser médico me ven desde otro punto de vista y ya dejaban de tomarme en serio. Si yo ponía algo en broma la gente se lo tomaba en serio – confiesa.
Por ejemplo cosas en broma con respecto a enfermedades no hice nunca. Ese tema no se toca. Al paciente no le gusta el chiste, quiere escuchar la realidad siempre. Fracasan los chistes con los pacientes porque sienten que uno no los toma en serio.
Yo por ejemplo si alguien publicaba que vendía una salamandra, yo decía que vendía el animal, y venían de asociaciones a criticarme…
Hoy en día sigo escribiendo aunque soy de pensar cosas rápidamente y después me olvido. A veces me anoto algo para recordar, pero en general son ideas que terminan siendo olvidadas.
Y mi otra pasión fue la música. Tocar la guitarra era mi principal deseo aunque nunca llegué a tocar demasiado bien. Siempre me dediqué desde muy niño al rock and roll y a jugar con la guitarra eléctrica. Fue mi padre el que me la compró pero él, que era un concertista de piano muy purista, se opuso a mi camino por el rock, quería que tocara música clásica y me impidió formarme como guitarrista como a mí me hubiera gustado.
Sin embargo, cultivé excelentes amistades entre todos los que están en el rock de Mercedes.
Siempre fui muy exigente conmigo mismo. Nunca me vi en la calidad de subirme a un escenario. Pero con todos mis amigos del mundo del rocanrol, en forma casera, he tocado miles de veces… Ahora toco mucho más que antes”- cuenta.
Ser médico
“En 1990 me fui a vivir a Capital Federal y a estudiar Medicina en la UBA. Yo la tenía medio vista de antemano a la carrera, mi padre tenía un pequeño departamento en Buenos Aires, y ahí podía quedarme, en el barrio de Once. Y ahí estudié Medicina como mi viejo, en la UBA. Fue por voluntad mía, no fue impuesto.
No en especialidad, pero en la práctica sí. Será por herencia paterna, lo que uno aprende en la familia es lo que más le queda. Veo más el lado humanitario que el científico. Es un punto de vista de más de 23 años de ejercicio. Terminé recibiéndome el 18 de diciembre de 1997.
Hice Residencia de Anatomía Patológica en el Hospital Fernández, pero no la terminé, y en el 2000 me vine al hospital de Mercedes a probar el trabajo asistencial. En mayo de ese año, junto con la Dra. Amorina Debiase y la Dra. Liliana Miranda empecé en la Guardia del Hospital. Ellas me enseñaron todo lo que hay que saber sobre el trabajo, la verdad que fueron épocas inolvidables.
A fines del 2000 también empecé a trabajar en el Hospital de Navarro, hermoso por su gente en aquellas épocas.
En 2001 me casé, tuve una hija en 2004 y un hijo en 2008. En 2010 me divorcié. Mientras tanto había hecho el posgrado en Clínica Médica a partir de 2005 en el Colegio de Médicos de Luján.
Había renunciado al hospital de Mercedes en 2007. La paga era poca y el trabajo esclavizante.
En Navarro el trabajo era ameno y la paga similar.
En 2008 me embarqué en la Carrera Superior de Emergentología, en la Asociación Médica Argentina (CABA), y la concreté en unos años.
Solo por turismo, me fui a trabajar en diferentes épocas, sin abandonar Mercedes y Navarro, a los hospitales de Giles, San Antonio de Areco, Lobos, Suipacha, Chivilcoy y Alberti. Conocí diferentes poblaciones, diferentes hospitales y sus diferentes formas de afrontar la emergencia. Eso me dio nueva versatilidad dentro de la Emergentología, mi especialidad.
Retomando el 2010, recién divorciado me fui a vivir a Navarro. Allí viví unos años, y seguí emigrando en busca de trabajo por la Ruta 41. Así llegué a General Belgrano donde me nombraron titular en 2013. Hermosa ciudad y gente. Ese mismo año abandoné Navarro; el trabajo no era el mismo y ya había mucha gente que no me trataba bien. Yo era el de afuera. Estuve muy cómodo ahí, fueron 14 años, hasta que las cosas se dieron vuelta. Yo no quisiera ofender a nadie, la gente son los más agradecidos, pero la cuestión gubernamental dentro de Navarro cambió, cambiaron los profesionales, algunos fallecieron, se renovó el plantel y llegó gente que no era de mi agrado y me fui.
Estuve también en el Hospital de Alberti, del cual guardo muchísimos recuerdos.
Mucho respeto por el colega, cosa que no se da en todos lados. Todos los lugares son diferentes, cada pueblo tiene lo suyo. Yo trato de recopilar lo que me quedó de bueno en cada uno.
Luego en 2015 me surgió un nombramiento en un hospital de Río Negro, y allá me fui.
En Río Negro duré muy poco y me enfermé; tuve que sacar licencia y volverme a Mercedes a la casa donde nací. Podés imaginarte semejante derrotero por ciudades y hospitales”.
Destino Castelli
“Me iba a ir a la ciudad de Conesa en Río Negro porque estaba de moda. Ya estaba separado. Me prometieron buenos sueldos, pero al final no fue buena la recepción.
Y me enfermé de angustia, porque estaba lejos de todos. Era invierno. Me dejaron solo, y me agarró una neumonía de lado izquierdo, que por estar al lado del corazón me dio una arritmia con pericarditis.
Entonces me llevaron de urgencia. La mente domina todo… Volví a Mercedes y me recluí en la casa de la 28, la casa paterna. Consulte a Javi Siri con la parte cardiológica, y la parte clínica me la curé yo.
Y estando allí me llamaron de Castelli y me dijeron que estaban formando un nuevo grupo de médicos.
Me dijo que me mandaba un auto a buscarme, para tener una entrevista. Sinceramente el intendente de Castelli, se contactó conmigo y me ofrecía un puesto y vivienda allí. La tierra natal de mi amiga Mónica Bordazahar. Sin dudarlo me fui para Castelli. Y desde el 1 de septiembre de 2015 que estoy acá cuando fui nombrado titular en Hospital de Castelli y anexos, y desde entonces acá sigo. Juré nunca más volver a casarme, y vivo solo disfrutando a mis hijos de tanto en tanto, y tocando mi guitarra, atendiendo en el hospital y en una sala periférica de un pueblito cercano.
Yo feliz y contento solo en mi casa, no quiero que nadie me venga a jorobar ni a mover las cosas de lugar de la cocina. Amistades a montones, pero de la puerta para afuera”.
Mercedes
“Yo amo Mercedes, la llevo en la sangre. Yo me fui más que nada por una cuestión laboral.
En Mercedes se da una extraña condición. Nosotros de cierta forma éramos de afuera, por más que yo nací en Mercedes.
Mucho tiempo estuve trabajando, esperando con todos los papeles firmados para el nombramiento oficial.
Y un día llegó, pero a mí no me lo dieron nunca, no se sabe que pasó. Entonces me fui.
Yo no veía reconocimiento de parte de la gente, entonces me fui a buscar otros horizontes, otras posibilidades.
Si por mi hubiera sido no me hubiera ido nunca de Mercedes, me encanta.
Recuerdo buenos momentos que pasábamos de pibes en el Club Mercedes. Ahí fui toda la vida, a la pileta al lado del parque. Yo no me iba a Mar del Plata, me quedaba en la pileta de Mercedes y era el tipo más feliz del mundo.
Éramos de ir al centro. Nunca fui a la danza, no era tanto de boliches, era más de ir a bares, donde se puede charlar.
Te cuento que en Mercedes también fui fotógrafo analógico (con taller de revelado manual), y también hoy en día colecciono máquinas de coser, en memoria de mi gran amigo Jorge Felipe Aguado, fallecido en 2018, quien me enseñó muchos trucos del oficio. Mirá si no voy a querer a Mercedes.
Por supuesto espero poder quedarme algunos años más acá porque significaría que sigo teniendo trabajo, pero uno nunca sabe cuándo le llega la patada final.
Nunca le digo que no a nada, y de hecho tengo la casa propia en Mercedes.
Podría volver. Pero si vuelvo me quedo sin trabajo y por otro lado a los 50 años empezar de cero es más complicado.
Lo que tiene Castelli, como dijo un médico de acá, que Castelli tiene una posición estratégica porque está al medio entre la costa y capital.
Todo el mundo se para a tomar un café y seguir de viaje. Acá me he cruzado con muchos mercedinos”- concluye.







