“Agradezco el privilegio de haber crecido en Mercedes”

Por Fernando Pachiani

Llegó a EE.UU a través de un  programa de intercambio. Trabajó,  estudió, ejerció la docencia en una escuela bilingüe y formó su familia en el país del norte. Está casada y con un hijo. Hoy reside en Tyler, Texas.

El programa

“Yo vine hace casi 9 años – comienza a contarnos Julia – en octubre del 2014. Empecé un intercambio cultural, donde vos te quedás en la casa de una familia y cuidás a los nenes.

Así empecé. Todos se ríen porque mi hermana también lo hizo después. Yo me vine a Texas, en el medio de la nada, y a ella le tocó Hawái. 

Mamá dice que ellos exportan hijos… (risas)

El programa de intercambio empieza por un año y si la familia quiere, podés renovar otro año. Yo hice eso, y renové un año con la misma familia.

Cuando llegás acá no tenés nada ni a nadie, pero después haces amigos. A mí me gustó mucho la cultura.

Algo que me encanta, que es una espada de doble filo, es que vos podés ser vos y nadie te dice nada: a mí me gustó esa libertad.

Y entonces decidí anotarme en la universidad, que eso implica un cambio de visa, papeles y todo eso. 

La familia me hizo de sponsor económico así que lo pude hacer, me pude quedar.

Y ahí me quedé estudiando dos años

Vine de Argentina al terminar la universidad. Yo soy licenciada en Comunicación, pero, como te decía, aquí el trabajo era cuidar nenes. Tuve suerte y me tocó cuidar una sola, una nena de tres meses tenía cuando comencé. 

Me pagaban 200 dólares a la semana por un horario fijo. Yo trabajaba para una mujer que hacía guardias médicas, entonces a veces los turnos se hacían de 15 horas… 

Pero tenía las vacaciones pagas… Para empezar y para venir acá fue lo mejor porque tenía lugar donde quedarme, un ingreso, un soporte, yo lo recomiendo.

Si uno elige una buena familia con la que se lleva bien, es muy bueno. Para mí fue el principio de mi vida acá en Estados Unidos.

Todavía seguimos hablando con la familia. Como uno vive en la misma casa se hace muy cercano.

Con el idioma no tuve mayores dificultades. En la escuela yo siempre estaba en los niveles más altos. Es algo que la familia siempre nos inculcó, porque a papá lo ayudó mucho en su carrera. 

Así que íbamos a la academia con Ana Morrow y después tomamos un examen internacional. 

Pero fue algo que siempre me gustó: veía las series y las películas en inglés, así que se hizo algo muy rutinario el inglés para mí y en casa también.

Con el tiempo dejé a esa familia que la verdad me apoyó un montón, yo tuve la suerte de seguir trabajando con ellos a pesar de que no vivía después con ellos, me busqué otro trabajo, y pude tener mi propio departamento. De hecho mi mamá se vino para acá a ayudarme con la mudanza. La verdad que tuve mucha suerte: me apoyaron siempre y me dieron soporte”- señala.

Abriéndose camino

“Yo seguía trabajando con ellos y también con otra familia. Estuve en la universidad dos años, y después empecé a trabajar como maestra.

Empecé en 2do grado. Era una escuela bilingüe, hacia las dos partes. Era una escuela de gran necesidad, mucha pobreza. 

Había una alta población afroamericana y otra de hispanos. Había clases monolingües y bilingües. 

Ciertas asignaturas como matemáticas son siempre en inglés y por ejemplo la literatura la tenían en español hasta tercer grado.

Después de 5to grado no tienen más soporte en español.

Pero hoy en día vivimos del sueldo de mi marido y nos alcanza para alquilar. Acá me pude comprar mi propio auto, que en Argentina no puedo ni soñarlo.

Acá todo está más espaciado, y no hay mucho transporte público, así que tenés que tener auto.

Te cuento que no era todo trabajo, en realidad al principio sí porque los primeros dos años nulos, no tenía tiempo, además no conocía tanto, así que me iba al cine. Después ya empecé a salir un poco más pero al que es hoy mi marido nos conocimos online, y también a mis amigas, en couchsurfing que es una web que sirve de conexión para muchos viajeros. Y dije: “si todavía no me han matado quizás tenga suerte”.

Y así conocí a mi marido. Él es de una ciudad a 45 minutos. Después de un año, como para darles un infarto a mis padres, nos fuimos a vivir juntos. Yo les digo que les estoy testeando el corazón… (risas).

Y entonces desde que llegué, estoy acá y nunca me fui, Me gustó. A veces la gente se sorprende porque hablo inglés con muy poco acento.

Mucha gente me ha dicho: menos mal que no pareces mexicana, también hay esa ignorancia.

Mi marido se llama Jack. Él trabaja para un hospital, para la parte de servicios de comida. Nos casamos hace tres años.

La familia pudo ir a la ceremonia pero en el teléfono. Mi cuñado sostenía el teléfono para que hable con mis viejos de Argentina, y mi hermana de Londres.

Como estábamos en plena pandemia no hubo chance de que vengan. Quizás hagamos la ceremonia religiosa más adelante, cuando puedan venir mis papás.

Mauro mi hermano los grabó y estaban todos llorando.

Hoy en día, mis viejos y mi marido se llevan re bien. Lo quieren más que a mí. Hablan de deporte, de lo que van a hacer con Mason, nuestro hijo, cómo lo van a entrenar en el fútbol. Mis papás están contentos. Para ellos es una alegría verme así, con mi vida establecida.

Ahora cambió el orden para ellos: ahora es Mason, Jack y después yo. 

Siempre cuento esta anécdota: cuando llamo por celular, mi papá pregunta más por Mason que por mí… (risas) 

Mercedes se extraña

“Sí, se extraña un montón de cosas. Algo que me shockeó de acá es la distancia personal. Mi papá es más afectivo… Nos mudamos en mayo, y vinieron a conocer la casa a los dos meses.

Son diferencias culturales. Allá nos abrazamos todos, nos besuqueamos. Acá te dan la mano o te dicen hola de lejos. Mis suegros viven acá en la ciudad, y mi cuñada, con sobrinos también. Y nos vemos una vez por mes con suerte.

Allá pasaba mi abuela todo el tiempo a tomar mate. Sí, siempre fuimos muy cercanos, con los abuelos Vázquez de la 22 y con la abuela Esther que ahora está en el centro. Vos pasabas y sabías que había un mate o una charla esperándote…

Un asado de papá, una morcilla que siempre tenía para mí… Esas cosas se extrañan un montón. 

Yo tengo mate acá y lo tomo sola, es una tristeza. Si mi mamá tenía un hueco en el consultorio tomábamos un mate. La evangelicé a una amiga para que tome conmigo. 

Acá ando con el mate y el termo debajo del brazo. Yo lo hago, digan lo que digan. Amazon gracias a Dios me da yerba. Mi cuñado la primera vez pensó que era marihuana: ¿Cómo se fuma esto?- me dijo,

No, no señor, es té. Mi suegra no puede entender cómo tomo el té caliente, porque acá se toma el té frío, más que nada en verano. 

Acá a las 5 ya se empieza a tomar alcohol, algo muy particular, en cualquier época. Pero para mí es la hora del mate. 

Así que sí, extraño y más siendo mamá primeriza, se extraña más… Me encontré una amiga española, y con ella tenemos muchas más coincidencias y tenemos noche de chicas, y hablamos de lo que extrañamos de nuestras propias culturas. 

La necesidad de amigas madres es muy grande a veces. Con mis amigas siempre que puedo me junto.

Pero con mucho dolor digo “yo no puedo volver a la Argentina”.

Igualmente siempre les habló de Mercedes, sobre todo a mi marido, él es muy curioso, hasta a veces buscamos cosas en Google. Ahora los curé de espanto a todos con el mate.

Para el cumple de Mason,  hice empanadas… Ellos no pueden entender que hacés 10 cuadras y estás en la casa de tu abuela.

La disposición de la ciudad… Acá no es nada que ver. Acá el centro es donde está el banco, las oficinas, todo para hacer trámites. y después tenés ciertas áreas de comercio, el shopping.

Pero algo como la ciudad que es Mercedes creo que no han visto nunca en su vida… A mí me encanta ver la catedral, o cosas de ese estilo. 

Los amigos como mi amigo más cercano Nico Pescio, con quien nos seguimos hablando por video llamada y todo. Tengo amigas en Capital… 

Se extraña mucho. Son personas que las conozco del secundario, y pueden pasar dos meses sin hablar, pero cuando hablamos sigue todo igual como si no hubiese pasado el tiempo.

Yo fui al Colegio Parroquial desde sala de 3 hasta terminar el secundario en el Instituto Padre Ansaldo. Y eso es otra cosa que no pueden entender, las relaciones estrechas que se forman en los grupos de compañeros que no sobrepasan los 40.

Mi marido, en cambio, se graduó en el secundario con 600 personas. Esas diferencias… Por eso agradezco el privilegio de crecer en Mercedes

Mercedes es una ciudad en la que me encantó crecer, y siempre llevo un pedacito a donde voy” – concluye

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