Por razones que no es necesario explicar, debí comenzar un paréntesis que esperamos todos sea lo menos prolongado posible. Naturalmente también el deseo de la mejor recuperación en todo sentido de nuestra sociedad. Daniel Colombo, en una edición de ya hace unos años, nos presenta su obra “HISTORIAS que hacen bien”, llena de momentos particulares de la vida que los invito a compartir.

“Nobleza”

Esta es una historia conmovedora, protagonizada por dos de los tenores más famosos del mundo: Plácido Domingo y José Carreras.

La conocida rivalidad existente entre los catalanes y los madrileños: En el ámbito político los primeros luchan por su autonomía en una España dominada por Madrid; en el ámbito futbolístico, los mayores rivales son el Real Madrid y el Barcelona. Pues bien, Plácido Domingo es madrileño y José Carreras, catalán.

En 1984, por cuestiones políticas, Carreras y Domingo se enemistaron.

Siempre muy solicitados en todas partes del mundo, ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en determinado espectáculo si su adversario no era convocado.

Pero en 1987, Carreras conoció un enemigo mucho más implacable que Plácido Domingo: la leucemia. Su lucha contra el cáncer fue sufrida y persistente. Se sometió a varios tratamientos, como el autotransplante de la médula ósea, además de transfusiones de sangre, lo que lo obligaba a viajar una vez por mes a EE.UU.

Como es obvio, no podía trabajar en esas condiciones y, a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y del tratamiento rápidamente debilitaron sus finanzas.

Cuando no tuvo más dinero, se enteró de la existencia de una fundación en Madrid, cuya única finalidad era solventar el tratamiento de leucémicos.

Gracias al apoyo de esa fundación, Carreras pudo continuar su tratamiento, venció la dolencia y volvió a cantar. Luego de cobrar, merecidamente, los altos honorarios que acostumbraba percibir, José Carreras intentó asociarse a esa fundación. Cuando leyó los estatutos, quedó absorto: el fundador, mayor colaborador y presidente de dicha institución era Plácido Domingo.

Descubrió que éste había creado la entidad, en principio, para atenderlo exclusivamente a él y que se había mantenido en el anonimato para no humillarlo.

El instante más conmovedor – programado por Plácido – fue el encuentro de ambos en una de sus presentaciones en Madrid.

En un momento dado, Carreras interrumpió el concierto y humildemente, frente a un público multitudinario, se arrodilló, le pidió disculpas y le agradeció su invalorable ayuda. Plácido lo tomó de las manos y con un fuerte abrazo sellaron el inicio de una gran amistad.

Más tarde, en una entrevista, una periodista le preguntó a Plácido Domingo:

-¿Por qué creó la fundación en un momento en el que, además de beneficiar a un “enemigo”, revivía al único artista capaz de competir con usted..?.

La respuesta de Plácido Domingo fue breve y concluyente:

-Porque una voz como esa no se puede perder.

“Perseverancia”

En su primera audición para la Metro Goldwyn Mayer, Fred Astaire fue evaluado del siguiente modo: “Es ligeramente calvo, no sabe actuar y baila muy poco”. El genial Astaire siempre conservó ese memo sobre la chimenea de su casa en Hollywood.

El profesor de Ludwing Van Beethoven creía que su discípulo no tenía futuro alguno como compositor. Pese a una vida plagada de sufrimientos físicos y morales, años después Beethoven compuso nueve incomparables sinfonías.

Walt Disney fue despedido de un diario por falta de ideas. Y antes de fundar su imperio, quebró cuatro veces.

El notable físico Albert Einstein no habló sino hasta los cuatro años de edad y comenzó a escribir a los siete. Era un alumno de bajas calificaciones, especialmente en física. Su maestro decía que era mentalmente lento y soñador. Cuando quiso ingresar a la escuela politécnica de Zurich, fue rechazado por incapaz.

Luis Pasteur fue un alumno mediocre en la universidad; sus calificaciones lo ubicaban en el decimoquinto lugar entre veintidós alumnos.

Antes de ser publicado en 1970, “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach, fue rechazado por dieciocho editoriales.

A Louise May Alcott, la autora de “Mujercitas”, su familia le pedía que consiguiera trabajo como costurera o ama de llaves.

El padre del escultor Auguste Rodin decía que tenía un hijo idiota, mientras su tío sostenía que no tenía sentido invertir en su educación. Además, fue aplazado tres veces en el examen de inscripción de la Escuela de Bellas Artes. Terminó esculpiendo obras de la talla de “El Pensador”.

De León Tolstoi decían que no tenía capacidad para aprender. Es el autor de la monumental novela GUERRA Y PAZ.

King Camp Gillette soñaba con un osado invento que hacía que los inversores, los ingenieros metalúrgicos y otros expertos lo miraran con desprecio. Todos creían que no había manera de lograr que una navaja fuera lo bastante afilada y lo suficientemente económica económica como para poder desecharla cuando se desafilara. Gillette trabajó cuatro años para producir la primera navaja descartable y tardó otros seis para verla en los estantes de los negocios.

Como decía Henry Ford, el pionero de la industria automotriz: “Tanto si piensas que puedes como que no puedes, estás en lo cierto”.

“Atreverse”

Un rey recibió de obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro domador para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor le comunicó que uno estaba perfectamente adiestrado, mientras que no sabía qué le había sucedido al otro: no se había movido de su rama, por lo que debía alcanzarle el alimento.

El monarca encargó a los miembros de la corte que convocaran a curanderos y sanadores de toda clase. Pero nada sucedió, porque nadie podía lograr que el halcón volara.

Así fue que publicó un edicto entre sus súbditos y, a la mañana siguiente, vio al ave volar ágilmente, entre los jardines del palacio.

-¡Tráiganme al autor del milagro..! – ordenó. Lo buscaron por toda la comarca. Y cuando le presentaron a un campesino, el rey se asombró: – ¿Tú lo hiciste volar..? ¿Cómo lo lograste..? ¿Acaso eres mago..? – le preguntó.

Entre feliz e intimidado, el hombre explicó.

-No fue difícil, Su Alteza, sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se atrevió a volar.

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