“Mercedes fue mi matriz, mi pasión”
Por Fernando Pachiani
Es ingeniero químico vinculado con las nuevas tecnologías. Casado con Lidia Macías, dos hijos. Hoy reside en Berazategui. Hasta tercer año cursó en la escuela Industrial. Recorrió la Argentina como mochilero.
Los años en Mercedes
“Tuve una hermosa experiencia en Mercedes- comienza a contarnos Adrián; ahí tuve mi formación. Pero como me interesaba la Ingeniería Química, por eso me fui a Luján a hacer los últimos tres años de la secundaria.
Los primeros tres años de la secundaria los hice en el Colegio Industrial cuando era directora la Ing. Albertina Marcelli, que era una ídola mía. También tuve como profesor al querido Carlitos Fiorelli quien me hizo amar matemáticas. Sin dudas él fue el que me hizo ingeniero.
Para mí fue un giro porque a mí me gustaba mucho la literatura, la filosofía, y de pronto, que alguien me hablara de matemáticas como si fuese literatura fue todo un hallazgo. En ese momento fue un shock porque veía que a los otros no les pasaba eso…. Lo que aprendí en Mercedes fue determinante, por eso digo que fue mi matriz, es la pasión.
A veces nos saludamos con los compañeros de la promoción 80. Tuve a Marcelo Colotta, Julio Aro… Un grupo maravilloso… La primaria la hice en la Escuela 7, antes en Normal, hice mis amiguitos en el jardín, David San Martín, Loré… Y en la Escuela 7 también estaban Marcelo Colotta, Julio Aro, Sergio Vallejos, todos terminamos en el Industrial.
Del barrio mucho no puedo decir porque me mudé 3 veces en Mercedes. Al principio estuve en la calle 27 entre 32 y 34, al lado de Marcela Echaire.
En aquellos años me gustaba la música, armaba equipos de audio y sonido. Con Darío González, hoy farmacéutico, teníamos nuestra empresa de sonido, de amplificaciones…
A veces para los cumpleaños, o cosas del municipio…Fue una etapa maravillosa.
Además en Mercedes tengo a mis dos hermanas que siguen ahí, Mercedes y Carola, que está casada con Tabossi, y vive en Acceso Sur y mi otra hermana vive en la 29.
Son bien de Mercedes mis dos hermanas… Además tengo a mi otra hermana Raquel pero ella vive en Necochea.
Una de las cosas que extraño de Mercedes, es el Club Mercedes y el Parque. En el Club disfrutaba mucho de mis amigos del barrio y además nadaba, y corría en la pista del Parque.
Era un lugar de reunión, era normal ir al Parque, incluso para las escuelas. Esa es una de las primeras cosas que se me viene a la cabeza. Y ni hablar de los chicos de Blanco, que eran mis vecinos del Parque, uno de ellos es Jorge Blanco, que anda pintando las paredes de Mercedes.
La verdad no voy a Mercedes con la frecuencia que desearía, a veces trato de participar de alguna reunión con los chicos de la promoción. Al que veo más seguido es a uno de mis grandes amigos Eduardo “Queto” Zunino. Con “Queto” hacíamos muchas cosas de chicos también que mejor no contar”… (risas)
Ser mochilero
“Yo estudié mi carrera de ingeniero químico en Buenos Aires en la Universidad Tecnológica. Ya estaba establecido en Buenos Aires, y allí vivía en el Colegio Mayor Universitario San Luis Gonzaga, eran las típicas casas para estudiantes del interior. Volvía a Mercedes con mis amigos del interior pero mayormente terminaba yendo a conocer otros lugares, porque tenía amigos de Ushuaia, de San Luis, de Salta… Me daba una ansiedad por conocer Argentina… Con lo cual empecé a viajar mucho gracias a ellos.
De hecho perdí un semestre de la facultad. A mi papá no le hizo mucha gracia, porque empecé a mitad de año. En el 86 fue. Resulta que me atrasé mucho y mis padres se iban de vacaciones en diciembre, y yo no llegaba. Ellos pensaban que yo estaba estudiando, y ahí cuando llego ellos se enteran que yo estaba viajando. Me engancharon con la mochila en la espalda, sucio… Pero bueno. Los acostumbré a mi forma de ser nómade. Igual estudiaba mientras viajaba, por ahí me sentaba bajo un árbol con lápiz y papel a hacer ejercicios de fisicoquímica. Era medio hippie para estudiar en esa época.
Empecé a viajar porque era un tema, que de más está decir, que me gusta mucho Argentina, y me pasó que tenía un Atlas de Argentina, que a mí me fascinaba y lo veía de chiquito. Siempre me decía. Tengo que conocer esto. Pero veía que estaba muy ocupado mientras estudiaba, que me dije: «si no lo hago ahora después no lo voy a poder hacer, porque voy a estar más ocupado». Pero no fue así. Después trabajando también lo hice.
La totalidad del viaje lo hice solo, pero tuve amigos que me acompañaron a la parte sur y otros a la parte norte.
Lo mío era ir a una ciudad, conocer gente… Fui para conocer, para interiorizarme. Conocí muchas fiestas populares… En ese momento tenía una inquietud muy grande por conocer la gente.
El norte argentino fue lo más fuerte, lo más lindo. La montaña. En Mendoza me pude instalar en el cordón del plata… Fue algo espiritual, no sé cómo decirlo. Una geografía totalmente distinta, una paz en la gente que no la vi en ningún lugar. Para mí fue descubrir el norte, fue descubrir algo que no hubiese podido ni suponer. Una cosa es ver una foto y otra es estar ahí. Eso fue muy fuerte-señala.
Por ejemplo en Salta y Jujuy por ahí me iba a un cerro, al medio del campo… La mayoría eran lugares no transitados. Hacíamos dedo, terminábamos en un lugar, armábamos la carpa y ya. A veces cometíamos errores. Una vez armamos la carpa y después nos dijeron que era el cauce del río… Pero claro, cuando armamos todo no había agua… La ignorancia del hombre de otro territorio, que se cree que todo es como el río del parque…
He tenido todo tipo de experiencias por suerte. Muy hospitalaria la gente. Ir a un lugar, y salir orgulloso de su vida, de su hospitalidad. La gente no tenía cerradura, no solo llave. Era algo raro para nosotros la gente de Buenos Aires.
Y con el tiempo pude volver a esos lugares por trabajo; porque he trabajado mucho en el interior del país. Eso es lo que no me esperaba. Uno de mis trabajos fue armar una red de distribución comercial de tecnología en el interior del país, así que lo pude recorrer. Después estuve trabajando en un proyecto muy grande de fibra óptica así que me la pasé recorriendo muchos kilómetros… También el trabajo me dio esa posibilidad. Y dar charlas sobre tecnología, que es algo que me gusta mucho hacer, me dio la posibilidad de recorrer Argentina. Era algo que me había propuesto de chiquito cuando vi el Atlas, y lo sentía como una urgencia, porque creía que no iba a poder, pero después sucedió.
Así que como mochilero he recorrido desde La Quiaca hasta Ushuaia. Los únicos lugares o provincias que me habían quedado sin tocar, eran Formosa y Catamarca, pero después lo hice por trabajo. Anduve muchísimo. Perdí un año de la facultad y gané un año de vida. En ese momento los chicos no hacían estas cosas”- remarca.
Su estadía en México
“Lo de México para mí es muy fuerte, tuve la suerte de conocer mucho de la cultura mexicana. Al principio sentía vergüenza, porque no tenía idea de cuántas culturas, lenguas, comidas, vestimentas, podían convivir en el mismo país. Fue una linda experiencia. Cada país tiene su grado de simpatía o aversión con el argentino, y hay que ir trabajándolo. Hay países súper hospitalarios que nos aman, por naturaleza, como por ejemplo Colombia o Perú. En Colombia, tengo un hermano que siempre que voy nos comemos un asado, porque tenemos formas parecidas. Con el peruano no, pero es muy fuerte el vínculo. Y con México pensé que me iba a costar adaptarme, porque ya había viajado, pero es distinto vivir ahí. Convivir y trabajar es otra cosa. Fue durísimo al principio.
Estuve 5 años. Residí en la ciudad de México. Ya tenía familia pero ahí estaba solo. Viajaba a Argentina una vez por mes, pero estaba solo. Ahí trabajaba para el grupo Datco, que es una empresa Argentina, varias empresas en verdad, muchas de comunicaciones y otras de informática. Yo atendía desde México, la zona de México, Colombia y Puerto Rico, y además hacía el marketing corporativo de todo el Grupo, porque se fue armando de a poco, pero yo armé la constitución corporativa desde el punto de vista de marketing comunicacional…
Yo viajo a dos o tres exposiciones de tecnología que son típicas en Alemania y en EE.UU. y en base a eso hago el plano anual de todos los proyectos nuevos de tecnología.
Hoy sigo trabajando con ellos, pero ad honorem. Doy charlas en escuelas secundarias sobre ingeniería, tanto en La Matanza como en ciudad de Buenos Aires, pero el objetivo es el mismo: estimular a los estudiantes de escuelas técnicas, para que sigan la carrera de ingeniería. Pero como yo me especialicé en lo que es diseño de productos, todo lo que es inteligencia de productos nuevos y marketing, también estoy dando charlas de eso, en el polo binacional Salto Grande (Arg-Uru).
Un sueño
“Si me preguntas eso es lo que me gustaría volver a hacer a Mercedes. Dar charlas de apoyo. Pero esto ya es personal. Es mi misión personal fomentar el conocimiento de metodologías y tecnologías nuevas…
Siento eso por aquellos profesores que me formaron y aparte porque la docencia siempre estuvo en mi casa muy presente por mi mamá y por mi hermana.
Probablemente es lo que más me gusta, pero para dedicarme completamente a esto es imposible para mí, pero es un sueño que tengo.
Educar, formar o capacitar en tecnología pero con impacto social. Es muy lindo todo esto de la Inteligencia Artificial, y el tema de los equipamientos, pero el impacto social debería ser la métrica con la cual se desarrollan las cosas.
Esa sí es mi gran deuda. De alguna manera cuando hago el diseño de productos,
casi todos los proyectos terminan siendo de impacto social, por más que sean de tecnología, pero yo creo que trabajar no solo en el conocer técnicamente, o en economía sino en conocer y aplicar para algo concreto que impacte socialmente a una comunidad, no digo a un país, a una comunidad, a alguien que sea palpable, esa es mi gran deuda pendiente. Me gustaría hacer algo de este tipo”- concluye.







