“Inesperadamente la ciudad de Buenos Aires se vio azotada por el ataque de un desconocido que, arma en mano, ingresó a distintas casas de vecinos y abusó de varias mujeres. Un modo delictivo desconocido hasta entonces. La vida y mi profesión me pusieron en la tarea de terminar con eso”.
¡Mondragón Rivero…!
“Pasaron ya 51 años desde aquel día de junio de 1969, en que viví una de las experiencias más notables que podría suponer en lo profesional. Bajo el título de “El sátiro de la carcajada”, el periodismo bautizó a Héctor Omar Mondragón Rivero llenando las páginas de la época y yo estuve cerca de todo aquello”.
Ha pasado medio siglo, de manera que no pocas veces he narrado lo que la suerte me reservó al introducirme en una investigación policial. Aquel día llegué a mi trabajo en la Comisaría 45ª, y casi de inmediato debí salir para cubrir oficialmente la aparición del cuerpo de un hombre colgado de un árbol en la avenida General Paz.
En el lugar comprobé la denuncia y tras las diligencias de estilo, planos, fotos, medicina legal y lo que correspondió, envié el cadáver al Hospital Zubizarreta. Ante las primeras evidencias inicié actuaciones calificadas “Averiguación suicidio” ya que no había otras hipótesis en ese momento. Al mediodía se presentó ante mí una joven mujer acompañada de otra de mayor edad y familiar, y allí se comenzó a develar la incógnita.
Le denuncia que deseaban presentar era una exposición por “Paradero”, ya que su esposo taxista no había regresado a su casa aquella noche y eso las preocupaba. Al exhibirme el documento del hombre, noté que la foto me indicaba que se trataba del fallecido hallado esa mañana, lo que fue confirmado por la señora mayor, tía de la denunciante que reconoció el cuerpo en la morgue del hospital.
El relato que me hizo la esposa del occiso dejó en claro que un par de días antes, un desconocido, a la postre Mondragón, había ingresado a su casa sorprendiendo a ella y su esposo y amenazándolos con un arma de fuego. Con buenos modales les dijo que sólo necesitaba comer algo y luego irse porque estaba huyendo de la policía. Esa noche dio comienzo la serie de hechos que conmovieron al país y especialmente a la ciudad de Buenos Aires y de similares características.

Dueño de una personalidad definida por especialistas como de enorme dominio de su entorno, Mondragón Rivero, se hizo preparar comida, bebió algo y charló varias horas con sus rehenes que por otro lado, creyeron en lo que el hombre les dijo. Siempre a decir de la mujer, el desconocido entrada la noche, se dijo agotado y encerró a su esposo en una habitación contigua, advirtiéndole que no se moviera de allí. Al quedar a solas con la joven, la abusó y a la madrugada le indicó que volviese a la habitación de su pareja. Tras las horas y no oyendo nada, vieron que el maleante se había ido y llevado algunas joyas y algo de dinero. Pasado todo el día de trabajo, el hombre interrogó a su mujer sobre qué había pasado cuando estuvo a solas y si había tenido relaciones sexuales con el delincuente. La negativa no se pudo sostener y la verdad apareció y puso claridad sobre lo ocurrido. Alterado emocionalmente, el hombre habría tomado la fatal decisión.
A partir de eso, tuve la responsabilidad de participar del grupo que debió investigar el hecho, que con características similares, se repitió por más de una veintena de veces, casi todos en la misma zona geográfica de Bs. As. Trabajamos mucho y recibimos la respuesta de la sociedad alarmada que denunciaba constantemente la presencia de gente sospechosa en todos lados. Finalmente, tuve también el privilegio de dar con el delincuente en la esquina de Nazca y Jonte, siguiendo una pista aportada por un vecino.
Todo lo que siguió es solo anecdótico y me llenó de satisfacción, además del reconocimiento que me otorgó la institución. Luego pasó algo especial cuando ya no estaba en actividad en la Federal. Una llamada que recibí de parte de un famoso escritor me proponía reunirme para contar la historia de Mondragón y presentarla en forma de novela. Tuve varios encuentros hasta que la misma tomó cuerpo y se publicó como “Es sátiro de la carcajada” y la autoría de Dalmiro Sáenz. El libro en el último párrafo da por tierra con el personaje de ficción y cambia su nombre por el mío propio, gentileza que me llenó de orgullo. Vale la pena aclarar que la literatura no ha tenido en cuenta la realidad y lo que se refleja no se ajusta a ella.

Pasaron años hasta que el escritor llegó a nuestra ciudad para presentar una de sus obras en nuestra “Fiesta del Libro” y allí tuve la oportunidad de conocerlo. Con un ejemplar me acerqué a Dalmiro y me presenté. Él, generosamente dejó de firmar las entregas y tomándome del brazo hizo un aparte para dedicarme unos minutos. Ese ejemplar del libro, tiene desde entonces la dedicatoria de su autor, Dalmiro Sáenz. “A Héctor el verdadero captor del Sátiro con mucho cariño” 20 de agosto de 2005 y su firma. Luego también participé de un episodio del programa de T.V., “Departamento de Policía”, que condujo el periodista Carlos Juvenal abordando el tema desde el sitio en que produje la detención del “Sátiro de la Carcajada”.
Mondragón Rivero, fue sentenciado a cumplir 25 años de prisión con la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Parte de esa condena impuesta la cumplió en la Unidad 9, Prisión Regional del Sur en Neuquén.
Antes de mi encuentro con Dalmiro Sáenz, tuve la curiosidad de saber qué había sido de la vida de Mondragón Rivero e hice una llamada a la penitenciaría, obteniendo la autorización de visitar al reo, pero no pude concretarla finalmente.
Sin duda alguna, fue una experiencia irrepetible a nivel profesional y pese a los años transcurridos, se sigue hablando periodísticamente de aquellos hechos importantes en la historia del delito en nuestro país.






