“Siempre pienso en volver a Mercedes”
Por Fernando Pachiani
Hace muchos años que se fue de Mercedes. Estudió en La Plata, trabajó de bancario y reside en el barrio de Flores, en Buenos Aires. Es guitarrista y luthier.
Los años en Mercedes
“Yo nací en 1955 en el hospital Dubarry que estaba a una cuadra de mi casa paterna – comienza a contarnos Christian. Mi casa estaba en la calle 35 y 16, una parte de mi vida la viví ahí.
Cuando terminé la secundaria en el Nacional, me fui a La Plata a estudiar y en el 78 me vine a capital por motivos laborales.
Antes iba todos los fines de semana a Mercedes, pero con el paso del tiempo cada vez fueron más espaciados los viajes…
Del barrio de la infancia me acuerdo de todos los vecinos. Había muy pocos chicos para jugar. Y yo vivía en la 35 y 16 pero iba a la casa de mis primos que estaban en la 16 y 47 y ahí me encontraba con todos y los recuerdos que tengo son innumerables. Lo comparo con los chicos de hoy y no tienen una infancia como la que teníamos nosotros… Porque para mí era maravilloso, no existían tantos riesgos, no había tanta inseguridad como ahora, estábamos en grupo, salíamos a la calle…
En ese tiempo la 47 era de tierra, y era el tiempo del barrilete en otoño, por el viento… Después jugábamos a la bolita en las veredas de tierra, hasta la calle 45, después había zanjas y tierra. Íbamos con mis primos, con una cañita, las cañas tomateras, con las que hacíamos los barriletes, y con un hilito y un cacho de carne íbamos a pescar ranas a la zanja. Se llamaba el barrio del sapo. O íbamos a la antigua estación del ferrocarril San Martín, por la 45 entre la 8 y la 6, y ahí parábamos.
Había unos playones grandes de carbonilla, e íbamos a hacer coleadas con la bici, la hacíamos patinar…Fue una infancia maravillosa –recuerda.
Mis amigos de entonces eran todos chicos mayores. El turco Anús, es mayor que yo, y nos encontrábamos ahí, con sus primos los Nicodemo, y a veces íbamos al bosque detrás del hospital, o el bosque chico, hoy lleno de casas, frente al hospital… Ha cambiado tanto Mercedes…
Íbamos a jugar a la fundición, detrás del parque municipal, o al arroyito de oro en el verano. Esas cosas ya no se hacen hoy, creo no sé, porque ahora hace mucho que no voy.
Tengo una hermana que está viviendo en Mercedes, después de vivir varios años en Santiago de Chile, volvió a la casa paterna y está muy contenta.
Yo siempre pienso en algún momento volver a Mercedes” – confiesa.
La primaria la hice en la escuela N 7. Y la secundaria en el Colegio Nacional. Me acuerdo de todos los compañeros. Muchos de mis compañeros de la secundaria, también lo fueron de primaria. Eduardo Lombardi, uno de ellos, fue mi compañero de estudios de veterinaria. Yo después no terminé la carrera, él sí la terminó. Cuando uno aflojaba un poco, el otro le daba ánimos y así seguíamos. En 3er año yo dejé porque estaba trabajando en la Legislatura. Después del golpe de estado no me renovaron porque estaba con los padrones, y como no se votaba… se entiende, ¿no?
Después volví a Mercedes, y por una amiga me enteré que estaban tomando personal en el Banco Provincia, y ahí entré. Me acuerdo de Miguel Piccolomini, ahí quizás lo veo más seguido, porque tenía una quinta cerca de la quinta de mi padre, es defensor. Otro es Julio Zunino, que es abogado, Jorge Cubelli, que también es abogado. Soy promoción 73. Otros compañeros que recuerdo son Jorge Ottolini, que es médico, Silvia Llanos y Miguel Palma, que estuvo un tiempo afuera en Ecuador.
Por eso te digo que Mercedes para mí representa todo. Fijate que un día caminaba por Barcelona, y dije: “siento olor a Mercedes” y era que estaba pasando por una casa que tenía una ligustrina florecida… Y eso me llevó directamente a Mercedes.
Para mí es todo, yo siempre dije cuando me vine a capital que necesitaba volver, necesitaba pastorear, o caminar por las calles de Mercedes, porque cuando uno nace y quiere a su pueblo, para mí no hay nada más lindo que volver”.
Don Luis
“Mi papá fue Luis Arley muy conocido por tener que ver con la técnica de la emisora Oral Música Hogar. En realidad, él hizo los equipos. Yo recuerdo a Oscar Pozzi cuando iba a ver cómo iba el proyecto y las cosas que tenía que comprar…
Mi papá armaba todo, compraba una chapa de aluminio y armaba los chasis donde después construía los equipos, ya sea para radio o para equipos de audio, para escuchar discos… Después que falleció mi padre, después de muchos años entré al taller, y empecé a buscar cosas…
Encontré unos planos de Oral Música Hogar, y me dije los voy a guardar, porque alguien los puede atesorar, y se los obsequié a Oscar en una oportunidad. Mi padre había hecho el diseño, los planos…
Siempre le digo a mi mujer que mi padre estudió solo, es sorprendente. Cuando mi madre queda embarazada de mi hermana, él se quedó leyendo libros de radio y ahí hizo la primera radio y después siguió leyendo, y todo lo que hizo lo hizo solo, fue un gran autodidacta.
Él compraba las resistencias, las perillas, todo y armaba una radio. Yo tengo escritos de él… Era increíble. El dibujaba impresionante, caras humanas… Tengo un recuerdo de chico que tenía una manzana, entonces él con el cuchillo en la manzana tallaba la cabeza de un indio, con unas proporciones de dibujo, y era increíble… Él tenía unos libros de dibujo, pero todo lo hacía solo… La letra que tenía, una prolijidad increíble…
A mí la verdad no me interesaba mucho lo que él hacía…. Son pasiones que uno tiene o no. Me interesaban otras cosas, pero en ese momento hubiese sido interesante que me gustara porque tenía al maestro en casa.
El que iba siempre era Lagiard, que vivía en la calle 35 entre 16 y 18, y con mi padre aprendió radio y vivió de eso. Iba todas las noches o las tardes y aprendió”.
Inclinación por la música
“Sí…yo tuve cierta inclinación por la música. Me gustaba, pero al principio no comenzaba, y mi tía me decía que comer y rascarse es cuestión de empezar…
Entonces cuando comencé no pude dejar. Un día mi mamá me dice: «lo vi a Armando Gervini, y sabes qué lindo que toca la guitarra… ¿Por qué no vas a verlo?» Entonces lo fui a ver, y él me enseñó los primeros pasos, porque él era zapatero de oficio… Tiene un hijo que todavía sigue siendo trompetista del teatro Colón, Hugo Gervini. Empecé y me fue muy fácil, iba muy rápido. Así que después iba a tocar a su casa.
Mi papá me enseñó a solfear y los primeros pasos, conocer las notas… Él cantaba maravillosamente bien. Cuando yo lo escuché fue impresionante. Porque yo lo escuchaba solo en el baño… (risas) Pero cuando lo escuché cantar de verdad me quise morir, se me erizó toda la piel. Yo no heredé esa voz. Como cantante soy un desastre, tengo la melodía en la cabeza pero no la puedo exteriorizar”- señala.
De todas maneras empecé a estudiar formalmente veterinaria tal vez, porque de chico iba al campo y me gustaban los animales…
Hoy quizás hubiese elegido otro camino… Un conservatorio… Yo seguía tocando mientras estudiaba en La Plata.
Me gané una beca allá y estuve estudiando guitarra. Después daba conciertos, toqué mucho en La Plata, en Mercedes… La guitarra me dejó muy lindos recuerdos.
No podía estudiar en el conservatorio porque me llevaba muchas horas, pero yo seguí, y después gané otra beca, hice cursos con distintos guitarristas…
Luego obtengo una beca por la Secretaría de Cultura de la Nación, en Bariloche, y me fui a hacer un curso de un mes.
Después gano una beca de Fundación Antorcha, con Eduardo Isaac, hoy en día somos grandes amigos, y es uno de los guitarristas más grandes del mundo en la actualidad”.
El día que fue Cacho Tirao
“Con Cacho tengo buenos recuerdos… Yo era chico, estaba en 5to año, y estaba organizando un concierto para juntar fondos para ir a Bariloche. Un día me entero que va a tocar a Luján, entonces voy, y me acompaña Julio Zunino, uno de mis compañeros.
Era como una confitería bailable pero hacían café concert.
Llegué temprano, no había nadie, y hablo con un hombre en la barra y me dice que Cacho estaba cenando. Entonces cuando viene me avisa que ya llegó Cacho y me pregunta si lo quiero conocer.
Estaba con el representante y su mujer. Nos ponemos a charlar. Me da una guitarra y me dice: «toca algo». Agarré la guitarra y me puse a tocar. “¡Muy bien! -me dice- veo que estudias mucho”. Y me pregunta si me animo a tocar con él. Y le dije que no. Y Julio, mi amigo, me dice: «anda y decile que sí». Así que voy, y él estaba tocando la segunda parte. Una mujer le pregunta cuántos años tiene, y él responde mira justo ayer cumplí 33 años. Y habla sobre los orígenes de la guitarra, y casualmente esta noche conocí un joven guitarrista de la ciudad de Mercedes, y yo quisiera que como regalo de cumpleaños suba y toque un tema para mí. Así que subí y toqué una pieza. Toqué un preludio de Víctor Villalobos, el Nº 1. La gente me vino a saludar, yo tenía 17 años…
Yo ya había tocado en Mercedes, de joven, desde los 15… Pero Cacho tenía una técnica increíble. Hoy busco otra cosa, pero en ese momento, era increíble como tocaba.
Y al año y medio toca en Suipacha. Yo conocía al dueño, y cuando llego me llama y me dice: «vení que está Cacho». Había corrido la noticia de que había tocado con él.
Me dice: “¿siempre tocas música clásica?” Porque él también tocaba música popular, había tocado con Piazzola. Y él le dice que tiene que tocar como solista.
Y ahí graba su primer disco «Mi guitarra, tú y yo», donde se conocen los mejores temas de Piazzola, interpretados por él como «Adiós Nonino», «Taquito Militar», «Nunca tuvo novio» y otra serie de tangos… Los Mareados».
Me dice: «Yo me di cuenta que tocando música clásica no iba a ningún lado, así que me puse a tocar música popular…» Y entonces a modo de broma me dice: ¿seguís tocando música clásica?
Cacho va al baño y me da la guitarra. Su representante me dice: “¿por qué no te tocas algo?” Y justo entra alguien, y cuando terminé me saluda y me dice: mucho gusto Cacho, y detrás de él, vuelve Cacho del baño y me él mismo dice: “un gusto Cacho, encantado de conocerte”… (risas). Imagínate que alguien que quiere conocer a Cacho le dicen pasá y entra y me ve tocando la guitarra a mí… Se confundió. Ahora yo no sé qué le habrá pasado por la cabeza cuando salió a tocar Cacho y vio que no era yo”…
El luthier
“Esa es otra historia- dice Christian. Estuve 33 años trabajando en el banco, y me jubilé ahí. Tengo una gran amistad con Eduardo Isaac, y siempre tuve en mi cabeza el sonido del instrumento que yo quería, y él había traído una guitarra de Francia, de París, que era lo que yo buscaba, entonces me encarga una guitarra de ese luthier, y había que esperarla un par de años, porque hacen 8 guitarras por año. Cuando al hacer las guitarras participan varias manos, no tienen definición, son muy desparejas. Una sale buena, otra mala, y otra más o menos. Me encarga la guitarra, y después que él la usa, como toca por todo el mundo, el luthier empezó a tener más pedidos, y lo que ocurre es que un instrumento es caro o barato no solo por la calidad sino por la demanda que tenga… Entonces cuando la encargué valía 4 mil dólares, y como era el 1 a 1 no era tanto dinero… Pero después apareció el euro, que estaba por debajo del dólar, después estuvo encima, y lo sigue estando… Entonces mi guitarra valía 16 mil euros. Entonces dije no… Y como siempre me había gustado la luthería, me gustaba el olor a la madera, dije me la voy a hacer yo. Y como ya me había jubilado en el banco…me animé.
Un día viene Isaac y me pide que lo acompañe a buscar una guitarra de Fernando Massa, que hoy está en Italia. Y como él me vio tan entusiasmado, me ayudó. Iba a su taller, y allí me hice mi propia guitarra. Fue todo ensayo-error, y superó mis expectativas. Después hice dos guitarras más. Y la segunda guitarra que terminé es la que hoy usa mi mujer. Mi mujer, Virginia Pagola, es guitarrista y profesora del conservatorio Manuel De Falla.
Hoy sigo dedicándome a la fabricación. Aunque no tengo un tiempo estimado, porque por ejemplo si un día llueve, y hay humedad, y encolas la guitarra, si vas a un clima seco se te raja. Así que yo encolo si tengo el 50 % de humedad. Los días que llueve preparo partes. Compro maderas en bruto, las corto…
Se pueden hacer guitarras con muchísimas maderas… Las más finas para las acústicas es el pino abeto, que puede ser alemán o suizo, el pino engelmanni, se utilizó cuando las tapas de pino alemán no tenían tanta calidad. Red Cedar o cedro rojo, es una madera de Canadá que se usa mucho. También se puede usar Pino Circa. Eso para las tapas. Y para los fondos, lo mejor acústicamente son las Dalbergia, que es lo que llamamos jacarandá o palisandro, que puede ser de la India, de Brasil, de Bahía o Río, pero son más caras porque son maderas protegidas. Si vos golpeas la madera suena como una campana- dice.
En general, las guitarras se hacen de a pares, así que si dejo una para encolar sigo con la otra. Pero en tres meses, trabajando todos los días, haces dos guitarras. Por encargo trabajo. Yo te aviso cuando la tengo lista, y venís y la probas. Si te gusta te la llevas y si no, no pasa nada. Termino otra y la venís a ver… Yo me pongo siempre en el lugar del otro, porque ya he sido comprador de guitarra.
Por supuesto que después todo depende del guitarrista, porque te puedo dar una guitarra excelente y no pasa nada. Hay que trabajar el sonido… A un mismo instrumento distintos guitarristas le sacan distinto sonido, uno le saca más provecho, otros menos…
En general, el guitarrista popular no es sutil en la manera de sacarle el sonido, porque busca otra cosa, en cambio el clásico se le exige tener un buen sonido. Es diferente.
A través del Facebook, me puede escribir, aparezco con mi nombre. Yo trabajo de boca en boca. A veces llevo guitarras para Alemania, o gente que escucha mis guitarras y le gustan… He mandado a Francia, a Madrid… Estoy en la zona norte de Flores, el barrio de capital”.







